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La magnífica actriz Cecilia Roth, llamada realmente
Cecilia Rothemberg, nació en Buenos Aires el 8 de agosto de 1956, pero muy pronto
comenzó a recorrer ese tránsito de ida y vuelta existente entre Argentina y España. Un
tránsito que ella viene a definir como «un cambio de barrio» y que, en otro orden
quizá menos emotivo, expresa la necesaria colaboración que ha de establecerse entre el
cine de ambos países.
Los padres de Cecilia dejaron en ella, para el intelecto
como para la fantasía, su intensa pasión cultural. El padre, Jorge Abraham Rothenberg,
era economista y colaborador del periódico La Opinión, y su madre, Dina, era
cantautora y musicóloga. Este ambiente familiar descubre la raíz de su inclinación por
las artes: al tiempo que estudiaba Psicología y Fonoaudiología en la Universidad de
Buenos Aires, la joven se acercó al teatro y a la música. Pero en 1976, empujados por la
trágica circunstancia política de Argentina, los Rothemberg tomaron la determinación de
viajar a España.
El exilio fue especialmente doloroso para
Cecilia. Por fortuna, esa nostalgia cedió paso a su implicación en la efervescencia
cultural que se verificaba en la capital madrileña, a la cual se aplicó el rótulo de movida.
La joven registró la maqueta de un disco junto a su hermano Ariel, y así comenzó la
carrera musical de éste, como fundador en 1977 del grupo Tequila. Mientras tanto, su
hermana recibió clases de teatro y se aproximó al cine de la época, actuando en De
fresa, limón y menta (1977), de Miguel Ángel Díez y Las verdes praderas
(1978), de José Luis Garci.
Arrebato (1979), de Iván Zulueta, cambió la
orientación de su carrera cinematográfica. Este filme vanguardista, de imaginación
libre, desenfrenada, contenía también muestras de pensamiento que hoy cobran nueva
eficacia, y a través de tipos de imponente desmesura, ofrecía un recorrido por el deseo
y la incertidumbre, la cinefilia y la agonía. A ese aporte a la modernidad española,
Cecilia añadió otros nuevos, esta vez de la mano de Pedro
Almodóvar, en Laberinto de pasiones (1982),
Entre tinieblas (1983) y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984).
En 1985, cuando la movida madrileña tocaba a su
fin, la actriz volvió a Argentina, y allí permaneció durante catorce años,
comprometida en montajes teatrales y colaborando en diversos proyectos audiovisuales,
principalmente teleseries.
A comienzos de los noventa, la película Un lugar en el
mundo (1991), de Adolfo Aristarain, recuperó a la
actriz para el público español, que también celebró su trabajo en otro hermoso filme
de Aristarain, Martín (Hache) (1997), por el cual Cecilia Roth fue galardonada con
un Goya a la mejor intérprete protagonista. La exitosa película Todo sobre mi madre (1999),
de Pedro Almodóvar, relanzó definitivamente la carrera de la actriz, quien recibió
numerosas ofertas profesionales a ambos lados del Atlántico.
Cecilia Roth contrajo matrimonio con el músico Fito Páez,
e intérpretó a las órdenes de éste uno de los papeles de la coproducción
hispanoargentina Vidas privadas (2001), en cuyo reparto también figuran Héctor Alterio, Dolores Fonzi y el mexicano Gael García
Bernal, quien se dio a conocer internacionalmente por su papel en Amores perros
(2000), de Alejandro González Iñárritu. |
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