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Gabriel García Márquez

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 Por Luis Miguel Madrid y M.ª Ángeles Vázquez


Los padres del escritorEste señor con cara de sueño al que su padre intentó hacer jurista mientras él trataba de convertirse en periodista ha resultado ser el gran referente de la literatura colombiana y mucho más. Toda la segunda parte del siglo veinte ha estado atenta, como lo está ahora al inicio del veintiuno, a la contemplación del mundo a través de las ventanas que este escritor —que no llegó a ser abogado— abrió para enseñarnos las casas de Aracataca, Barranquilla o Bogotá.

Cuando Gabriel García Márquez termina sus estudios en el Colegio Nacional de Zipaquirá en 1946, tras haber conseguido una beca en Bogotá, ya había dado los primeros pasos para que sus frases integraran el manuscrito antológico de las futuras letras hispánicas: fundó una revista que se llamó Literatura y leyó durante el internado todo lo que caía frente a sus ojos. Con ese capital básico comenzó a clarear su vocación de periodista y después, de escritor. Al volver con su madre a Aracataca en 1952 supo que debía escribir sobre aquella casa y ese pueblo donde aún transitaban todos los fantasmas de su primera vida. En ella aún le cubría la sombra inmensa del coronel Nicolás Márquez, el abuelo que le mostró los caminos que sin magia ni alquimia, aunque sí con otras artes, le conducirían hasta Macondo.

García Márquez (en el centro) con sus hermanosAntes de que los futuros recapacitaran, anduvo matriculado en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de Bogotá, aprovechando aquel tiempo, entre otras cosas, para escribir «La tercera resignación», un cuento que más tarde aparecerá en Ojos de perro azul y de momento publicado en el suplemento literario de El Espectador. La creación literaria se alterna con sus trabajos periodísticos en El Universal y en El Heraldo, donde firma con el seudónimo de Séptimus su columna «La jirafa» y se integra en el Grupo de Barranquilla. Suprimera novela es aún un saco de versiones que revolotea desde 1949 con el nombre de La hojarasca, cuyo manuscrito es rechazado por la Editorial Losada, de Buenos Aires. Dos años más tarde, en los inicios de su faceta cinematográfica, dirige junto a Álvaro Cepeda Samudio, Enrique Grau y Luis Vicens La langosta azul.

Una breve etapa como vendedor ambulante de libros le devuelve a Barranquilla, donde se incorpora a El Nacional y después, a través de Álvaro Mutis, a El Espectador, en Bogotá, donde comienza su ascensión como periodista y escritor reconocido, y premiado en 1955 con la publicación de La hojarasca en D.E. Ediciones S.B.L.

Tras un traslado de tres años repartidos en diferentes capitales de Europa, vuelve al continente de origen, donde se publica su segunda novela, El coronel no tiene quien le escriba, en la revista Mito, el mismo año de 1958 en el que se casa con Mercedes Barcha, la novia que conoció en Sucre, en 1943. La primera edición en libro aparece en Medellín, Aguirre, 1961. Por estas fechas, García Márquez continúa trabajando en medios periodísticos y rematando nuevos libros: Los funerales de la Mamá Grande, una colección de ocho cuentos perdidos y recuperados mientras recorría los escenarios de Faulkner en Estados Unidos, y La mala hora, en la que coincide un premio de tres mil dólares con la edición desautorizada a causa de las modificaciones realizadas por un desafortunado corrector de estilo.Plano de la casa natal de Gabriel García Márquez

Unos pasos adelante, otro nuevo sendero aparece disfrazado de guión cinematográfico. El primero que se filmó, en 1964, fue El gallo de oro, basado en un cuento de Juan Rulfo. El año siguiente, Arturo Ripstein realizará Tiempo de morir (volverá a llevarlo al cine el director colombiano Jorge Alí Triana en 1985). García Márquez también aparecerá en la adaptación cinematográfica de En este pueblo no hay ladrones, junto a Luis Buñuel, Juan Rulfo y Carlos Monsiváis.

