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Gabriel García Márquez

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El tiempo en García Márquez

«En aquella época todo el mundo era joven. Pero había algo peor: a pesar de nuestra juventud inverosímil, siempre encontrábamos a otros que eran más jóvenes que nosotros, y eso nos causaba una sensación de peligro y una urgencia de terminar las cosas que no nos dejaba disfrutar con calma de nuestra bien ganada juventud. Las generaciones se empujaban unas a otras, sobre todo entre los poetas y los criminales, y apenas si había uno acabado de hacer algo cuando ya se perfilaba alguien para hacerlo mejor. A veces me encuentro por casualidad con alguna fotografía de aquellos tiempos y no puedo reprimir un estremecimiento de lástima, porque no me parece que en realidad los retratados fuéramos nosotros, sino que fuéramos los hijos de nosotros mismos.»

Gabriel García Márquez. «Bogotá 1947», en Notas de
Prensa, 1980-1984
, Madrid: Mondadori, 1991, p. 171.

«—Anoche soñé que estaba esperando una carta —dijo la abuela. Eréndira, que nunca hablaba si no era por motivos ineludibles, preguntó:
—¿Qué día era en el sueño?
—Jueves.
—Entonces era una carta con malas noticias —dijo Eréndira— pero no llegará nunca.»

 Gabriel García Márquez. La increíble y triste historia
de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada
,
Madrid: Mondadori,1987, pp. 87-88.


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Acerca del tiempo en García Márquez

«Se diría, pues, que el tiempo es la materia significante del relato: en primer lugar, todo el tiempo ha transcurrido, y en este libro del tiempo pasado el futuro anticipado abre una nueva inserción (...) Lo temporal está hecho de representaciones que lo naturalizan. Lo vemos en los calendarios y en las cronologías, pero también en la causalidad de lo sucedáneo y en el árbol de la descendencia, la genealogía (...) si el tiempo cíclico abre los lugares del espectáculo, como un significante que ensaya distintos significados en diferentes contextos, ¿qué ocurre con el tiempo lineal, el cronológico? Sobre estas dos líneas está armado el relato, sobre la vuelta (el ritmo, la repetición) y sobre la disolución (el progreso, el deterioro). Ocurre que el relato hace encarnar, literalmente, al tiempo en el linaje: la temporalidad es aquí, como en las Crónicas bíblicas, la genealogía.»

Julio Ortega. «La risa de la tribu» en Nueva Revista
de Filología Hispánica
, 2, XXXIII, México (1984),
p. 406 y 408 (sobre Cien años de soledad).

«La muerte se vuelve estacionaria, pero los muertos envejecen. Mientras para los vivos sus días se van tornando iguales y los habitantes caen en una amnesia del tiempo, en una juventud sin muerte, los muertos viven la soledad y el aburrimiento existenciales y retornan a la vida para encontrar compañía.»

Óscar Sambrano Urdaneta y Domingo Miliano. «Gabriel García Márquez. Cien años de soledad» en Literatura hispanoamericana II,
Caracas: Monte Ávila Editories, 1994. p. 437.

 
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