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500 años de Garcilaso

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Por Elías L. Rivers


Rafael Lapesa, «La trayectoria poética de Garcilaso», Madrid, Revista de Occidente, 1968, 2.ª ed.Hace más de 50 años salió la primera edición de La trayectoria poética de Garcilaso (Madrid: Revista de Occidente, 1948), el estudio magistral de Rafael Lapesa; en este libro el gran poeta renacentista de España encontró por fin a su lector ideal. Como lo insinúa el título, es un estudio diacrónico de la composición de los distintos poemas de Garcilaso; anteriormente la lectura de Garcilaso, basada en sus raíces clásicas e italianas, había sido más bien sincrónica. La raíz hispánica cancioneril, hasta entonces ignorada, es precisamente lo que Lapesa se propuso estudiar antes que nada. En su libro llegó un lector particularmente sensible al proceso histórico de la formación del poeta.

Para reconstruir este proceso Lapesa tuvo que empezar estableciendo objetivamente la fecha de cada poema. Reconociendo la imposibilidad de fechar doce de los sonetos, nos da una cronología, precisa o aproximada, de los poemas restantes, y en esta cronología se basan los tres capítulos principales del libro: I. La raíz hispánica, II. La asimilación del arte nuevo, y III. La plenitud. El primer capítulo es el que está más repleto de descubrimientos, de modelos no anotados por el Brocense y Herrera: no sólo poetas castellanos del siglo XV sino sobre todo Ausiàs March, el gran poeta de Valencia. La asimilación implica conflicto entre dos artes de amar, y «Garcilaso encontró en Petrarca y Ausiàs March mentores que lo guiaran en la expresión de su lucha interior» (72). Los tres capítulos de Lapesa no representan tres etapas cerradas sino un proceso dialéctico de conflictos, de transiciones y de acumulaciones: rasgos cancioneriles aparecen en algunos sonetos petrarquistas, se encuentra a menudo la combinación italiana de petrarquismo y clasicismo, y reaparecen vagos ecos de Ausiàs March incluso en la Elegía II. Lapesa no hace separación entre el poeta y su poesía: en el proceso mismo de composición poética se funden la persona y su escritura. La trayectoria poética de Garcilaso, al mismo tiempo que estructuralmente es un estudio de intertextualidades, humanamente es la historia del desarrollo de una personalidad literaria, de cómo Garcilaso va aprendiendo a elaborar sus lecturas convirtiéndolas en poesía propia.

Rafael Lapesa, «Garcilaso: Estudios completos», Madrid, Istmo, 1985No se detuvo en el año 1948 la actividad de don Rafael como lector de Garcilaso; siguió haciendo valiosos estudios y tomando nota de nuevos datos e interpretaciones. Finalmente, en 1985, publicó lo que, con la desgracia de su muerte en el año 2001, quedará siendo la edición definitiva de su Garcilaso: Estudios completos, la cual contiene una edición corregida y aumentada de La trayectoria poética de Garcilaso. Se le agrega un nuevo Apéndice III (199-210), en el cual examina (9) «cuestiones polémicas ante las cuales era ineludible tomar postura». Estas cuestiones tienen que ver, en gran parte, con la relación entre la poesía y la realidad humana de Garcilaso. También se aporta una importante sugerencia lexicográfica para resolver el problema textual más discutido de toda la obra garcilasiana: el problema de la ninfa «degollada» de la Égloga III. Lapesa (de acuerdo con otros estudiosos) demuestra que «degollada» no quería decir única y exclusivamente «decapitada», sino «herida en la garganta». Debemos suponer, entonces, que Garcilaso escribió en primer lugar esta palabra. Pero existe en una fidedigna tradición manuscrita otra lectura, «ygualada», con i griega. Esta lectura más difícil, defendida como auténtica por el Brocense y por Alberto Blecua, es sin embargo para Lapesa «absurda» (209), y al mismo tiempo es fácilmente subsanable para un humanista: tenía que ser una errata por «yugulada», latinismo o italianismo evidente.


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Además de este apéndice de La trayectoria, el nuevo volumen publicado en 1985 contiene dos estudios independientes que son también importantes para nuestra lectura de Garcilaso. «Poesía de cancionero y poesía italianizante», publicado primero en 1962, nos explica la interpenetración, durante todo el Siglo de Oro, de las dos tradiciones matrices de Boscán y Garcilaso. Estudiando ejemplos tomados de Cetina y de Castillejo, de Jorge Manrique y de sonetistas del siglo
XVI y de Lope de Vega, Lapesa (225, 238) afirma que «A pesar de que las divergencias nunca se borraron por completo, el intercambio entre las dos artes fue constante». Así es cómo, con mentalidad no excluyente sino comprensiva, don Rafael deconstruye, con una sutileza digna de los post-estructuralistas, la canónica oposición binaria entre poesía octosilábica y poesía endecasilábica.

El otro estudio, titulado «El cultismo semántico en la poesía de Garcilaso» y publicado por primera vez en 1972, se dedica a una cuestión lexicográfica de gran importancia para el lector de Garcilaso: el cultismo semántico, o sea de significado y no de significante, es a menudo tan sutil que no nos llama para nada la atención. Muchos lectores descuidados ni habíamos entendido que este poeta introducía a una palabra corriente española un sentido latinizante o italianizante. Este estudio magistral, extendido más tarde a la poesía de Fray Luis de León, es mucho más que una seca lista de palabras: es una lección sobre cómo hemos de leer los sintagmas de Garcilaso, estando atentos siempre a una combinación extraña de palabras familiares que apunta a un subtexto latino o italiano. Así Lapesa nos hace pensar en cómo funcionaba la mentalidad de un poeta renacentista, suspendida («diversa») entre palabras españolas y sus cognados latinos al ir redactando un texto diglósico, de doble filo. Al nivel de la palabra, esto es lo que significaba en el fondo la imitatio renacentista.

Así de enorme es la deuda que con Lapesa tenemos Garcilaso y sus lectores.

 


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