Mientras tanto, va cobrando vida su antiguo proyecto que en los borradores se llamó La casa. Cuando la visión apareció completa en una carretera mexicana, no tuvo más remedio que dar la vuelta y encerrarse para transcribirla y ofrecerla sin dudar a la Editorial Sudamericana, que tuvo aún menos dudas en publicarla con el nombre definitivo de Cien años de soledad. Apareció la primera edición en el 1967 de Buenos Aires con ocho mil ejemplares. Al mismo García Márquez le pareció una barbaridad, pero se agotó en quince días. Se tuvo que hacer rápidamente una segunda edición de diez mil que acabó con las existencias de papel y tinta de la editorial y también quedó largamente escasa ante los requerimientos del público, que desde entonces la ha ido reclamando hasta pasar de los treinta millones de ejemplares repartidos en cerca de cuarenta idiomas. Con ella, la literatura hispanoamericana ganó la definitiva independencia en el mundo de las letras y Gabriel García Márquez el prestigio, el éxito, el reconocimiento y una sucesión de premios sin aparente fin.

García Márquez se dedicó por entonces a invertir esfuerzos y prestigios a favor de sus ideas. Vivió esta etapa dedicado al compromiso político (su ideología socialista le colocó en los frentes de Chile, Nicaragua, Vietnam y Cuba), al periodismo y al activismo internacionalista, apoyado por la vocación cinematográfica; y retomó su columna en El Espectador, que tuvo que abandonar en medio de sospechas sobre su vinculación con el movimiento guerrillero M-19. Disfrazado con un pasaporte diplomático de México, García Márquez continuó rodeando a Macondo con paradas intermedias en el Distrito Federal y La Habana de su amigo Fidel.

Había ido completando su obra durante los años que vivió en España con Relato de un náufrago... en 1970; La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, en 1972; en el 1973 con la recopilación de artículos publicados en Venezuela en 1958 que llamó Cuando era feliz e indocumentado; y ya en el 1975, con Todos los cuentos. Ese año, con la casualidad puesta de su lado y en ediciones masivas y simultáneas, salió a la luz El otoño del patriarca, un libro construido con experiencias personales aunque de manera cifrada...: «el libro del dictador que aún no se había escrito»1, aunque sí pensado, desde el remoto enero de 1958, a poco de fugarse Pérez Jiménez, el mejor de sus modelos para el diseño de patriarca con el que dibujó su otoño.

El escritor con trece añosHasta la aparición de su siguiente novela, seis años más tarde, el periodismo político, la polémica, la lucha social y los viajes le ocupan casi todos los márgenes. Mientras refresca los recuerdos de la tragedia sucedida casi treinta años antes con el asesinato de su amigo Cayetano Gentile, aparece Operación Carlota en 1977, y el año posterior, una antología de su periodismo militante, en medio de la polémica que provocó en Colombia La mala hora al convertirse en telenovela. En México, el director de cine chileno Miguel Littin filma en 1979 La viuda de Montiel, basado en un cuento de García Márquez y Jaime Humberto Hermosilla, María de mi corazón, con guión suyo.

En 1981, marcando un hito editorial, aparece la Crónica de una muerte anunciada en cuatro editoriales de distintos países del entorno hispano, en la que sus vocaciones se sublevan para configurar una trama ajena a Macondo aunque no a su memoria. Su nombre es ya más grande que la puerta de su casa y sus títulos cotizan en lo más alto de la bolsa editorial; de hecho, el año siguiente, 1982, forma parte del jurado del festival de cine de Cannes mientras la literatura repartía dividendos en los que su participación se convirtió en la Légion d’Honneur francesa y el Nobel. La notificación lo convirtió en el premiado más joven de la historia del premio desde Albert Camus. Parte del dinero obtenido en el Nobel lo utiliza para la creación de un periódico llamado El Otro. El sendero cinematográfico también se reivindica: el director brasileño Ruy Guerra filmará Eréndira en 1983.


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Casi cuatro años tuvieron que esperar los ávidos lectores de García Márquez para ver tras los escaparates de las librerías su siguiente novela. Apareció a mediados de 1985 con el nombre de El amor en los tiempos del cólera. Le había costado el reencuentro con Colombia y su Caribe. En el mismo viaje también halló párrafos enteros de memoria en los que vivían fundamentalmente los recuerdos de sus padres. El cine continuaba manteniendo su lugar en el cajón de las importancias: varias de sus obras son filmadas; escribe y publica La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, en 1986; colabora con Littin en una serie televisiva sobre la represión en Chile; hace guiones para televisión y ayuda a financiar la Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, siendo nombrado su presidente en el año 1985.

