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Garcilaso en New York
A Mr. A. Huntington
¿Cuándo vino de España aquella carabela que
trajo, con esta pequeña joya de libro, seco y manchado hoy, la carga infinita de belleza?
Aquí, bajo este árbol preñado de verdura, Garcilaso que ¿desde cuándo? estaba
sentado esperándome está conmigo, es decir, en mí, mirando con mis propios ojos,
en el cielo aún, la primavera nueva, que parece luz levantada con el cristal de su libro,
o dilatada imagen de su mirar que vio a abril en Toledo. Sí. En ningún libro, en cuadro
alguno, en ninguna insinuación de aquí hay una frescura, un verdor, una suavidad, un
rumor, una trasparencia más igual a la de esta primavera que en estos once versos de
Garcilaso, que yo digo en voz alta
... Leyéndolos yo, cada verso, doncella o
doncel desnudos, con toda la hermosura tierna de abril, ha dejado, corriendo al mar por
cada calle, verdes, inesperadas y alegres las once avenidas de New York
¡Sí! ¡Yo he sido! ¡Yo he sido! ¡Yo he
sido!
Pero los policías sonríen.
(Texto tomado de: Diario de un
poeta recién casado [1916]. Ed. de Michael P. Predmore Madrid: Cátedra, 1998, pp.
184-185.)
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