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Cinematografías de la semejanza

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Desde los primeros años del siglo XX, el cine sirvió a los gallegos para establecer un vínculo familiar y fraternal entre sus pueblos y comarcas de origen y las poblaciones de inmigrantes que, poco a poco, estaban creciendo en las ciudades más importantes de Hispanoamérica. Pese a tal circunstancia, no deja de sorprender en el panorama cinematográfico español la intensa y continuada producción de películas realizadas por gallegos.

Las primeras propuestas audiovisuales son obra de fotógrafos convertidos en operadores cinematográficos. Tal es el caso de José Gil, quien filmó imágenes que hablaban de La emigración en los puertos gallegos (1911) y de Nuestras fiestas del más allá (1928). Entre ambos reportajes, una larga lista de títulos se refirió a las actividades que se realizaban en los pueblos de los patrocinadores de las imágenes, que después se estrenaban en Buenos Aires, Montevideo y otras capitales. Por otro lado, a lo largo de los años treinta, desarrolló alguna experiencia singular y no exenta de matices pintorescos, como la proyección de la película Las bellezas de Galicia (1931) durante la travesía del transatlántico Asturias.

También fue en estos años cuando comenzó su intensa andadura profesional Eligio González, quien hasta los años setenta se encargó de impresionar imágenes de las diversas sociedades y centros gallegos afincados en Buenos Aires.

Más allá de los planteamientos comerciales de las productoras más consolidadas en España e Hispanoamérica, lo cierto es que fueron varios los aficionados gallegos que, a lo largo de los años cincuenta y sesenta, aprovecharon los viajes a su tierra natal para llevar al celuloide la huella de España en sus países de adopción. Empleando un tono que podríamos llamar turístico, estos cineastas recorrieron las comarcas de sus antepasados para retratar cambios y progresos, con el fin de exhibir luego ese retrato ante las comunidades de emigrantes.

Cabe citar muy variados ejemplos. El pontevedrés Manuel Arís filmó Caminos de España en el Uruguay (1954-57); y el ribadaviense Armando Hermida llevó a término su Alma gallega (1965), desarrollando asimismo diversas producciones de firmas españolas como Galicia Cinegráfica y Celta Films, y también bonaerenses, como Cinematográfica Valle o American Hispana Films, entre otras muchas.

 

[Emilio Carlos García Fernández es catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universidad Complutense de Madrid. Fue socio fundador de la Asociación de Historiadores del Cine y ha publicado numerosos libros y artículos de tema cinematográfico.]

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