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La voz de José García Nieto, bella y sonora, empezó a escucharse en España hacia
1940 y su resonancia fue extendiéndose a todos los países de habla hispana, a medida que
aumentaba el número de lectores, tanto de su poesía de clásica estructura, como de su
prosa docta y serena, pues fue además de gran poeta, maestro del ensayo literario.
En la década de los años 40 a 50,
cuando España sangraba todavía por las duras consecuencias de la guerra civil, se
destacaron dos poetas, asturiano el uno, el otro andaluz. José García Nieto (1914) y
Luis Rosales (1910), recogieron la herencia de Garcilaso y dice Federico Carlos Sáinz de
Robles que «en ninguna época de la historia de la poesía española se llegó a tanta
perfección formal».
José García Nieto fundó en 1940
la revista Garcilaso, que fue órgano de la que era entonces «la juventud
creadora» española. El influjo de esta publicación traspasó las fronteras, cruzó el
mar y sirvió de guía a la que hoy se conoce en Colombia como la «Generación del Medio
Siglo», es decir los autores de libros editados en esa misma década.
García Nieto evolucionó hacía una
poesía de corte eminentemente popular, en tanto que Rosales se aventuró hacia un
superrealismo complicado, que tuvo que abandonar más tarde. Ahora, cuando José García
Nieto abandonó su envoltura vital, deja una herencia literaria cuyo valor sigue creciendo
con el tiempo y se ahonda en la memoria.
Recogió en la revista Garcilaso
la producción de la Generación del 40 español. Dirigió también la revista Acanto
y fue la suya una trayectoria de sesenta años dedicados a la poesía, la crítica, la
dramaturgia y la cátedra. De sus obras poéticas son las más conocidas en Colombia las
iniciales como Víspera hacia ti, Tú y yo sobre la tierra, Del campo y
la soledad y sus extraordinarios ensayos, como el dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer.
Sus clásicos y perfectos sonetos, los poemas de Tregua, su Poema del Otoño,
son referencia indispensable en esta hora, cuando los poetas colombianos nos inclinamos
reverentes ante su tumba. |