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Conocí al director José Luis García Sánchez cuando él
aún era un «meritorio», esto es, un aprendiz de la industria del cine. Coincidimos en
el rodaje de Nueve cartas a Berta (1965), de Basilio Martín Patino, película cuyo
director de fotografía era Enrique Torán. A modo de curiosidad, debo añadir que en
dicha filmación nos reunimos varios de los futuros directores de fotografía del cine
español, pues el ayudante de cámara era Teo Escamilla, el fotógrafo era José Luis
Alcaine y el operador de cámara era yo. Y como José Luis es primo de Basilio, también
apareció por allí. De un modo natural, ese encuentro desembocó en una amistad que dura
desde entonces, y que ha fructificado en un extenso trabajo en común. Desde la primera
película que él dirigió, El love feroz (1972), hemos realizado juntos muchos
largometrajes, vídeos musicales e incluso montajes de teatro. Después de compartir
tantas experiencias, ya lo considero como un hermano.
En calidad de director de fotografía, he intervenido en
varias películas de José Luis, entre ellas Divinas palabras (1988) y El vuelo
de la paloma (1989). Pero, sin excepción alguna, nuestro rodaje más complicado fue
el de Tirano Banderas (1993). Llegado
el momento de poner en imágenes la obra de Valle-Inclán, nos trasladamos a Cuba. Tan
sólo éramos cuatro los españoles del equipo, integrado en su inmensa mayoría por
cubanos. Durante la filmación sentimos una gran soledad, a lo que hay que sumar el enorme
esfuerzo que supuso completar el trabajo en las ocho semanas que teníamos previstas.
Aunque Cuba tiene muchas ventajas, también es
cierto que a la hora de rodar existen inconvenientes, y entre ellos figura el hecho de que
resulta difícil que no se alargue el periodo de rodaje. En nuestro caso, dejándonos la
piel en el empeño, logramos completar la tarea con un solo día de retraso. Así, pues,
por las enormes dificultades que entrañó, Tirano Banderas es mi obra favorita.
En todo caso, no ha sido ésa mi única experiencia en
Hispanoamérica. He tenido la ocasión de rodar películas en México, Costa Rica, Panamá
y Puerto Rico. También he filmado en Argentina, donde fui director de fotografía de Camila
(1984), de María Luisa Bemberg. En esa oportunidad, también los españoles éramos
una minoría, pues a excepción de su protagonista, Imanol Arias, y de mí, todo el equipo
de aquel filme era argentino.
La relación con María Luisa Bemberg fue maravillosa. Sin
duda, era una mujer excepcional, encantadora, dotada de una tremenda resistencia física y
buena defensora de los movimientos feministas internacionales. Por otro lado, sabía
delegar funciones en su equipo, mayoritariamente femenino. Además, María Luisa venía a
España con cierta frecuencia, y siempre que lo hacía, solía llamarme y teníamos la
oportunidad de charlar. Con frecuencia, pienso que fue una lástima que Camila no
recibiera el Oscar ese año, dado que era una obra de buena calidad. Por muy diversas
razones, entre ellas políticas, la película obtuvo un grandísimo éxito en Argentina,
donde llegó a permanecer un año y medio en el cine donde se estrenó.
[Fernando Arribas es uno de los
mejores directores de fotografía del cine español. Presidente de la Asociación
Española de Autores de Fotografía Cinematográfica (AEC) y cofundador de la Academia de
las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, ha participado en producciones
internacionales como Por un puñado de dólares (1964), de Sergio Leone, y Patton
(1970), de Franklin J. Schaffner. Las declaraciones recogidas en este artículo
proceden de una entrevista grabada a mediados de 1999.] |
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