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Este señor con cara de sueño al que su
padre intentó hacer jurista mientras él trataba de convertirse en periodista ha
resultado ser el gran referente de la literatura colombiana y mucho más. Toda la segunda
parte del siglo veinte ha estado atenta, como lo está ahora al inicio del veintiuno, a la
contemplación del mundo a través de las ventanas que este escritor que no llegó a
ser abogado abrió para enseñarnos las casas de Aracataca, Barranquilla o Bogotá. Cuando Gabriel García Márquez termina sus estudios en el
Colegio Nacional de Zipaquirá en 1946, tras haber conseguido una beca en Bogotá, ya
había dado los primeros pasos para que sus frases integraran el manuscrito antológico de
las futuras letras hispánicas: fundó una revista que se llamó Literatura y leyó
durante el internado todo lo que caía frente a sus ojos. Con ese capital básico comenzó
a clarear su vocación de periodista y después, de escritor. Al volver con su madre a
Aracataca en 1952 supo que debía escribir sobre aquella casa y ese pueblo donde aún
transitaban todos los fantasmas de su primera vida. En ella aún le cubría la sombra
inmensa del coronel Nicolás Márquez, el abuelo que le mostró los caminos que sin magia
ni alquimia, aunque sí con otras artes, le conducirían hasta Macondo.
Antes de que los
futuros recapacitaran, anduvo matriculado en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas
de Bogotá, aprovechando aquel tiempo, entre otras cosas, para escribir «La tercera
resignación», un cuento que más tarde aparecerá en Ojos de perro azul y de momento
publicado en el suplemento literario de El Espectador. La creación literaria se
alterna con sus trabajos periodísticos en El Universal y en El Heraldo,
donde firma con el seudónimo de Séptimus su columna «La jirafa» y
se integra en el Grupo de Barranquilla. Suprimera novela es aún un saco de
versiones que revolotea desde 1949 con el nombre de La hojarasca, cuyo manuscrito es
rechazado por la Editorial Losada, de Buenos Aires. Dos años más tarde, en los inicios
de su faceta cinematográfica, dirige junto a Álvaro Cepeda Samudio, Enrique Grau y Luis
Vicens La langosta azul.
Una breve etapa como vendedor ambulante de libros
le devuelve a Barranquilla, donde se incorpora a El Nacional y después, a
través de Álvaro Mutis, a El Espectador, en Bogotá, donde comienza su ascensión
como periodista y escritor reconocido, y premiado en 1955 con la publicación de La hojarasca en D.E. Ediciones
S.B.L.
Tras un traslado de tres años repartidos en
diferentes capitales de Europa, vuelve al continente de origen, donde se publica su
segunda novela, El coronel no tiene
quien le escriba, en la revista Mito, el mismo año de 1958 en el
que se casa con Mercedes Barcha, la novia que conoció en Sucre, en 1943. La primera
edición en libro aparece en Medellín, Aguirre, 1961. Por estas fechas, García Márquez
continúa trabajando en medios periodísticos y rematando nuevos libros:
Los funerales de la Mamá Grande, una
colección de ocho cuentos perdidos y recuperados mientras recorría los escenarios de
Faulkner en Estados Unidos, y La mala
hora, en la que coincide un premio de tres mil dólares con la edición
desautorizada a causa de las modificaciones realizadas por un desafortunado corrector de
estilo.
Unos pasos adelante, otro nuevo sendero aparece
disfrazado de guión cinematográfico. El primero que se filmó, en 1964, fue El gallo
de oro, basado en un cuento de Juan Rulfo. El año siguiente, Arturo Ripstein
realizará Tiempo de morir (volverá a llevarlo al cine el director colombiano
Jorge Alí Triana en 1985). García Márquez también aparecerá en la adaptación
cinematográfica de En este pueblo no hay ladrones, junto a Luis Buñuel, Juan
Rulfo y Carlos Monsiváis.
