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Mi película más reciente como director, El lugar donde
estuvo el paraíso (2001), es una coproducción entre España, Argentina, Brasil y
Alemania, cuenta con el apoyo de Ibermedia y su equipo técnico es una amalgama de
profesionales venidos de distintos lugares de Hispanoamérica. Además de estrenarse en
España, su explotación comercial se prolongará en Argentina, Perú y muy posiblemente
Brasil. Y aunque va a inaugurar el Festival de Lima, hace tiempo que mi objetivo no es
realizar filmes para este tipo de muestras. De hecho, mi verdadera intención es llevar
las películas a las salas comerciales, para que el gran público las disfrute.
A mi modo de ver, los cineastas del entorno hispanohablante debiéramos pensar que no
sólo realizamos películas para nuestro país de origen. Dado que tenemos la suerte de
hablar una lengua común, hemos de diseñar proyectos que se puedan elaborar en
colaboración, de forma que puedan sobrepasar las fronteras nacionales.
Por desgracia, el desconocimiento mutuo es muy grande, y en
ello influye la escasa difusión de las cinematografías de nuestro entorno. En el fondo,
quien desconoce el cine que se lleva a término en un determinado país, también
desconoce su forma de vivir. Por eso mi productora, Tornasol, y el grupo de distribución
Alta Films, comparten el objetivo de estrenar películas iberoamericanas en España,
desarrollando de forma paralela proyectos de coproducción.
Pero todo eso presupone un esfuerzo de primer nivel, tanto
a la hora de llevar nuestras películas a los cines latinoamericanos, como a la hora de
rodar filmes en los cuales se comprometan profesionales de origen tan diverso. En este
punto, tan sólo puedo destacar la satisfacción personal que supone para mí el hecho de
vincular mi carrera a ambas orillas del Atlántico. No debe sorprender por ello que todos
los años quiera producir dos o tres películas en América. Para ese fin he de recurrir a
amigos como Juan Carlos Tabío, Adolfo
Aristarain y Sergio Cabrera; profesionales con quienes me gusta trabajar,
diseñando historias procedentes de nuestro fondo común.
Dicho esto, deberíamos concluir que relaciones como
éstas, tan fructíferas, van a ser muy enriquecedoras para todos nosotros. Hay gente de
enorme talento que puede incorporarse al cine español desde América, y no hablo sólo de
actores: también hay cineastas, guionistas y técnicos de extraordinaria solidez
profesional, con quienes nos podemos comunicar con total facilidad.
[El cineasta español Gerardo Herrero es uno de los más
firmes defensores de la colaboración cinematográfica entre España e Iberoamérica. En
ese afán, ha sido el productor de títulos como Guantanamera (1995), de Tomás
Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; Martín (Hache) (1997), de Adolfo Aristarain;
El coronel no tiene quien le escriba (1999), de Arturo Ripstein; Plata quemada (2000),
de Marcelo Piñeyro; y El hijo de la novia (2001), de Juan José Campanella.
Asimismo, Herrero ha dirigido con capital hispano-argentino Territorio comanche (1997),
Frontera Sur (1998) y El lugar donde estuvo el paraíso (2001). Las
declaraciones aquí transcritas fueron recogidas el 10 de enero de 2002.] |
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