|
Sin llegar a ser un periodista profesional, Clarín fue «principalmente periodista»:
«...De mí sé decir, que cuando me preguntan qué soy, respondo: principalmente
periodista», declara, en El Español de 28 de octubre de 1899, el autor de La
Regenta. Es más periodista, pues, que catedrático, que novelista, que crítico, que
cuentista, etc. Y lo cierto es que en la vida y obra de Clarín, el periodismo es el que
marca la pauta: la prensa le acompaña desde los tiempos de la adolescencia, cuando
enviaba epigramas al Gil Blas o al Cascabel, hasta los últimos días de su
vida, con no poca influencia sobre sus orientaciones narrativas; en la prensa es donde se
encuentra la parte más cuantiosa de su producción escrita y la prensa fue para él un
oportuno y moderno medio para cumplir con sus compromisos sociales e intelectuales.
DE LECTOR DE PRENSA A PERIODISTA
Leopoldo Alas es un precoz y
pertinaz lector de la prensa, la que su padre gobernador civil recibiera en
casa: desde el Jeremías publicado en La Habana por Martínez Villergas hasta los
incipientes rotativos, y ya en su obrita dramática Tres en una, se le ve, en 1867,
proyectarse en un posible futuro de «gacetillero y folletinista» de periodista con
seudónimo; al año siguiente, empieza la redacción y publicación de su
periódico un semanario humorístico, manuscrito, el Juan Ruiz, cincuenta
números en total...
El 11 de abril de 1875, en la prensa y para la prensa nace Clarín: colaborador
espontáneo en El Solfeo, pronto puede declarar como Larra uno de sus
modelos: «¡Ya soy redactor!», y hasta 1881 será un periodista «de oposición»
polivalente (sueltista, cronista, gacetillero, folletinista, articulista de costumbres y
hasta poeta jocoso), comprometido, militante y víctima de la censura y del fiscal Mendo.
Allí aprende que «lo que se debe decir no siempre se puede decir» y a expresarse con
«medias palabras». Luego en 1882-1883, por cuenta de El Día como reporterista,
viaja por Andalucía publicando sus veintiún artículos sobre «El hambre en
Andalucía».
En esa primera actividad se construye el carácter fundamentalmente dialógico de la
escritura periodística clariniana con un juego permanente, más o menos explícito, con
el lector «modelo» a quien deja de interpelar en su escritura novelesca pero a quien
requiere constantemente a efectos de cooperación interpretativa y de ironía... En el
crisol de la prensa se ensaya la escritura y las formas de La Regenta que pronto va
a «brotar» con no poca sorpresa del propio autor.
Su ingreso en el Madrid Cómico, en 1883, marca simbólicamente una nueva
orientación de su periodismo: con la llegada de los liberales al poder en 1881, que
cierra la fase más represiva de la Restauración y con su alejamiento de Madrid, se
vuelve, desde Oviedo, periodista «de sillón» o «de oficina», «colaborador
literario» más que periodista: privilegia la amenidad de los paliques género
periodístico y literario a la vez, los cuentos, la crítica literaria lo que
él llama «periodismo literario», pero no renunciará a una expresión más
política cuando las circunstancias se lo impongan a su conciencia, como en 1897 y 1898.
Maravilla de veras esa capacidad de Clarín para, desde el gabinete de lectura del Casino
de Oviedo, conseguir estar al tanto de cuanto pasa en el mundo e informar a su vez a sus
conciudadanos: tanto y más que el libro, la prensa es su fuente de información
inmediata. Su empeño en abarcar e interpretar el mundo desde una capital de provincia es
también como una respuesta al exceso de centralización, aun cuando, con harto y
salutífero realismo, sabe que a través de la prensa madrileña es como se accede al gran
público: si no ceja su interés por los órganos del republicanismo (El Globo, La
Justicia, y por supuesto, La Publicidad), busca cada vez más la audiencia de
los grandes rotativos o de las revistas... Es ya celebridad temida y odiada: son prueba de
ello sus sonadas polémicas estudiadas las más por José María Martínez Cachero, pero
también el permanente intercambio público con otros periódicos puede ser El
Eco de Gandía o con algunos de sus lectores, con todos aquellos «zascandiles»
que se dan por aludidos y de quienes recibe todas aquellas «esquelas ya anónimas, ya
firmadas», con recortes de papel pegados con oblea, que las más veces deja sin
contestar... Su fama de crítico y periodista tendrá incluso por consecuencia que en las
primeras historias de la literatura del XIX casi se olvide al novelista y al cuentista...