En el año 1987, Francesco Rossi filma Crónica de una muerte anunciada, mientras García Márquez escribe su único monólogo teatral, Diatriba de amor contra un hombre sentado2, obra que se estrena en Buenos Aires al año siguiente —ya publicada en España en 1988— y se edita en Colombia en 19943, coincidiendo con su estreno en Bogotá. Este mismo año el director cubano Fernando Birri filmará Un hombre muy viejo con unas alas enormes; por otra parte, comienza el rodaje de la serie televisiva Amores difíciles, en la que García Márquez escribirá seis guiones.

García Márquez da un paso decisivo para encontrar el camino donde América volviera hacia sí misma. El general en su laberinto muestra la soledad del héroe libertador que viajaba hasta entonces vestido de mármol. La descripción de sus debilidades comunes y la fatalidad convencida le hace real, rompiendo los moldes literarios historicistas y logrando con la deconstrucción una vía que expresaba el camino de una verdad diferenciada, autónoma. La imagen protagonista y la idea eran de Álvaro Mutis, al que no le terminó de convencer nunca la visión de García Márquez sobre Simón Bolívar.

Doce cuentos peregrinos, «escritos en el curso de los últimos dieciocho años», aparecen en 1992, rescatados sin temor a la falta de unidad que el tiempo evidenció —a pesar de que en el prólogo García Márquez afirmara que era el libro de cuentos más uniforme que había escrito—. Su ubicación en diferentes ciudades europeas no hizo más que teñirlas de modos y formas del realismo americano, en avenidas reconocidamente ajenas. Del amor y otros demonios devolvió en 1994 el itinerario al Caribe original para reconocer por la inmensidad de los acontecimientos y detalles: los veintidós metros de melena rapada de Sierva María de Todos los Ángeles, los cien años de vida del caballo del médico o la muerte causada por los dolores del amor. Las referencias europeas —españolas sobre todo— sueñan diluirse en el cuenco donde se cocina la identidad americana junto al resto de ingredientes culturales y raciales que determinan su identidad.

Ilustración de Alberto Baraya para «Noticia de un secuestro»Con Noticia de un secuestro, de 1996, García Márquez hace
un nuevo alarde de agilidad narrativa en el campo de la crónica periodística. Su otro oficio no lo olvida, y junto a la presentación de sus memorias —en marzo de 1998 se muestra el primer capítulo de sus memorias, Vivir para contarlo—, se hace cargo, junto a un grupo de periodistas colombianos, de la revista Cambio (edición colombiana de la española Cambio 16).

En el mes de junio ingresa en una clínica privada en Bogotá y el gobierno anuncia sus problemas de salud. Se marcha a Los Ángeles para continuar su tratamiento. Reaparece brevemente en octubre para asistir al rodaje de algunas escenas de En el tiempo de las mariposas de Manuel Barroso. La salud se convierte en un permanente rumor que cruza océanos y grita falsos testamentos4. En 1999, Arturo Ripstein estrena El coronel no tiene quien le escriba, novela que perseguía el cineasta mexicano desde 30 años atrás. El día 25 de noviembre de 2000, cuando la ausencia de su voz era un enigma, aparece en la Feria Internacional del libro de Guadalajara, México, asegurando que ha superado su mal augurio, que se encuentra bien y que de sus más recientes esfuerzos saldrían las páginas del primer volumen de sus memorias, Vivir para contarlo. De momento, en enero de 2001 ha llegado un anticipo de ellas a través de diferentes medios del mundo periodístico, al que ha vuelto a regresar para darle un empujón, trabajando en la promoción del Premio Nuevo Periodismo FNPI-Cemez, otra más de las iniciativas sin número que hablará de la intimidad entre las letras que forman su nombre y el papel de prensa.

Al día de hoy sabemos que la obra de Gabriel García Márquez ha ganado el empeño de construir con las columnas versos, y que estos forman parte de una inmensa estrofa en la que figuran cuentos, guiones, novelas y libretos. Todos los pasos dados han conseguido ser uno, como este libro único que García Márquez anda escribiendo en su particular prosa de verso largo.


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Notas
  1.  Gabriel García Márquez. El olor de la guayaba. Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, Bogotá: La Oveja Negra, 1982, p. 85.
  2. Se estrena en el Teatro Cervantes de Buenos Aires. La actriz es Graciela Dufau y Hugo Urguijo su director.
  3. Bogotá: Talleres de Arango Editores, 1994. Se estrena en el Teatro Nacional de Bogotá, en el marco del IV Festival Iberoamericano de Teatro, siendo la actriz Laura García y el director Ricardo Camacho.
  4. La marioneta es un falso testamento poético atribuido a GGM y difundido a través de diversas publicaciones de Internet.
 
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