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El director español Carlos Saura es un ejemplo de
conciliación entre clasicismo y vanguardia. Muy querido por Luis
Buñuel, este cineasta ha seguido una carrera fértil en títulos y casi siempre osada
en los contenidos. La suya es una filmografía que se desplaza desde el neorrealismo de
sus orígenes hasta el ensueño estético de su obra reciente, donde cooperan disciplinas
como la pintura, la música y la literatura. Quien desee repasar con brevedad su obra,
puede leer los premios que han hecho de Carlos Saura uno de los cineastas españoles más
conocidos en todo el mundo. Con ese fin, citamos a renglón seguido varios de esos
reconocimientos.
Una de sus obras más logradas, La caza (1965),
ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, galardón que Saura recibió de nuevo
gracias a Peppermint Frapé (1967). En la misma línea, La prima Angélica (1973)
obtuvo el Premio Especial del Jurado en Cannes, al igual que Cría cuervos (1975).
Su largometraje Mamá cumple cien años (1979) fue candidato al Oscar como mejor
película extranjera y consiguió el Premio Especial del Jurado del Festival de San
Sebastián. Luego llegó su fructífera colaboración con el bailarín Antonio Gades,
reflejada en musicales como Bodas de sangre (1980), distribuidos con éxito en
numerosos países. Incluso, ya en fecha reciente, títulos como Goya en Burdeos (1999) y Buñuel
y la mesa del rey Salomón (2001) han mantenido viva la fama del director.
Sin embargo, buscando un trayecto insólito, las próximas
líneas harán referencia a la dimensión americana de Saura, un creador interesado por el
pasado y el presente de Iberoamérica, por su historia y su arte, como bien atestiguan
tres de las películas más peculiares de su filmografía: Antonieta, El
Dorado y Tango.
Antonieta (1982), partió de un guión de Jean
Claude Carrière en el cual éste adaptaba la novela de Andrés Henestrosa. Amigo y
colaborador de Buñuel, el guionista francés urdió en su libreto una trama con algún
trazo buñuelesco. Quien conduce el relato es Anna, una periodista francesa que redacta un
libro sobre mujeres famosas que se han suicidado. Durante su investigación, la escritora
descubre el caso de María Antonieta Rivas Mercado, hija de un conocido escultor y
arquitecto mexicano, secretaria y compañera del político Vasconcelos, muerta por el
disparo de un revólver en la Catedral de Notre-Dame de París, el 11 de febrero de 1931.
Al reconstruir el misterio, la propia Anna se ve implicada en la tragedia y alcanza a ser
testigo de su vértice más agudo.
Realizada en coproducción entre España, México y
Francia, Antonieta dispuso de un reparto internacional que encabezaron Isabelle
Adjani, Hanna Schygulla, Carlos Bracho, Ignacio López Tarso y Héctor Alterio.
Desgraciadamente, el filme fue recibido con discreta efusión, y aun con tibieza y
desacuerdo. Por lo demás, algo similar sucedió al director cuando estrenó El Dorado,
su adaptación del episodio final de Lope de Aguirre, rodada seis años después.
A decir verdad, El
Dorado fue uno de los esfuerzos más considerables del cine español de la época,
aun a pesar del desacuerdo crítico que siguió a su estreno. Estudiada sin el
apasionamiento peculiar de aquellas fechas, previas a la celebración del Quinto
Centenario, la película acredita no pocos valores, conjugados en un producto costoso y
arriesgado. Ciertamente, obstaculiza cualquier tentativa de análisis la comparación de
la obra de Saura con la espléndida Aguirre, la cólera de Dios (1973), del alemán
Werner Herzog, cuyo genuino resultado estético parece haber agotado cuanto proponía la
desdichada aventura de Aguirre y sus marañones. Sin embargo, no parece provechoso
contraponer intenciones, categorías y conductas cinematográficas tan diversas, pues
ambas películas tan sólo coinciden en el tema, y sus realizadores nada tienen en común.
El reparto de El Dorado era, sin duda, eficaz. Lo
formaban, entre otros, Omero Antonutti (Lope de Aguirre), Eusebio Poncela (Fernando de
Guzmán), Lambert Wilson (Pedro de Ursúa), Gabriela Roel (Inés de Atienza), José Sancho
(La Bandera), Féodor Atkine (Montoya), Patxi Bisquert (Pedrarias de Almesto), Francisco
Algora (Llamoso) e Inés Sastre (Elvira). Con la confianza del productor Andrés Vicente
Gómez, Saura dispuso asimismo de un equipo técnico de altura: Teo Escamilla fue el
director de fotografía y el compositor Alejandro Massó compuso la banda sonora.
Antes de escribir el guión, el cineasta leyó las novelas La
aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), del español Ramón J. Sender, y Daimón
(1978), del argentino Abel Posse, y también las crónicas de Tobirio de Ortiguera,
Francisco Vázquez y Custodio Hernández, configurando de ese modo su propia
interpretación de los hechos. Llegado el momento del rodaje, todo el equipo se trasladó
a Costa Rica, donde el director artístico Terry Pritchard se hizo cargo de la
construcción del barco y las barcazas donde, según el libreto, debían viajar los
hombres de Ursúa. La presencia de Pritchard no podía ser más favorable: prestigioso por
su trabajo en películas como La mujer del teniente francés (The French
Lieutenants Woman, 1980), de Karel Reisz, conocía bien las
dificultades de rodar en la jungla tras haber colaborado con el director John Boorman en La
selva esmeralda (The Emerald Forest, 1985).
Tras su compleja experiencia costarricense, Saura volvió a
Iberoamérica una vez más en 1998, para rodar una película musical en la estela de
anteriores creaciones suyas, como Bodas de sangre (1980), Carmen (1983), El
amor brujo (1986), Sevillanas (1992) y Flamenco (1995). El título
resultante de ese viaje fue Tango (1998),
una bella película argentina, fotografiada por Vittorio Storaro, tres veces ganador del
Oscar, y enriquecida por una partitura que se debió a Lalo Schiffrin. El libreto
conjugaba dos historias paralelas: por un lado refleja la filmación de un documental
acerca del tango, y por otro el itinerario íntimo del realizador de dicho documental,
Mario Suárez, encarnado por el magnífico actor argentino Miguel Ángel Solá. Con un
reparto que completaban Juan Luis Galiardo, Mia Maestro y Cecilia Narova, Tango recogía
la participación especial del bailarín Julio Bocca, y además fue distinguida como
candidata al Oscar a la mejor película extranjera. |
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