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500 años de Garcilaso

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RAZONES DE UNA EXPOSICIÓN


«Obras de Garcilaso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera», Sevilla: Alonso de la Barrera, 1580 A falta de documento preciso que despeje las dudas sobre la fecha exacta de nacimiento, el año de 1501 es por el que ha optado la mayor parte de los investigadores sobre Garcilaso de la Vega. Deducida de la biografía que Fernando de Herrera incorporó a las Obras de Garci Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera (Sevilla: Alonso de la Barrera, 1580, pp. 13-18) ha pugnado con otras fechas: la de 1498, fundamentada en la declaración efectuada en Burgos el 11 de septiembre de 1523 por Pedro Abrera, donde afirma que Garcilaso tiene unos veinticinco años y defendida recientemente por José Luis Pérez López con nuevos argumentos.

Eustaquio Fernández de Navarrete defiende la de 1503, en su biografía del poeta (Vida del célebre poeta Garcilaso de la Vega, Madrid: 1850, Colección de documentos inéditos para la historia de España, n.º XVI). La primera de todas es la que ha tenido mayor fortuna, sugerida, además, por persona que conoció al yerno del poeta. De esta fecha, que ha quedado como la posible de nacimiento de Garcilaso de la Vega, «príncipe de los poetas españoles» (Fernando de Herrera), se conmemora en este año de 2001 el quinto centenario. He aquí la razón primera de esta exposición virtual que el Instituto Cervantes dedica al poeta en cuyas composiciones, ahora en palabras de Pedro Salinas, «nace el gran lenguaje de amor castellano». Esta circunstancia, que debía ser de celebración, se ha visto empañada por el fallecimiento en los primeros días del año de don Rafael Lapesa, catedrático, historiador de la lengua, académico y, en lo que se refiere a Garcilaso de la Vega, uno de sus mejores estudiosos: a él debemos en buena parte la comprensión moderna de la poesía de Garcilaso gracias a un libro ya clásico: La trayectoria poética de Garcilaso. Queden pues unidas a través de esta exposición virtual las figuras de creador e investigador, de Garcilaso de la Vega y Rafael Lapesa, a quien se la dedicamos como homenaje de recuerdo y admiración.

 

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UNA FAMILIA ILUSTRE

Torre medieval del castillo de BatresGarcilaso de la Vega nace en el seno de una familia ilustre tanto en el aspecto político como en el literario. Por parte del padre, destacado miembro de la corte de los Reyes Católicos, la familia entroncaba con el Marqués de Santillana y, por parte de la madre, con Fernán Pérez de Guzmán, de donde procede el señorío de Batres, que heredará finalmente el sobrino homónimo de nuestro poeta. Garcilaso es el tercero de los hijos habidos del matrimonio entre Garcilaso de la Vega y doña Sancha de Guzmán: Leonor, que casará con el conde de Palma, don Luis de Puertocarrero; Pedro Laso de la Vega (mayorazgo), Garcilaso, Fernando (soldado que morirá víctima de la peste en 1528 durante el asedio francés a Nápoles, como nuestro poeta evoca en el soneto XVI); Francisco (canónigo en la catedral de Badajoz), Gonzalo (profesor en Salamanca) y Juana (que profesaría en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo). Su infancia discurrió en los lugares pertenecientes a la familia (Cuerva, Batres, Los Arcos), pero fundamentalmente en Toledo, donde recibiría la educación habitual para un segundón de familia ilustre: tendría un tutor (acaso Pedro Mártir de Anglería), estudiaría idiomas (latín, griego, acaso francés e italiano), música y todos aquellos elementos imprescindibles para la vida cortesana de la época.

 

Subir EL PRIMER AMOR

«Carta de donación y mejoría que hizo y otorgó la muy magnífica señora doña Guiomar Carrillo al señor don Lorenzo Suárez de Figueroa, su hijo. Año de 1537», pág. 3El testamento de Garcilaso, otorgado en Barcelona en julio de 1529, incluye una referencia enigmática hasta hace muy poco tiempo: entre sus últimas voluntades Garcilaso dispone que «Don Lorenzo, mi hijo, sea sustentado en alguna buena universidad y aprenda ciencias de humanidad hasta que sepa bien en esta facultad, y después, si tuviere inclinación a ser clérigo, estudie cánones, y si no, dése a las leyes y siempre sea sustentado hasta que tenga alguna cosa de suyo». Se trata de un hijo de Garcilaso habido fuera de su matrimonio del que poco más se sabe. Un documento histórico, exhumado por María del Carmen Vaquero Serrano en 1998, procedente del archivo particular de D. José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala, conde de Cedillo, ha proporcionado nueva luz sobre ese hijo del poeta toledano. Se trata de la Carta de donación y mejoría que hizo y otorgó la muy magnífica señora doña Guiomar Carrillo al señor don Lorenzo Suárez de Figueroa, su hijo. Año de 1537. Allí se dice: «[…] Sepan cuantos esta carta de donación y mejora vieren cómo yo, doña Guiomar Carrillo, hija de los muy magníficos señores Hernando de Ribadeneira y doña Teresa, su mujer, difuntos, que sean en gloria, vecinos de la ciudad de Toledo, digo que por cuanto que yo, siendo como era mujer libre y no desposada ni casada ni monja, ni persona de orden ni religión, tuve amistad del muy magnífico caballero Garcilaso de la Vega, hijo de los muy magníficos señores don Garcilaso de la Vega, comendador mayor de León, y doña Sancha de Guzmán, ya difuntos, que hayan gloria, vecinos asimismo que fueron de esta ciudad. Entre mí y el dicho Garcilaso hubo amistad y cópula carnal mucho tiempo, de la cual cópula carnal yo me empreñé del dicho señor Garcilaso, y parí a don Lorenzo Suárez de Figueroa, hijo del dicho señor Garcilaso y mío; siendo asimismo el dicho señor Garcilaso hombre mancebo y suelto, sin ser desposado ni casado al dicho tiempo y sazón». El documento no puede ser más esclarecedor: se trata de una relación amorosa anterior al matrimonio de Garcilaso con doña Elena de Zúñiga (agosto de 1525), duró mucho tiempo y, al menos desde la perspectiva de doña Guiomar Carrillo, fue muy intensa: «[…] por el mucho amor que yo tuve al dicho Garcilaso». Las implicaciones de este hallazgo documental pueden ser importantes: muy probablemente algunos de los versos garcilasianos no tienen su origen en la figura de Isabel Freyre, sino en este primer amor, acaso reflejado confusamente, en opinión de Bienvenido Morros, en la Canción III.


 


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