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El proyecto de Cuarteto
de La Habana comienza cuando a mí me ofrecen la posibilidad de rodar una
película en Cuba, dándome una libertad creativa total. Fue entonces cuando telefoneé a Mirtha Ibarra, pero aún no teníamos un
guión, tan sólo una idea. Desde el primer momento, sabíamos que este largometraje
debía rodarse en un clima especial, y no me refiero con ello al clima del Caribe, sino a
la calidez y el compañerismo que debían imperar durante la filmación. Esa fue la razón
por la cual juzgué fundamental rodearme de actores de confianza, de forma que, además de
Mirtha, quise contar con Ernesto Alterio y Javier Cámara, dado que había trabajado
previamente con ellos. Por otra parte, pensé que se trataba de dos actores que podían
compenetrarse muy bien, y de hecho así fue. En este sentido. Javier y Ernesto me
acompañaron desde el primer día en la isla, pues viajaron a Cuba cuando aún no había
guión, con el fin de conocer un poco el entorno y así empaparnos del ambiente local.
Al poco de llegar, organizamos una audición de guionistas
cubanos, a la cual asistió Julio Castillo, el primero de los convocados. Tras conversar
con él, decidí que debía ser el encargado de escribir conmigo el libreto.
Cuando salí de España, pretendía encontrarme con Cuba en
una cita a ciegas. Por fortuna, surgió el flechazo, y todo fue bien. Reconozco que me
apetecía el reto de viajar a la isla para contar desde allí una historia, y además no
pensaba que fuera especialmente difícil encontrar una trama interesante. De hecho, si el
viaje hubiera durado más tiempo, habríamos completado una serie de películas, porque a
medida que íbamos conociendo los cubanos, surgían nuevos relatos por contar. Obviamente,
se trata de un terreno abonado para la comedia, porque los habitantes de la isla tienen un
gran sentido del humor y una forma de ver la vida muy diferente a la de los españoles,
aun a pesar de que les ocurren cosas tremendas. Entre las situaciones que más me
sorprendieron en este ámbito, destaca una doble economía, la del peso y la del dólar,
que se refleja en el filme a través de la figura del auxiliar de vuelo que encarna Javier
Cámara. Es éste un pobre hombre que se hace pasar por piloto y con su salario está
renovando el palacio «Villa Lita», encantado de tener una novia como la universitaria
que interpreta Laura Ramos.
Gracias a ese ambiente de mutua confianza que caracterizó
el trabajo de los actores, nuestra tarea se vio muy facilitada. Si de algo estoy
satisfecho tras rodar la película es de su labor. Es más, ellos han logrado extraer la
faceta más positiva de un conjunto de personajes que, en mi opinión, son
inequívocamente negativos. No obstante, la filmación en Cuba no fue fácil, en parte
debido a que viajamos allí en la época más calurosa del año, durante el verano de
1998. Debo señalar en este punto que ya me habían advertido acerca de esa dificultad, y
la recomendación generalizada era que no plantease un rodaje más allá de comienzos de
mayo. Sin embargo, el proyecto nos había enamorado de tal forma, que no quisimos posponer
el plan de trabajo. Además, pese a tales inconvenientes, existía una ventaja de la que
había que sacar partido, y es que habíamos ensayado con anterioridad casi la mitad del
filme, tanto en lo relativo a las interpretaciones como en lo que concierne a los
movimientos de cámara.
Imagino que el hecho de que nosotros pudiésemos rodar Cuarteto
de La Habana posibilitó que el Instituto Cubano del Arte y la Industria
Cinematográficos (ICAIC) pudiera producir al mismo tiempo La vida es silbar (1998),
de Fernando Pérez. Una semana antes de comenzar nuestro rodaje se inició la filmación
de la citada película, que concluyó varias semanas después.
[El director español Fernando Colomo es responsable de
títulos como Tigres de papel (1977), El caballero del dragón (1985), Miss
Caribe (1988) y Cuarteto de La Habana (1998). El 9 de julio de 1999, durante la
presentación a la prensa de esta última película, Colomo concedió las declaraciones
que componen este artículo.] |
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