«De lo que estaba convencida
era de que en Vetusta se ahogaba; tal vez el mundo entero no fuese tan insoportable como
decían los filósofos y los poetas tristes; pero lo que es de Vetusta con razón se
podía asegurar que era el peor de los poblachos posibles. Un mes antes había
pensado que el Magistral iba a sacarla de aquel hastío, llevándola consigo, sin salir de
la catedral, a regiones superiores, llenas de luz.» (pág. 23, T. II)
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