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Mientras se desarrollaba el rodaje de Torrente, el brazo
tonto de la ley, advertíamos que era éste un filme muy localista, cuya distribución
resultaría difícil más allá de nuestras fronteras. De hecho, ni siquiera sabíamos a
ciencia cierta si el filme agradaría al público español. Entiéndase, pues, el asombro
que supuso el hecho de que, repetinamente, me invitasen a la Semana de la Crítica en
Cannes y al Festival de Miami. Fue algo pasmoso, que aún no logro explicar de un modo
razonable.
No obstante, vale la pena detallar algunas de las
circunstancias que condicionaron la incomprensible exhibición internacional de Torrente.
Así, mientras que en Francia la película fue un fracaso en la taquilla, en Hungría fue
un gran éxito. Ignoro el porqué. En la misma línea, el público islandés convirtió la
edición en vídeo en un rotundo triunfo comercial, hasta el extremo de propiciar la venta
inmediata de la segunda parte, Torrente 2: Misión en Marbella. Insisto una vez
más: todo ello escapa a mi comprensión. Por lo que concierne a América Latina, sé que Torrente
ha llegado a países como Argentina, México y Colombia.
Por lo que hace a ese comercio, debo aclarar que deseo
lograr una buena distribución de la secuela que ahora presento, dado que me gusta viajar,
y por desgracia, cuando llegó a las pantallas la primera parte, apenas hice visitas
promocionales. Es más: en México podrían haberme invitado, pero al final un grupo de
periodistas me entrevistó mediante una conexión a través del satélite.
Poniéndome en el lugar del espectador medio, he ideado el
universo de Torrente con el fin de tratar dos géneros que me agradan, el
costumbrismo español y el cine de acción al estilo norteamericano, que procuro parodiar
de acuerdo con el humor que es de mi gusto. Hablo de esa comicidad que nos es propia, y
que, recurriendo a la noción de Valle-Inclán, me permite aplicar un espejo deformante
sobre el mundo real. Así, juego mucho con los estereotipos, y por ejemplo, me encanta que
el personaje cubano, interpretado por Alexis Valdés, seduzca a Inés Sastre, el gran amor
de Torrente. Como este personaje es tan racista, me divierte pensar en un afrocubano como
pareja de la mujer de sus sueños. Como es obvio, yo defiendo una ideología liberal y me
muevo entre amigos, así que nadie que conozca el universo desquiciado de Torrente puede
sentirse afectado por este tipo de planteamientos, claramente paródicos.
[Actor y director, el español Santiago Segura es una
presencia habitual en los medios audiovisuales. A él se deben dos de las películas más
taquilleras de la historia del cine español, Torrente, el brazo tonto de la ley (1999)
y Torrente 2: Misión en Marbella (2001). Las declaraciones que componen este texto
fueron recogidas el 27 de marzo de 2001.] |
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