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De regreso a Mondoñedo, Cunqueiro, gracias a la intervención de su buen amigo Francisco Fernández del Riego, comienza a colaborar en las prestigiosas páginas culturales del diario compostelano La Noche esenciales en la recuperación de la cultura gallega de postguerra. Además sus artículos empiezan a ser habituales en los principales diarios gallegos: El Progreso, La Voz de Galicia, La Región, etc.
Además de la prensa gallega, también colabora intensamente con distintos diarios de todo el Estado como El Alcázar, Arriba, La Gaceta del Norte, Informaciones, Nuevo Diario, El Pensamiento Navarro o La Vanguardia; en semanarios de información general como La Actualidad Española, La Gaceta Ilustrada, Primera Plana o Sábado Gráfico; en publicaciones como la seudoerótica Bazaar; literarias como Los Cuadernos del Norte y La Estafeta Literaria; e incluso en las revistas de medicina Jano, Medicina y Cultura y Tribuna Médica.
Quizá la erudición ficticia o real de un hombre esencialmente curioso y el grado de comunicación que establece con el lector sean los dos rasgos que mejor definan al Cunqueiro periodista. Erudición y diálogo que el escritor mindoniense ofrece también en cientos de conferencias, en sus intervenciones radiofónicas e incluso en los guiones televisivos que escribe para documentales sobre temas gallegos; complemento perfecto, estos últimos, de sus libros de viajes Lugo (León: Everest, 1968), Vigo y su Ría (León: Everest, 1971), Rías Bajas gallegas (León: Everest, 1975), etc. pero también de numerosos artículos como la serie «El pasajero en Galicia», publicada en Faro de Vigo en los años cincuenta, o los recopilados en Viajes imaginarios y reales, Los otros caminos, etc.
Se trata de novelas en las que observamos una peculiar utilización del tiempo histórico, y una estructura narrativa basada en el relato dentro del relato y en la tendencia a organizar los textos en pequeñas unidades con autonomía propia. Estructura narrativa que se observa claramente en las semblanzas y retratos imaginarios de Escola de menciñeiros e fábula de varia xente (Vigo: Galaxia, 1960), Xente de aquí e de acolá (Vigo: Galaxia, 1971) y Os outros feirantes (Vigo: Galaxia, 1979). Estas características formales y la utilización de temas y ambientes legendarios traen consigo la consideración de Cunqueiro como escritor medievalizante; aunque Tarrío Varela relaciona estos rasgos, en primera instancia, con el Cunqueiro poeta, siempre más atento a la palabra precisa que a las secuencias narrativas largas. Además, no podemos olvidar que muchas de sus novelas, reescritura de los grandes mitos de nuestra cultura, están íntimamente relacionadas con muchos de sus versos («Yo difícilmente escribo una novela si al mismo tiempo no escribo unos poemas que aparecen como hechos, como personajes, de la novela. Siempre he creado una poesía paralela. Esto prueba que no me basta la novela», [1]). Así, los versos de «Chove miudo en Elsinor» o «As bandeiras» los podríamos relacionar con numerosos artículos dedicados a Shakespeare y, sobre todo, con O incerto Señor Don Hamlet, príncipe de Dinamarca (Vigo: Galaxia, 1958), uno de los mejores textos del teatro gallego. Esta extraordinaria trayectoria literaria se ve acompañada, como decíamos al
principio, con una desigual recepción crítica: aunque el mantenerse al margen del
discurso realista dominante en la literatura de postguerra haya condenado a Cunqueiro a un
cierto ostracismo, cuando no El 28 de febrero de 1981 muere Álvaro Cunqueiro, después de una larga enfermedad. Un año antes, en un homenaje multitudinario ofrecido en Vigo, había manifestado un deseo: Si algún día despois de morto se quixera facer de min algunha louvanza, e eu estivera dando erbas á nosa terra, podería decir na miña lápida: «aquí xace alguén que coa súa obra fixo que Galicia durase mil primaveras máis». [2]
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