Progresivamente, aun cuando el comentario de la actualidad lo hace con más elevación y
distancia pero siempre con mordacidad, se conoce que le cansa la obligación
de ser «Clarín» y que de muy buenas ganas iría por la reflexión seria, el pensamiento
filosófico, aun cuando como profesional cumple con sus obligaciones y contratos hasta el
final.
LA OBRA PERIODÍSTICA
Gracias al inventario llevado a
cabo por Yvan Lissorgues imprescindible base para la publicación, por fin, de la
obra periodística completa de Clarín, se puede calcular que la producción del
conjunto de estos textos fragmentados «sembrados a los cuatro vientos», como dice
Clarín, es equivalente al texto de quince Regentas o de cincuenta novelas
como Su único hijo. Son más de dos mil trescientos los artículos
publicados por Clarín, lo cual supone un ritmo de unos siete artículos firmados
al mes entre 1875 y 1901, con puntas de hasta quince, como en 1882.
Los artículos de Clarín, que se publican en el folletín el lugar más noble
o en la última columna de la tercera plana, pueden ser verdaderos «fondos» como en
tiempos de El Solfeo y La Unión, pero también pacotilla de gacetillas y
sueltos yuxtapuestos en un palique, y cada vez más series que le permiten explayarse más
para más reflexión, y sobre todo artículos sobre todos los temas, de la
actualidad y de la no actualidad en los que sólo manda Clarín. En la escritura
clariniana, el artículo es la forma de referencia: es la unidad de producción y de pago,
enviada con puntualidad por contrato tácito a éste u otro periódico
más de cuarenta a lo largo de su vida, diarios, semanarios, revistas
culturales o ilustradas, de Madrid los más de ellos, pero también de Barcelona (La
Publicidad sobre todo), de Asturias y de otras provincias donde muchos de sus
artículos se reproducen, como en La Crónica de Badajoz o en La Ilustración de
Logroño, pero también publica artículos originales como en el Eco de Guadalope publicado
en Alcañiz. A Las Novedades de Nueva York enviará unos treinta artículos entre
1894 y 1897, y también unos pocos a La Nación de Buenos Aires, pero sólo uno a
la Nouvelle Revue Internationale. Lo cierto es que busca los periódicos de mayor
circulación, o aprovecha la multiplicación de los centros de emisión para la
propagación de sus ideas. Esto le lleva a veces a repetir ideas pero no fórmulas, ya que
sabe adecuar la forma de expresión periodística a cada periódico: para el Madrid
Cómico escribe «Paliques», para La Publicidad «Madrileñas» y, luego,
«Revistas mínimas», etc. Existe una verdadera estrategia de conquista de medios de
expresión, dentro de lo que cabe, o sea: lo que le consiente su conciencia de periodista
que no ha de claudicar ni transigir, por mucho que le cueste, profesional y
económicamente, como en el sonado caso de su ruptura con el director de La España
Moderna.
Toda esta ingente actividad remite a un trabajo diario de lectura y de escritura, las más
veces apresurada y fragmentada, con su endemoniada letra y el peligro de que a Dios le
hagan llamar Díaz los cajistas y «no se me quejó Dios», comenta Clarín, y
en muy contadas y, para él, escasas ocasiones, de manera más pausada y extensa, con
artículos no festivos que pueden continuarse, sin protesta de un director demasiado
atento, según Clarín, a por donde van los gustos o preferencias del público.
LA PRENSA COMO TRIBUNA
En el capítulo que dedica Yvan
Lissorgues al tema del periodismo y de la cultura en su gran libro sobre Clarín
político, encontrará el lector un agudo y exhaustivo análisis de la teoría de la
prensa y del periodismo por Clarín, imprescindible para entender e interpretar su propia
práctica de periodista. Para él la prensa es fundamentalmente «una gran tribuna para la
enseñanza popular» (El Español, 28-X-1899). Observa que no se leen libros, pero
que «el periódico empieza a leerse bastante; los obreros, los humildes, buscan con
avidez el impreso barato», y propone, pues, aprovechar «estas buenas disposiciones
populares para ir encauzando el gusto y el juicio de las masas camino del alimento
espiritual que puede convenirles» (El Globo, 10-II-1899), haciendo de la prensa un
instrumento de educación del pueblo, como medio de «predicación moral, en forma amena»
(El Heraldo, 23-XI-1896). Por eso, con no poca coherencia intelectual y moral,
Clarín propone resistir «el excesivo afán por seguir los gustos y vicios del público
en vez de guiarle, por culpa de orden económico» (Lunes de El Imparcial,
8-VIII-1892): no porque en España poco se lee o se consumen más palabras que ideas, se
resigna Clarín. Muy al contrario, pretende teorizándolo utilizar el canal de
la prensa para contrarrestar tan dañina tendencia y contribuir al cambio y le complace,
por consiguiente, el que algunos periódicos echen a publicar suplementos literarios,
cuentos, crónicas de arte, crítica, etc., que son unos adecuados medios para atraer al
público...