Mientras tanto, va cobrando vida su antiguo
proyecto que en los borradores se llamó La casa. Cuando la visión apareció
completa en una carretera mexicana, no tuvo más remedio que dar la vuelta y encerrarse
para transcribirla y ofrecerla sin dudar a la Editorial Sudamericana, que tuvo aún menos
dudas en publicarla con el nombre definitivo de Cien años de soledad. Apareció la
primera edición en el 1967 de Buenos Aires con ocho mil ejemplares. Al mismo García
Márquez le pareció una barbaridad, pero se agotó en quince días. Se tuvo que hacer
rápidamente una segunda edición de diez mil que acabó con las existencias de papel y
tinta de la editorial y también quedó largamente escasa ante los requerimientos del
público, que desde entonces la ha ido reclamando hasta pasar de los treinta millones de
ejemplares repartidos en cerca de cuarenta idiomas. Con ella, la literatura
hispanoamericana ganó la definitiva independencia en el mundo de las letras y Gabriel
García Márquez el prestigio, el éxito, el reconocimiento y una sucesión de premios sin
aparente fin.
García Márquez se dedicó por entonces a
invertir esfuerzos y prestigios a favor de sus ideas. Vivió esta etapa dedicado al
compromiso político (su ideología socialista le colocó en los frentes de Chile,
Nicaragua, Vietnam y Cuba), al periodismo y al activismo internacionalista, apoyado por la
vocación cinematográfica; y retomó su columna en El Espectador, que tuvo que
abandonar en medio de sospechas sobre su vinculación con el movimiento guerrillero M-19.
Disfrazado con un pasaporte diplomático de México, García Márquez continuó rodeando a
Macondo con paradas intermedias en el Distrito Federal y La Habana de su amigo Fidel.
Había ido completando su obra durante los años
que vivió en España con Relato de un náufrago... en 1970; La increíble y triste historia de la
cándida Eréndira y su abuela desalmada, en 1972; en el 1973 con la recopilación
de artículos publicados en Venezuela en 1958 que llamó Cuando era feliz e
indocumentado; y ya en el 1975, con Todos los cuentos. Ese año, con la
casualidad puesta de su lado y en ediciones masivas y simultáneas, salió a la luz El otoño del patriarca, un libro
construido con experiencias personales aunque de manera cifrada...: «el libro del
dictador que aún no se había escrito»1,
aunque sí pensado, desde el remoto enero de 1958, a poco de fugarse Pérez Jiménez, el
mejor de sus modelos para el diseño de patriarca con el que dibujó su otoño.
Hasta la aparición de su siguiente
novela, seis años más tarde, el periodismo político, la polémica, la lucha social y
los viajes le ocupan casi todos los márgenes. Mientras refresca los recuerdos de la
tragedia sucedida casi treinta años antes con el asesinato de su amigo Cayetano Gentile,
aparece Operación Carlota en 1977, y el año posterior, una antología de su
periodismo militante, en medio de la polémica que provocó en Colombia La mala hora al convertirse en
telenovela. En México, el director de cine chileno Miguel Littin filma en 1979 La
viuda de Montiel, basado en un cuento de García Márquez y Jaime Humberto
Hermosilla, María de mi corazón, con guión suyo.
En 1981, marcando un hito editorial, aparece la Crónica de una muerte anunciada
en cuatro editoriales de distintos países del entorno hispano, en la que sus vocaciones
se sublevan para configurar una trama ajena a Macondo aunque no a su memoria. Su nombre es
ya más grande que la puerta de su casa y sus títulos cotizan en lo más alto de la bolsa
editorial; de hecho, el año siguiente, 1982, forma parte del jurado del festival de cine
de Cannes mientras la literatura repartía dividendos en los que su participación se
convirtió en la Légion dHonneur francesa y el Nobel. La notificación lo
convirtió en el premiado más joven de la historia del premio desde Albert Camus. Parte
del dinero obtenido en el Nobel lo utiliza para la creación de un periódico llamado El
Otro. El sendero cinematográfico también se reivindica: el director brasileño Ruy
Guerra filmará Eréndira en 1983. |

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Casi cuatro años tuvieron que esperar los
ávidos lectores de García Márquez para ver tras los escaparates de las librerías su
siguiente novela. Apareció a mediados de 1985 con el nombre de El amor en los tiempos del cólera. Le
había costado el reencuentro con Colombia y su Caribe. En el mismo viaje también halló
párrafos enteros de memoria en los que vivían fundamentalmente los recuerdos de sus
padres. El cine continuaba manteniendo su lugar en el cajón de las importancias: varias
de sus obras son filmadas; escribe y publica La aventura de Miguel Littín
clandestino en Chile, en 1986; colabora con Littin en una serie televisiva sobre la
represión en Chile; hace guiones para televisión y ayuda a financiar la Fundación para
el Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, siendo nombrado su presidente en el año 1985.
