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Homero narra en La Odisea las vicisitudes del héroe
Odiseo tras la guerra de Troya, sus viajes de aventuras durante el regreso a la patria y
la vida familiar y hogareña. La obra ofrece un mundo real y vitalista donde se mueven
estirpes divinas de reyes y señores en su vida cotidiana.Las mocedades de Ulises
narra la vida del héroe en su juventud basándose en la inspiración no sólo en La
Odisea homérica sino en toda la tradición y cultura antigua griega que la
literatura nos ha transmitido: tratamiento mítico, tradiciones populares, fantasía, con
un paralelismo muy significativo entre el fondo y la forma: lenguaje popular, lírico y
épico se combinan en una armonía sugerente.
Cunqueiro crea la vida del joven héroe a la manera de hacer de los poetas trágicos
griegos quienes concebían las leyendas tradicionales y el mito desde el punto de vista de
las más íntimas convicciones de la actualidad y convirtieron la tragedia mítica en una
representación cotidiana, en versos líricos. De ahí que Cunqueiro afirme en Las
mocedades que «la verdadera conversación humana se aprende en la tragedia». El mito
se hace popular escogiendo para ello todo lo que La Odisea tiene de real y vital;
el mundo aristocrático y ennoblecedor está transformado en un ambiente que evoca más a
los personajes de la obra precéptica Trabajos y días de Hesiodo que a los héroes
homéricos. En Hesiodo, el trabajo honra al hombre y la valía y la estimación van unidas
al dinero.
Los personajes principales de Las mocedades son hombres de campo, boyeros,
taberneros, comerciantes, y hombres de mar: «yo soy un carbonero rico», dice Laertes al
principio de la obra y su fiel esposa Euriclea, nodriza de Odiseo en la obra de Homero,
hila: «Euriclea se sentaba a hilar, en verano en el patio...» (p. 98). El hecho de que
Cunqueiro la tome como madre de Ulises se debe quizás a que su papel es más cercano al
ambiente de Las mocedades que al de la épica, pues en Homero la mujer madre es
considerada como la engendradora de una estirpe orgullosa de caballeros, madre de una
generación ilustre.
En la Ítaca de Las mocedades se recitan hexámetros al son de un pandero,
(incluso se describe la construcción de éste), instrumento típico del folclore de
cualquier pueblo. «Su sonido es solemne y hexamétrico» pero «tiene la voz humana y
amistosa, su acento es claro y agudo» como la voz del hombre de la calle.
Nos siguen situando en las tradiciones de la antigua Grecia imágenes como la de la
rama de olivo en la puerta cuando nace Ulises (se ponía una rama de olivo en la puerta
para anunciar a los vecinos que el recién nacido era un varón, un trozo de lana si era
niña); la fiesta de las espigas, donde Cunqueiro hace una cristianización de las fiestas
paganas que se hacían en honor a Deméter, diosa de la tierra cultivada; la educación
del joven, donde está latente parte de la esencia del mundo de La Odisea
considerada como una obra eminentemente de tono moralizante y reflexivo. El mozo Ulises
tiene un gesto que connota este tema.
Ulises apoyaba el codo diestro en la desnuda rodilla, y
en el puño cerrado el mentón. Era un gesto muy suyo. Pasarían muchos, muchos años,
hablarían de él muchos. (p. 113)
El mundo de La Odisea no admite la idea de un educador personal. Quirón, el
prudente centauro que educó a héroes famosos como Aquiles y Jasón, no cabe tampoco en
la vida de Las mocedades; aunque el tabernero Políades se autoproclamará
preceptor del joven (p.115), como tradición universal, Ulises aprende de las enseñanzas
de los mayores.
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