Como observa Yvan Lissorgues, esto supone un análisis y una crítica del periodismo al
uso: Clarín denuncia la doble tendencia observada en la prensa al noticierismo «el
empirismo caótico del noticierismo» que en la prensa diaria amenaza ahogar la idea
y al sensacionalismo, y también la «bobería ilustrada» de algunas revistas... Opone la
necesidad para los periódicos de «elevar su valor intelectual».
En resumidas cuentas, Clarín, como teórico y práctico del periodismo y de la prensa, es
un periodista y un crítico demócrata, ya que «la buena democracia en literatura
consiste en querer mejorar el gusto del público grande» (Madrid Cómico,
17-IV-1897) y, para Clarín, por la literatura es por donde se puede elevar también el
nivel cultural y político general. El periodista ha de enseñar y, como un sacerdote
laico, tener «cura de almas»: «Tanto como el maestro pone el medio, el saber leer,
importa el periodista, que debe poner el fin, lo que el pueblo debe leer» (El Español,
28-X-1899), sin que sus ideas puedan siempre ser expuestas y, por supuesto, oídas.
De ahí el deseo frustrado y los intentos fallidos de emanciparse de la ley del público y
de los directores, de esa «especie de censura previa, tácita, que limita la libertad del
escritor» (La Publicidad, 9-IV-1899), con la creación de órganos propios: el
misterioso e inencontrable Rabagás en 1872 o Museum en 1890, o la «gran
revista científica literaria y científica» de que tanto habla a Galdós, en 1892-1893.
Para Clarín, en España el periodismo no es carrera, y debiera serlo. De ahí su
reivindicación de los artículos firmados («dentro de la firma aunque de un
seudónimo se trate hay una personal garantía de un periodista verdadero»),
imprescindibles para la afirmación o construcción de la moral, del saber, de la
dignidad, del estilo, de la fama, de la carrera del periodista. Denuncia
satirizándolos a todos aquellos periodistas «gratuitos y obligatorios», muy
adeptos del «traperismo literario», que malvenden o regalan sus artículos. Como para
Zola y los intelectuales de la época, escribir por dinero en la prensa es un medio de
afirmación de su propia condición: «Las letras necesitan ser muy económicas, si
quieren tener la necesaria dignidad e independencia» (Madrid Cómico, 27-IV-1889).
Lo cierto es que, a costa de arduas negociaciones salariales de que dan cuenta sus cartas
con sus editores o directores, consigue Clarín hacer que se reconozca en España el valor
de su trabajo intelectual y, en 1895, «por el haber periodístico» se considera ya
clasificado «entre los generales de división, o, por lo menos, entre los directores
generales, un año con otro». El que sus colaboraciones periodísticas fueran fuente
importante, pero no principal, de ingresos para la vida de su familia también ha de
tenerse en cuenta y puede explicar la sensación de malestar y menosvaler del «buhonero
de la literatura menuda» que «atiend(e) a (sus) parroquianos, sirviendo paliques
a domicilio, de redacción en redacción, de pueblo en pueblo» (Madrid Cómico,
23-II-1889).
Clarín es, pues, un periodista consciente y con conciencia, y así lo fue manifestando
hasta el final de su vida, afirmando, como en sus años jóvenes, con agallas, su libertad
y la de la prensa, desafiando al fiscal del Supremo, Puga, en 1897, tras el asesinato de
Cánovas, a sabiendas de lo que podía pasar, para luego escudarse detrás del seudónimo,
afirmando con provocador cinismo que no conoce a ese Clarín del cual diz que se oculta un
tal Leopoldo Alas, y seguir escribiendo, a pesar del creciente desánimo y pesimismo vital
perceptible en uno de sus últimos cuentos Reflejo (Confidencia) cuando se
refiere «el señor X» a los libros que no hace («Son inútiles. No los leen. No los
saben leer») y a los artículos que sí se leen... «pero tampoco se entienden».
Cien años después, ya es hora de leer los artículos del periodista Clarín y de
entender la palabra periodística de Leopoldo Alas.