En el año 1987, Francesco Rossi filma Crónica de una muerte anunciada,
mientras García Márquez escribe su único monólogo teatral, Diatriba de amor contra un hombre
sentado2, obra que se estrena
en Buenos Aires al año siguiente ya publicada en España en 1988 y se edita
en Colombia en 19943, coincidiendo con su
estreno en Bogotá. Este mismo año el director cubano Fernando Birri filmará Un
hombre muy viejo con unas alas enormes; por otra parte, comienza el rodaje de la serie
televisiva Amores difíciles, en la que García Márquez escribirá seis guiones.
García Márquez da un paso decisivo para
encontrar el camino donde América volviera hacia sí misma. El general en su laberinto
muestra la soledad del héroe libertador que viajaba hasta entonces vestido de mármol. La
descripción de sus debilidades comunes y la fatalidad convencida le hace real, rompiendo
los moldes literarios historicistas y logrando con la deconstrucción una vía que
expresaba el camino de una verdad diferenciada, autónoma. La imagen protagonista y la
idea eran de Álvaro Mutis, al que no le terminó de convencer nunca la visión de García
Márquez sobre Simón Bolívar.
Doce cuentos peregrinos, «escritos
en el curso de los últimos dieciocho años», aparecen en 1992, rescatados sin temor a la
falta de unidad que el tiempo evidenció a pesar de que en el prólogo García
Márquez afirmara que era el libro de cuentos más uniforme que había escrito. Su
ubicación en diferentes ciudades europeas no hizo más que teñirlas de modos y formas
del realismo americano, en avenidas reconocidamente ajenas. Del amor y otros demonios devolvió
en 1994 el itinerario al Caribe original para reconocer por la inmensidad de los
acontecimientos y detalles: los veintidós metros de melena rapada de Sierva María de
Todos los Ángeles, los cien años de vida del caballo del médico o la muerte causada por
los dolores del amor. Las referencias europeas españolas sobre todo sueñan
diluirse en el cuenco donde se cocina la identidad americana junto al resto de
ingredientes culturales y raciales que determinan su identidad.
Con
Noticia de un secuestro, de 1996, García Márquez hace
un nuevo alarde de agilidad narrativa en el campo de la crónica periodística. Su otro
oficio no lo olvida, y junto a la presentación de sus memorias en marzo de 1998 se
muestra el primer capítulo de sus memorias, Vivir para contarlo, se hace
cargo, junto a un grupo de periodistas colombianos, de la revista Cambio (edición
colombiana de la española Cambio 16).
En el mes de junio ingresa en una clínica
privada en Bogotá y el gobierno anuncia sus problemas de salud. Se marcha a Los Ángeles
para continuar su tratamiento. Reaparece brevemente en octubre para asistir al rodaje de
algunas escenas de En el tiempo de las mariposas de Manuel Barroso. La salud se
convierte en un permanente rumor que cruza océanos y grita falsos testamentos4. En 1999, Arturo Ripstein estrena El coronel no tiene quien le escriba, novela
que perseguía el cineasta mexicano desde 30 años atrás. El día 25 de noviembre de
2000, cuando la ausencia de su voz era un enigma, aparece en la Feria Internacional del
libro de Guadalajara, México, asegurando que ha superado su mal augurio, que se encuentra
bien y que de sus más recientes esfuerzos saldrían las páginas del primer volumen de
sus memorias, Vivir para contarlo. De momento, en enero de 2001 ha llegado un
anticipo de ellas a través de diferentes medios del mundo periodístico, al que ha vuelto
a regresar para darle un empujón, trabajando en la promoción del Premio Nuevo Periodismo
FNPI-Cemez, otra más de las iniciativas sin número que hablará de la intimidad entre
las letras que forman su nombre y el papel de prensa.
Al día de hoy sabemos que la obra de Gabriel
García Márquez ha ganado el empeño de construir con las columnas versos, y que estos
forman parte de una inmensa estrofa en la que figuran cuentos, guiones, novelas y
libretos. Todos los pasos dados han conseguido ser uno, como este libro único que García
Márquez anda escribiendo en su particular prosa de verso largo. |