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    Álvaro Cunqueiro Quehacer literario     

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Obra en galego completa. «I Poesía, Teatro», Editorial Galaxia, Vigo, 1991Álvaro Cunqueiro forma parte, con otros poetas tan destacados como Iglesia Alvariño o Carballo Calero, de lo que cabe identificar como Grupo de la República, esto es, conjunto de escritores (e intelectuales y artistas) que abre su manifestación entre 1930-1936. De hecho, en coincidencia de razón cronológica y estética con la generación vanguardista (Manuel Antonio, Amado Carballo, M. L. Acuña, Bouza-Brey, Pimentel, A. Casas), la que verdaderamente trae, con impulso de ruptura, los signos de la modernidad a la lírica gallega, de modo que ese grupo apuntado —roto, luego, por la guerra civil— se presenta como una segunda comunidad de edad de la citada generación, y, a su vez, se caracteriza por su carácter «cumulativo»¸ quiere decirse que confirma —y hasta intensifica— las líneas de modernidad abiertas por los mayores, o ramas fundamentales de la lírica de tradición simbolista.

En ese cuadro o marco, pues, la obra poética cunqueiriana aparece marcada por tres muy evidentes rasgos caracterizadores. En primer término, por su brevedad (como la de Manuel Antonio, Amado Carballo, Bouza o Pimentel), pues su corpus —a la espera de recolección de textos dispersos o inéditos— se reduce a cinco libros en gallego (y uno en castellano).

Luego, está el rasgo de la discontinuidad, ya que si en el momento de manifestación del grupo —en sólo dos años— edita tres libros fundamentales (Mar ao Norde, Poemas do si e non y Cantiga nova que se chama ribeira), hasta la plena posguerra no aparecerá el segundo (Dona do corpo delgado, 1950), y ya, treinta años después (1980), su último Herba aquí ou acolà.

Por último, su corpus lírico responde, con profunda razón unitaria —y ahí radica su tan honda autenticidad creadora— a una poética mantenida con ejemplar fidelidad, y que no dejó de ocasionarle, de modo especial en el período de hegemonía de la palabra de razón histórica, injustos silencios y marginaciones. Una poética, en fin, que él intuía en las «verbas» («como están as imaxes nos espellos»), en la hermosa «música» que acompaña a las palabras, y en una «veracidad sentimental» que se cumple o satisface —plenitud de una encarnación— con palabras.

Claro que, además, y como fuente íntima y cordial de esa «veracidad sentimental», todo su mundo poético —otra razón intensa de unidad— quedó configurado siempre, y en tensión permanente, sobre dos fuerzas temáticas determinantes: por una parte —eje de positividad—, un ilusionado impulso amoroso, un anhelado ideal de belleza como plenitud; por otra —y sería de negatividad— , el «dolorido sentir» del tiempo y el acabamiento, de la soledad, de la desposesión y la muerte.

Esta proclamada unidad de su obra no niega determinados matices o transiciones, bien evidentes, desde luego. Así, su ciclo de juventud —sus tres primeros libros— aparece marcado por un sincretismo vanguardista (el más original de la lírica gallega moderna) y el tan atractivo neopopularismo (tan caro y definidor de su Cantiga nova...); después, Dona do corpo delgado —ya en su primera madurez— combina elementos popularistas con un muy personal culturalismo (no entendido en su momento); ya por fin, su colección última —ahora, sí, muy influyente sobre las nuevas generaciones y tendencias— representa un complejo montaje de fondo culturalista y de intensa realización de toda una intensa tópica simbólica, para dar expresión concentrada, de ajustada melodía de la lamentación, a las grandes y dramáticas polaridades temáticas que guiaron, desde los comienzos, su creación lírica.

Con estas elementales caracterizaciones, Álvaro Cunqueiro se significa hoy, a esta altura de las circunstancias, como un gran poeta de poderosa vigencia y doble valor. Y ello porque, en una dirección, su obra primera y temprana fue decisiva para la consolidación de los signos de la modernidad en la lírica gallega, rompiendo con las líneas tradicionales del enxebrismo y patrianismo; y en otra dirección —hacia el futuro—, porque su libro último resultó, a la vez, no menos decisivo en los signos de ruptura con la dominante, entre 1950-1975, poética realista o de razón histórica, definidora del período de posguerra. Cunqueiro, en fin, abrió las puertas a la escritura de la postmodernidad.

 



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