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Cada día tiene su historia, 8 de agosto de 1956 Guiones
radiofónicos originales (en español)
Transcripción (en español):
Locutor 1.º: Los celtas tenían
una isla perpetuamente florida, siempre primavera, llamada Tirnanoge, pero un día al
año, todas las hojas de los árboles, todas las flores, todo lo que allí decía el
eterno verano, se marchitaba y moría. Una larga tarde silbada de aquilones y una oscura y
larga noche surcada por el rayo y tamborileada por el granizo, deshojaba los jardines y
ahuyentaba a los ruiseñores. Era el invierno de Tirnanoge, la isla de la eterna juventud,
la Florida, volvía a vestir las galas del eterno verano. Según un texto que tengo a
mano, solía acontecer esto en los primeros días de agosto.
Locutora: El día del invierno en Tirnanoge, todos sus
habitantes se refugiaban en el hogar del Rey, tomaban brasas del sagrado fuego real en el
cuenco de sus manos, y esperaban, sin dormirse, el nacimiento del alba. El que se dormía,
ese moría. Y si alguno salía al aire libre, en breves minutos perdía la juventud
conservada durante docenas y docenas de años, y entraban de repente en una vejez
quejumbrosa y mendicante... Durante siglos esta isla, Tirnanoge, fue buscada por los
hombres, y cuando los españoles con Ponce de León, llegaron a la tierra americana que
hoy decimos Florida, le dieron este nombre porque creyeron haber hallado la Florida de la
imaginación céltica y medieval, la tierra donde la fuente de la eterna juventud manaba,
y las aguas corrían sobre un lecho de guijos de oro.
Locutor 2.º: Pero hay noticias de que la verdadera
Florida, la isla Tirnanoge de los celtas, se perdió hace ya mucho tiempo en el
Atlántico, como un navío herido, con sus jardines, sus enamorados, sus ruiseñores y sus
grandes y pacíficos reyes. Dicen que un día, en la isla, un hombre decidió que lo
fatigaba tanta juventud, y con la flecha de su arco mató a un tordo que le venía a
cantar mañanas a un árbol vecino a su cabaña. Una gota de sangre del tordo muerto cayó
sobre una rosa; esta rosa la llevó un mancebo de regalo, pues nunca había visto otra con
una mancha tan roja, a la hija del Rey.
Locutora: La hija del Rey reconoció que aquella roja
mancha de la rosa dorada era sangre, y dando un grito la dejó caer. Cayó la rosa sobre
el fuego siempre encendido en el hogar del rey, y las brillantes llamas se extinguieron:
el sagrado y eterno fuego se convirtió en ceniza. Y este fue el fin de Tirnanoge, la isla
de la eterna juventud. Y dice un texto en que ando leyendo que aconteció en un mes de
agosto, y reinaba Cadmuín en Bretaña, abuelo de Artús. Hace, pues, mil seiscientos
años que esto sucedió.
Locutor 1.º: De no haber acontecido esto, aún
pasearían ahora por sus jardines, doncellas enamoradas, Julietas, Desdémonas y Beatrices
nacidas hace tres o cuatro mil años, pero que a nuestros ojos serían alegres y tímidas
doncellas risueñas, y ese tordo que canta en vuestros jardines, en el trozo mismo frente
a la calle de Juana de Vega, cinco mil años llevaría de gentil cantata, y los coruñeses
llevarían a los forasteros a oírlo y dirían: «Ese tordo cantor que ahí dice sus
trovas, es un tordo de Tirnanoge, que todos los veranos nos visita, y don Ángel del
Castillo, cronista de la ciudad, tiene documentos en que se prueba que ya cantaba hace mil
años, y no perdió año sin venir a vernos, maestrillo del alegre amor». Grande parte de
la juventud y alegría de La Coruña, tiene su origen ahí.
Cada día tiene su historia, radiado 13 de febrero de
1957
Autógrafos de Álvaro Cunqueiro
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