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El actor Jorge Perugorría, siguiendo la curva ascendente
del cine cubano, se ha consagrado como uno de los intérpretes habituales en el cine de
habla castellana, no sólo en su país de origen, sino en otros como España. De su
repertorio cabría destacar los personajes expuestos a pasiones y valores esenciales, en
los que transfunde no poco de lo que él ha vivido. De hecho, cuando perfila ese modelo,
Perugorría posee un encanto como acaso ningún otro de los intérpretes masculinos que
han salido de Cuba para rodar en el extranjero.
Nacido en La Habana el 13 de agosto de 1965, dio sus
primeros pasos en la escena cuando aún era un adolescente sin sus estudios completados.
Durante ese periodo, Perugorría midió el verdadero pulso de su carácter y se entregó a
su auténtica y nunca traicionada vocación de intérprete. Empeñado en saber más,
colaboró de forma muy estrecha con los grupos teatrales de Olga Alonso y Rita Montaner, y
fue uno de los fundadores de El Público, una compañía de afinidades entrañables, con
la cual emprendió diversos proyectos. De cuanto escenificó en esa etapa inicial nos
quedan noticias acerca de varios montajes: Jean Genet, Shakespeare y García Lorca fueron
algunos de los autores que lo sedujeron. Asimismo, participó en teleseries dramáticas
para la televisión, todas ellas con título sugerente: De tu sueño a mi sueño,
Castillo de cristal y Esperaré a que crezcas.
En este primer acto de su carrera queda aún el
acontecimiento más relevante: su entrada en el mundo del cine, primero como actor de
cortometrajes, y luego lanzado al protagonismo de películas de mayor envergadura.
Decididamente, fue su papel en Fresa y chocolate
(1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, el más decisivo de su
trayectoria. Perugorría encarnaba a Diego, el artista homosexual que entabla amistad con
un militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, interpretado por Vladimir Cruz.
Superando las previsiones más venturosas, Fresa y
chocolate se convirtió en la película de mayor éxito de publico en toda la historia
de la exhibición cinematográfica en Cuba. Además, consiguió un gran prestigio en
España (ganó el Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana) y fue la
primera producción cubana que logró una candidatura a los premios Oscar, en Hollywood.
Por otro lado, su elaboración se llevó a término gracias a una complicidad
internacional, pues en ella se implicaron el ICAIC, Telemadrid, la Sociedad General de
Autores Españoles (SGAE), el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) y la empresa
Tabasco Film, de México.
Buena parte del encanto de este filme se debe a un guión
escrito por Senel Paz, autor asimismo del relato en el cual se inspiró dicho libreto: El
lobo, el bosque y el hombre nuevo (1990). Toda esa buena acogida de Fresa y
chocolate propició un reencuentro feliz entre Gutiérrez Alea, Tabío y Perugorría,
cuando Enrique González Macho, distribuidor en España de la cinta, impulsó la
realización de Guantanamera (1995), producida por Gerardo Herrero y Walter
Achugar.
De nuevo bajo la dirección de Gutiérrez Alea, Jorge
Perugorría interpretaba convincentemente a Mariano, el atractivo camionero que se
incorpora a un cortejo fúnebre cuyo recorrido va de un extremo a otro de la isla. El
actor y dos de sus compañeros de reparto, Mirtha Ibarra
y Carlos Cruz, acompañaron a Tomás Gutiérrez Alea durante el estreno en Madrid de Guantanamera,
el 1 de septiembre de 1995. De algún modo, esa cita madrileña venía a significar la
inclusión del actor en la cinematografía española, que en lo sucesivo le ofreció
papeles cada vez más complejos. Así, intervino en Un asunto privado (1995), de
Imanol Arias; y en Cachito (1995), de Enrique Urbizu. El director Bigas Luna guió
su interpretación en Bambola (1996) y luego le dio el papel de Francisco de Goya
en Volaverunt (1999)
En 1997 protagonizó El mundo según Muriel (1997),
de Carlos Milewicz. Ese mismo año el cineasta español Manuel Gutiérrez Aragón le
ofrecía uno de los roles más atractivos de Cosas que
dejé en La Habana (1997): Igor, el rufián cubano ideado en el guión por Senel
Paz.
Aunque su carrera española prosiguió, y en ella se
incluyen filmes tan sensibles como Cuando vuelvas a mi lado (1999), de Gracia Querejeta, lo cierto es
que Jorge Perugorría fue desplazando la geografía de sus rodajes. El colombiano Jorge
Alí Triana fue su director en Edipo alcalde (1995), con guión original de Gabriel
García Márquez. Luego volvió a Cuba para dar vida a un personaje invidente en Lista
de espera (1999), de Juan Carlos Tabío. Y también viajó al Cono Sur, para
protagonizar dos películas de inspiración literaria: en Argentina, Doña Bárbara (1997),
de Betty Kaplan; y en la Patagonia, Tierra del Fuego (1999), del chileno Miguel
Littin.
En esa incesante actividad, en la que abundan los temas
iberoamericanos, Perugorría ha crecido como intérprete con inteligencia y finura. En
definitiva, nadie mejor que el propio actor para definir su posición en este ámbito de
colaboraciones, donde se entremezclan tantos acentos e inquietudes. |
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