«Aun en las pausas del amor permanecían
desnudos con las ventanas abiertas (...) Cuando los padres de Nena Daconte regresaron a la
casa, ellos habían progresado tanto en el amor que ya no les alcanzaba el mundo para otra
cosa, y lo hacían a cualquier hora y en cualquier parte, tratando de inventarlo otra vez
cada vez que lo hacían...»
Gabriel García Márquez. «El
rastro de tu sangre en la nieve»,
en Doce cuentos peregrinos, Madrid: Mondadori, 1992, p. 223
«...Ludovico, el gran señor de las artes y de la
guerra, que había construido aquel castillo de su desgracia, y de quien Miguel nos habló
durante todo el almuerzo. Nos habló de su poder inmenso, de su amor contrariado y de su
muerte espantosa. Nos contó cómo fue que en un instante de locura del corazón había
apuñalado a su dama en el lecho donde acababan de amarse...»
Gabriel García Márquez.
«Espantos de agosto»,
en Doce cuentos peregrinos, Madrid: Mondadori, 1992, p. 130.
Acerca de la muerte en García Márquez
«El acto sexual, entendido básicamente como una
necesidad biológica, y en el caso de los Buendía también genética, desprovisto de
connotaciones amorosas y espirituales, origina un deleite irresistible pero a la vez una
soledad espantosa, soledad que lamentan y soportan los magníficos ejemplares
sexuales de esta distinguida estirpe. Los hombres y mujeres Buendía, seres solitarios,
encerrados en sí mismos y volcados forzosamente hacia los otros de su misma sangre,
están marcados por un sino trágico. No pueden modificar el rumbo de sus vidas. Como los
héroes míticos, no cuentan con la capacidad de torcer sus destinos.»
Yolanda González
Fernández-Pacheco, en Quinientos años de soledad, Actas del Congreso Gabriel García
Márquez, Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1992.
«Opuesta a la representación de Ángela Vicario aparece
María Alejandrina Cervantes, quien marginada socialmente como prostituta, simboliza una
representación positiva de la satisfacción erótica. Manipulando al narrador, García
Márquez humaniza la prostitución y enaltece la necesidad erótica.»
Isabel R. Vergara. «GGM:
desautorizando al padre y centrando el erotismo femenino» en Anthropos, 187,
Barcelona, 1999, p. 63.