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Al cineasta argentino León Klimovsky le tengo un gran afecto. Es un hombre entrañable con quien he vivido grandes momentos. Es además un buen profesional, conocedor de la técnica del cine. Su rapidez en la dirección en ocasiones le conducía a ciertos altibajos. Pero lo cierto es que, si se presentara la ocasión, no me importaría volver a hacer cine con él. Nuestra colaboración fue muy intensa. A partir de guiones ideados y escritos por mí, rodé junto a él largometrajes tan populares como La noche de Walpurgis (1970), Doctor Jekyll y el hombre lobo (1971), La rebelión de las muertas (1972), Una libélula para cada muerto (1973), la coproducción hispano-argentina El Mariscal del Infierno (1974), Muerte de un quinqui (1975), Último deseo (1976) y Secuestro (1976).

La verdad es que tras la belleza del cine se oculta un mundo oscuro. La profesión en sí es dramática. Las presiones, las envidias y las dificultades económicas pueden fácilmente conducir a estados de frustración e incluso, como ocurre en más de una ocasión, al abandono. Rodando junto a Klimovsky me acaecieron anécdotas de este tipo, que ejemplifican la faceta más dura del oficio.

En cierta ocasión, tras el éxito de La marca del hombre lobo (1968), la productora me llamó para hacer otra cinta del mismo género. Surgió entonces La noche de Walpurgis, dirigida por Klimovsky. Pues bien, con la película ya montada y el guión vendido, me llamó el gerente de la empresa para decirme que tuviese cuidado, porque el productor español pretendía quitarme del reparto e introducir en éste a otro actor. Probablemente, entre Klimovsky y los productores alemanes impidieron que me eliminara. Fue una sensación terrible de amargura. Es triste pensar que un hombre de la propia casa quiera acabar con tu carrera.

Por fortuna, las satisfacciones profesionales compensan este tipo de experiencias. Respecto a los técnicos no tengo dudas. Hay un conjunto de espléndidos profesionales en el cine español. Grandes maquilladores, directores de fotografía, segundos operadores. Los mejores maquilladores del cine español han trabajado conmigo: Paradela, Sesé, un auténtico maestro como Julián Ruiz, su hermano José Luis con quien se creó el primer maquillaje de hombre lobo en España y, naturalmente, Fernando Florido, que es quien en más ocasiones ha trabajado conmigo. En lo que concierne a la fotografía, mi cine está marcado por la tarea de Alejandro Ulloa, un estupendo y efectivo operador con quien he realizado varias de mis mejores películas. Posee un marcado sentido estético. Tampoco puedo olvidarme de Julio Burgos, un magnífico profesional, alumno además del gran José Fernández Aguayo.

En lo que concierne a los intérpretes, guardo un muy grato recuerdo de José Bódalo, extraordinario actor y un buen compañero. Lo mismo puedo decir de José Luis López Vázquez, otro buen compañero y formidable profesional. A Manolo Zarzo lo aprecio entrañablemente: me parece un estupendo actor, muy seguro y eficaz. Por desgracia, hay más actores desaprovechados; tal es el caso de Paloma Cela, otra fenomenal actriz y buena amiga mía. También he trabajado con magníficos actores de la vieja escuela. Hombres como Carlos Casaravilla, José Nieto, José Calvo, Alfredo Mayo o el mismo Antonio Vilar son imprescindibles para entender la historia de nuestro cine. La última hornada, pese a contar con muy buenos profesionales y estupendos compañeros, no creo que esté a la altura artística de los viejos maestros.

 

[Paul Naschy (Jacinto Molina) es el principal actor y director del cine fantástico realizado en España. Su carrera profesional transcurrió en diversos países y ha sido públicamente valorada por figuras como Steven Spielberg y Forrest J. Ackerman. Los testimonios aquí citados proceden de diversas entrevistas realizadas por Ignacio Armada y Guzmán Urrero entre noviembre de 1991 y febrero de 1992, y reunidas parcialmente en el volumen Paul Naschy: el ciclo de la luna llena (1993), prologado por Luis Alberto de Cuenca y editado por el Círculo de Escritores Cinematográficos con ocasión de un ciclo-homenaje en la Filmoteca Española.]

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