«(...) mi abuela me contaba de
niño la leyenda de una marquesita de doce años cuya cabellera le arrastraba como una
cola de novia, que había muerto del mal de rabia por el mordisco de un perro, y era
venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos milagros. La idea de que esa tumba
pudiera ser la suya fue mi noticia de aquel día, y el origen de este libro.»
Gabriel García Márquez, prólogo
a Del amor y otros demonios,
Barcelona: Mondadori, 1994, p. 13.
«(...) cuando el caballero abrió los ojos, estaba en una
pieza del hospital (...) Tomó el periódico distraídamente y leyó: Cali
abril 18. Hoy, en las horas de la mañana, un desconocido se arrojó por la
ventana de su apartamento (...) Parece que la determinación se debió a la excitación
nerviosa producida por el alcohol (...). El caballero se reconoció en la noticia,
pero se sentía ahora demasiado tranquilo, demasiado sereno, para preocuparse por la
pesadilla del día anterior. Dio vuelta a la página y siguió leyendo (...) Cali
abril 18. Una extraordinaria sorpresa tuvieron en el día de hoy los
habitantes de la capital del Valle del Cauca, al observar en las calles centrales de la
ciudad la presencia de centenares de pescaditos plateados, de cerca de dos pulgadas de
longitud, que aparecieron regados por todas partes.»
Gabriel García Márquez. «Una
equivocación inexplicable»,
en Obra periodística. Vol. I. Textos costeños, edic.
de Jacques Gilard, Barcelona: Bruguera, 1981, p. 263.
Acerca de la irrealidad en García
Márquez
«La oposición fundamental en el propio estilo la
hallamos no en el conflicto realidad/irrealidad (o imaginación), sino en oposición entre
la realidad y su exageración.»
Joaquín Marco. «Gabriel García
Márquez», en Literatura Hispanoamericana. Del Modernismo a nuestros días,
Madrid: Espasa Calpe, 1987, p. 350.
«El arrollador éxito de Cien años de soledad
tuvo motivaciones opuestas en América Latina y en Europa. Nosotros quedamos fascinados
por la posibilidad de fugarnos a un luminoso mundo de ensueño; y también nos gustó
creer que ese mundo era fruto de la desenfrenada fantasía de un autor genial: el lector
latinoamericano, en cambio, sabía que no son fruto de la fantasía de un novelista las
antiguas ciudades coloniales de la sierra (...) sabía que efectivamente la hierba
crece a ojos vista, hasta el punto de que casi se oye el ruido que hace (...)
Sabía que los árboles genealógicos son retorcidos como los mangles, cuyas ramas, en un
mar de fango conquistado al océano, se tienden para transformarse en raices. A los ojos
del lector coterráneo, nada de lo que Márquez escribía podía considerarse original. (...)
y su palabra, más que escrita (pensada en calidad de tal), es, sencillamente, transcrita:
es una palabra que mantiene el calor de la voz que relata.»
Francesco Varanini. «De la
tradición popular al Nescafé o sobre
la rendición de Gabriel García Márquez a los modelos de la novela
europea», en Viaje literario por América Latina,
Barcelona: El Acantilado, 2000, pp. 45-47.