Esta síntesis puede ser
completada con la lectura de los siguientes libros y estudios:
ALAS CLARÍN, LEOPOLDO, Preludios
de Clarín, selección, introducción y notas por J. F. Botrel, Oviedo, I.D.E.A.,
1972.
, Juan Ruiz (Periódico
humorístico), transcripción, introducción y notas de Sofía Martín-Gamero, Madrid,
Espasa-Calpe, 1985.
, El hambre en
Andalucía, edición crítica; estudio preliminar y notas de Simone Saillard,
Toulouse, Presses Universitaires du Mirail, 2001.
ALAS UREÑA, LEOPOLDO, Tres
en una. Pieza en un acto, presentación de J. F. Botrel; transcripción y notas
preliminares de Ana Cristina Tolivar Alas, Oviedo, Principado de Asturias, 2001.
BESER, SERGIO y BONET, LAUREANO,
«Índice de colaboraciones de Leopoldo Alas en la prensa barcelonesa», Archivum,
XVI, págs. 157-211.
BLANQUAT, JOSETTE &
BOTREL, JEAN-FRANÇOIS (eds.), Clarín y sus editores (65 cartas inéditas de
Leopoldo Alas a Fernando Fe y Manuel Fernández Lasanta, 1884-1893), Rennes,
Université de Haute-Bretagne, 1981.
BOTREL, JEAN-FRANÇOIS,
«Producción literaria y rentabilidad: el caso de Clarín», en Hommage des
hispanistes français à Noël Salomon, Barcelona, Editorial Laia, 1979, págs.
123-133.
, «De periodista a
periodista: diez cartas de Clarín a Luis París», Letras de Deusto, núm. 32,
mayo-agosto 1985, págs. 171-184.
, «Clarín y el Madrid
Cómico. Historia de una colaboración (1883-1901)», en Clarín y «La Regenta»
en su tiempo. Actas del Simposio Internacional, Oviedo, 1987, págs. 3-24.
, «Zola, largent et
la condition de lécrivain en Espagne», en S. Saillard & A. Sotelo Vázquez
(eds.), Zola y España. Actas del Coloquio Internacional, Lyon (Septiembre 1996),
Barcelona, Universitat de Barcelona, 1997, págs. 35-43.
, «71 cartas de Leopoldo
Alas Clarín a Sinesio Delgado, director de Madrid Cómico (1883-1899) (y
seis de Manuel del Palacio)», Boletín del Real Instituto de Estudios
Asturianos, LI, núm. 149, enero-junio de 1997, págs. 7-53.
, «Clarín en 1898 o la
inteligencia día al día», en A. Vilanova, A. Sotelo Vázquez (eds.), La crisis
española de fin de siglo y la generación del 98. Actas del Simposio Internacional
(Barcelona, noviembre de 1998), Barcelona, Universitat de Barcelona, 1999, págs.
55-73.
, «Clarín, Francia y
Europa», ABC Cultural, 20-01-2001, pág. 12.
, «En el taller de
Clarín: de la cuartilla a la página», Turia, 57 (junio 2001).
LISSORGUES, YVAN, La
producción periodística de Leopoldo Alas Clarín, Toulouse, Université
Toulouse-Le Mirail, 1980.
, Clarín político,
Barcelona, Lumen, 1989, 2 vols.
RAMOS GASCÓN, ANTONIO (sel.
e introd.), Clarín, Obra olvidada. Artículos de crítica, Madrid,
Júcar, 1973.
SOTELO VÁZQUEZ, ADOLFO
(introd. y ed.), «Los artículos de Leopoldo Alas Clarín publicados en Las
Novedades, Nueva-York, 1894-1897», Cuadernos Hispanoamericanos. Los
complementarios/13-14, junio 1994.
UTT, ROGER L., Textos
y con-textos de Clarín, Madrid, Istmo, 1988.
|
|
PUBLICACIONES PERIÓDICAS
EN LAS QUE COLABORÓ CLARÍN*
YVAN LISSORGUES
COLABORACIONES OCASIONALES
1. Boletín de la Institución Libre de
Enseñanza (Madrid).
2. El Carbayón (Oviedo).
3. El Comercio (Gijón).
4. Don Quijote (Madrid). Del
5-VII-1895 al 29-IX-1899. 2 artículos.
5. Ecos del Nalón (Oviedo).
6. El Faro Moderno (Barcelona). 15-II y
6-III-1899. 2 artículos.
7. La Lectura (Madrid). I-1901. Prólogo a
Trabajo de Zola.
8. El Liberal (Madrid). Del 26-IV-1891 al
27-XII-1892. 2 artículos y varios cuentos.
