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La
extraordinaria trayectoria literaria de Cunqueiro se quiebra con el estallido de la guerra
civil y, vinculado como hemos dicho al nacionalismo conservador del Partido Galeguista, el
escritor mindoniense se refugia en Ortigueira, donde trabaja como profesor en el colegio
Santa Marta y colabora, asiduamente, en el semanario, de carácter falangista, Era
Azul. Si hasta 1936 podríamos considerar a Cunqueiro como un poeta que escribía
casi exclusivamente en gallego, a partir de este momento, dado de alta en el Registro
General de Periodistas en 1938, comienza a ser conocido por su trabajo, en castellano, en
las publicaciones señeras del nuevo régimen. Así, en febrero de 1937 abandona las
tareas directivas en Era Azul para incorporarse a El Pueblo Gallego de
Vigo, dirigido por aquel entonces por Jesús Suevos, donde permanecerá hasta noviembre de
1938, fecha en la que comienza a trabajar en La Voz de España de San Sebastián,
ciudad que abandona, en abril de 1939, para instalarse en Madrid como miembro de la
redacción de ABC (Mercedes Brea y José M.ª Folgar, en 1982, comentan los
artículos que Álvaro Cunqueiro escribe en ABC entre abril y julio de 1939). Las
colaboraciones con los medios informativos vinculados a Falange se incrementan y su firma
aparece en numerosos artículos de Vértice, Legiones y Falanges, Escorial, Destino,
Fantasía, Santo y Seña y un largo etcétera. Pero esta intensa actividad como periodista, no supone un abandono de la poesía, aunque bien es cierto que a partir de este momento el Cunqueiro periodista tendrá una dimensión pública que, en cierto modo, margina al Cunqueiro poeta. César Antonio Molina [1] atribuye esta marginación, por un lado, a que la guerra civil impidió que continuase avanzando en la experimentación vanguardista y, por otro, a que su concepto de poesía se encontraba distante tanto de la poesía de los vencedores como de las propuestas sociales posteriores. Añadimos ese «cierto pudor» al que alude en una de sus últimas entrevistas [2] y tendremos las causas de esta automarginación poética. Pese a todo, en estos años Cunqueiro publica Elegías y canciones (Barcelona: editorial Apolo, 1940) que reúne poemas, traducidos al castellano, ya editados en anteriores poemarios, en periódicos El Pueblo Gallego, sobre todo, o en las diferentes publicaciones de la Oficiña Lírica. Sin embargo, sus poemas de circunstancias, dedicados a Franco y a José Antonio, alcanzan cierta notoriedad y son publicados en la Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera (Barcelona, 1939) y en Laureados (San Sebastián: ed. Fermín Bonilla, 1940) junto a las firmas de la inteligentzia falangista de la época.
En 1943 abandona Falange y en 1944 se le retira el carné de periodista tras un incidente con la embajada francesa. A partir de ese momento, cualquier vinculación con el franquismo, dice su biógrafo Xosé Francisco Armesto (p. 167), «representa descoñecemento ou supón acción malévola». Cunqueiro permanece en Madrid un par de años más sin poder trabajar en la prensa, aunque colabora esporádicamente en revistas literarias como Finisterre y Posío o la ya mencionada Fantasía. Decide volver a Galicia.
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