«Llegaron a conocerse tanto
mientras se le soldaban los huesos de la mano, que él mismo se asombró de la fluidez con
que ocurrió el amor cuando ella lo llevó a su cama de doncella una tarde de lluvias en
que se quedaron solos en la casa (...)»
Gabriel García Márquez. «El
rastro de tu sangre en la nieve»,
en Doce cuentos peregrinos, Madrid: Mondadori, 1992, p. 223.
«...mi madre (...) pensaba que no
había hijas mejor educadas. Son perfectas le oía decir con frecuencia.
Cualquier hombre será feliz con ellas, porque han sido criadas para sufrir.»
Gabriel García Márquez. Crónica
de una muerte anunciada,
Madrid: Mondadori España, 1987, 3.º ed., p. 36.
«El amor es una enfermedad del
hígado tan contagiosa como el suicidio, que es una de sus complicaciones mortales. Sin
embargo, ambas han sido convenientemente dignificadas, elevadas a una categoría
sentimental, acaso por la imposibilidad de la ciencia para elaborar una terapéutica
apropiada.»
Gabriel García Márquez. Obra
periodística. Vol. I. Textos costeños,
edic. de Jacques Gilard, Barcelona: Bruguera, 1981, p. 113.
Acerca del amor en García
Márquez
«...historia de un amor rechazado que sobrevive
al tiempo y al olvido y que se reanuda y completa ya casi en la vejez, es el germen del
que brotará en El amor en los tiempos del cólera. Así pues, en Crónica de
una muerte anunciada se contiene también el anuncio de otra crónica, esta vez de un
amor. Pero no de un amor cualquiera, de un sentimiento epidérmico, trivial y perecedero,
sino de un amor que vence al tiempo, que sobrevive al paso de los años e incluso a la
muerte (...) En realidad nos hallamos ante una nueva versión, enriquecida y agigantada,
del omnia vincit amor de Virgilio (Buc., X, 69), mezclada con el topos
del amor que triunfa sobre la muerte.»
Ricardo Senabre. «García
Márquez: Crónica de un amor anunciado»,
en Quinientos años de soledad. Actas del Congreso Gabriel García
Márquez, Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1997, p. 130.
«El amor en las novelas de García Márquez es
un lugar de desorden, que se sitúa fuera del control racional. Por esta razón es el
blanco principal del control social. Una y otra vez, en donde el amor disuelve las
estructuras de la organización, se llega solamente a recapturarla por un deseo incestuoso
o de alguna forma improductiva, mediante imágenes fatalistas o entrópicas, o mediante
rituales de nostalgia»
William Rowe. «Gabriel García
Márquez, la máquina de la Historia»,
en Quimera, 14-15, edición latinoamericana,
Bogotá (febrero-abril 1992), pp. 12-20.