9. La Lucha de Clases (Bilbao). 1-V-1899.
1 artículo.
10. Miscelánea. Del 2-X-1900 al
16-XII-1900. 4 artículos.
11. Para todo el mundo (Valencia). 1
artículo.
12. Pluma y Lápiz (Barcelona). Del
2-XI-1900 al 7-VII-1901. 3 artículos.
13. Las Provincias (Valencia). 1
artículo.
14. Revista Contemporánea (Madrid). 1876
y 1877. 2 poesías.
15. El Pueblo (Valencia). Del
15-X-1890 al 10-IX-1900. 5 artículos.
16. Revista Europea (Madrid). Del
5-XI-1876 al 3-III-1878. 5 artículos. Además publica su tesis: El Derecho y la
Moralidad.
17. Revista Ibérica de Política, Literatura,
Ciencia y Arte (Madrid). Del 16-IV al 1-VII-1883.
18. La Saeta (Barcelona). Del 17-I-1897 al
4-III-1897. 4 Paliques.
19. El Socialista (Madrid). 1-V-1899. 1
artículo.
COLABORACIONES CONTINUADAS
1. Arte y Letras (Barcelona). Del
1-II-1883 al 1-XI-1883. 5 artículos.
2. La Diana (Madrid). Del 1-II-1882
al 1-IV-1883. 13 artículos.
3. El Eco del Guadalope (Alcañiz). Del
4-V-1882 al 14-XII-1882. 8 artículos.
4. La España Moderna (Madrid). De
VII-1889 al IV-1890. 6 artículos.
5. El Español (Madrid). Del 6-III-899
al 30-III-1900. 12 artículos.
6. Gil Blas (Madrid). Del 22-I-1882 al
1-VI-1882. 24 artículos.
7. El Globo (Madrid). Del 1-II-1885 al
30-VI-1894. 19 artículos y 1 en 1898.
8. La Ilustración Española y Americana (Madrid).
Del 8-VI-1880 al 8-XI-1899. 15 artículos.
9. El Imparcial (Madrid). Véase los Lunes
de El Imparcial.
10. La Justicia (Madrid). Del 13-II-1888
al 8-VII-1889. 17 artículos.
11. Los Madriles (Madrid). Del 3-XI-1888
al 8-III-1890. 12 artículos.
12. Madrid Político (Madrid). Del
21-II-1885 al 16-XII-1885. 8 artículos.
13. El Mundo Moderno (Madrid). Del
14-II-1881 al 10-VII-1881.
14. La Nación (Buenos Aires). Del
20-IV-1892 al 14-II-1897. 6 artículos.
15. La Opinión (Madrid). Del 22-V-1886
al 30-XI-1886. 13 artículos.
16. El Porvenir (Madrid). Del 17-II-1882
al 19-XI-1882. 8 artículos.
17. El Progreso (Madrid). Del 5-V-1881 al
16-VIII-1883. 104 artículos.
18. Revista de Asturias (Oviedo).
19. Vida Nueva (Madrid). Del 22-V-1899 al
24-XII-1899. 4 artículos.
COLABORACIONES ASIDUAS
1. La Correspondencia de España (Madrid).
Del 2-XI-1890 al 1-VII-1898. 10 artículos.
2. El Día (Madrid). Del 18-X-1883 al
20-VII-1884, 59 artículos. Del 21-I-1892 al 24-VI-1893, 10 sátiras.
3. Heraldo de Madrid (Madrid). Del
10-IV-1895 al 24-IV-1901. 117 artículos.
4. La Ilustración Ibérica (Barcelona).
Del 19-IV-1884 al 18-I-1896. 36 artículos.
5. Los Lunes de El Imparcial (Madrid). Del
19-I-1880 al 19-XII-1881 y del 17-II-1890 al 10-VI-1901. 123 artículos.
6. Madrid Cómico (Madrid). Del 4-III-1883
al 23-III-1901. 389 artículos.
7. Las Novedades (Nueva York). Del
10-III-1892 al 30-IX-1899. 55 artículos.
8. La Publicidad (Barcelona). Del
15-II-1880 al 7-IV-1901 (con interrupción del 9-III-1883 al 23-V-1888). 220 artículos.
9. El Solfeo (Madrid). Del 7-III-1875 al
22-II-1878. 379 artículos.
10. La Unión (Madrid). Del 27-VII-1878 al
22-XII-1880. 164 artículos.
11. La Vida Literaria (Madrid). Sustituye
a Madrid Cómico. De I-1899 al 1-X-1899. 7 paliques.
|
|
|
|