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![]() La muerte prematura del gran poeta vanguardista gallego Manuel Antonio (1900-1930) provocó que la crítica hiciera empuñar a Álvaro Cunqueiro la bandera de la modernidad cuando contaba apenas 21 años de edad.1 Era ya en aquel entonces el escritor mindoniense autor de tres libros de poemas muy celebrados por la crítica: Mar ao Norde (1932), Poemas do si e non (1933) e Cantiga nova que se chama riveira (1933) y, sobre todo, mantenía una intensa actividad cultural y creativa en la prensa y en las revistas, algunas de ellas creadas por el propio escritor desde su Mondoñedo natal. Su rebeldía e independencia, compartida con otros jóvenes como Luís Seoane, Luís Manteiga, Ángel Fole, constantemente confesadas, no pudieron evitar una cierta canonización de Cunqueiro como representante del vanguardismo literario. Muy probablemente, una de las razones para esta consideración del poeta la podamos encontrar en su porfiada defensa del sincretismo de las artes que, como sabemos, siempre formó parte de la experimentación vanguardista. Inevitablemente unida a esta consideración del sincretismo en las artes, está la concepción simbolista del arte, de la que el escritor gallego se sintió tan cercano. Vamos para ello a fijarnos en una serie de textos de Cunqueiro poco conocidos pero muy reveladores de su poética artística. En primer lugar las contestaciones del poeta a una consulta que propone el profesor Filgueira Valverde en 1936 y que iba destinada a la publicación de una antología consultada «a la manera» de la recientemente publicada por Gerardo Diego para la poesía castellana. Las respuestas de Cunqueiro, fechadas en Mondoñedo en marzo de 19362, están salpicadas de rotundas negativas ante el hipotético temor de un encasillamiento por parte del antólogo.3 No obstante asoman, en sus respuestas, algunos aspectos muy expresivos de sus preferencias y de su poética. Así, entre las preferencias artísticas cita los Cancioneiros, Rosalía, Amado Carballo, Manuel Antonio e Iglesia Alvariño; dichas preferencias no se alteran cuando muchos años más tarde responde a otras propuestas4 autopoéticas. Pero nos sorprende, que entre los nombres de los poetas se deslicen algunos pintores y escultores que forman parte de la generación de los novos: Eiroa y Colmeiro. Las citas de artistas plásticos se amplían a Rafael y a los holandeses Clown y Potter y, lo que es más incluye «a visión natural dos ollos» al lado de dos ciudades, Compostela y su Mondoñedo natal. Debemos consignar asimismo los numerosos artículos que sobre los artistas gallegos, denominados renovadores, publica Cunqueiro durante los años 1934 y 1936: Johán Bén e Bóo, Laxeiro, Colmeiro, Seoane, Fernández Mazas; sin olvidar su temprana inclinación por el cultivo del dibujo, que confiesa en una carta a Luís Seoane en el año 1936: «Ahí che vai un dibuxo meu. Sirve? Houbo un mes no que facía até dezaseis diarios»5. Cuando con ocasión de una exposición de Colmeiro es invitado a dar una conferencia, tal como se acostumbraba hacer por aquella época de debates sin fin, este es el esquema que envía de la misma a Luís Seoane:
Parece evidente el deseo del conferenciante de crear un lenguaje cromático-verbal adaptando los matices y las tonalidades a otro medio: la palabra. A su vez, los colores quedan provistos de sensaciones emocionales más propias del lenguaje verbal. Bien es verdad que este sincretismo de raíz simbolista y de práctica vanguardista no debe distraernos de otros matices de la poética del primer Cunqueiro que fue muy bien analizada por Augusto M.ª Casas en sus contornos románticos y medievales.7 Y desde una perspectiva metapoética, no deja de ser un profundo análisis de la poesía de Cunqueiro este poema de su compañero de generación Carballo Calero:
El poema es un encendido elogio a la poesía de Cunqueiro que, además de la consideración de fértil río, hace de puente entre las dos orillas, sobre el abismo del cauce. Entre la vanguardia y el neotrovadorismo aparece el mindoniense como señor de las dos orillas. Jamás abandonará Cunqueiro en su obra posterior, en prosa y en verso, esta visión cromática de la realidad como expresión de emociones íntimas, que se gestó de forma tan temprana en la obra del mindoniense. Notas:
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