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Cinematografías de la semejanza

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El 3 de mayo de 1902 vino al mundo el murciano José Nieto, un artista de raza capaz de englobar con su filmografía las principales etapas del cine español. No hay duda de que su personalidad interpretativa fue vigorosa: sin pertenecer a una escuela determinada, tenía igual medida en sus conocimientos técnicos que en sus cualidades naturales de actor. Pero he aquí un detalle extraordinariamente sugestivo y singular: viajó a Estados Unidos para rodar en lengua española, y el inglés que aprendió en aquellas tierras lo volvió a emplear en España, filmando grandes producciones de Hollywood. Sin duda, este recorrido transcultural merece contarse con el debido detalle, pues viene a enlazar emociones en apariencia distantes.

Comencemos por su juventud, cuando el adolescente José García Nieto, tras dejar los estudios, empezó a trabajar como botones en una empresa de seguros. Por esta época, en su doble vocación de agente de seguros y novillero, tuvo acceso a festejos taurinos en los cuales se anunciaba como José García, Josele. Pero su carrera como torero no llegó a fraguar, y optó por el mundo ecuestre.

A todo esto, Nieto decidió prescindir de los caballos cuando probó suerte en el teatro. Fue aprendiendo esta disciplina, técnica si las hay, a fuerza de representar papeles cada vez más complejos. Así se adelantó a otros compañeros, formando una imagen de galán que hubo de mejorar con los años. Conviene aclarar que no le faltaron maestros, pues debutó con la compañía de Paco Gómez Hidalgo, en la cual brillaba como primera actriz la espléndida Eugenia Zúffoli, esposa del tenor y actor José Bódalo, y madre del también actor José Bódalo (nacido, por cierto, en Córdoba, Argentina). En compañías como ésta, comprometidas en largas giras por la América Hispana, José Nieto adquirió su destreza de cómico.

Al fin, Nieto llamó la atención del cineasta Florián Rey, quien, sorprendido por sus habilidades de galán y jinete, le proporcionó un papel en El Lazarillo de Tormes (1925), adaptación del texto homónimo protagonizada por el niño Alfredo Hurtado, Pitusín, Manuel Montenegro y Carmen Viance. Después de esta primera experiencia en el cine mudo, el actor cobró fuerzas para rodar con brillo La Bejarana (1925), de Eusebio Fernández Ardavín; y La condesa María (1927), de Benito Perojo.

En esto llegó el cine sonoro y la empresa Paramount Pictures, que por entonces producía filmes en español, seleccionó a José Nieto para que viajase a Hollywood. En Los Ángeles, California, fue recibido por su paisano José Crespo, otro galán, protagonista de múltiples adaptaciones al español de títulos comerciales del cine estadounidense. En los estudios de la Paramount, Nieto rodó Cuerpo y alma (1931) y Eran trece (1931), ambas de David Howard; Mamá (1931), de Benito Perojo; y Marido y mujer (1932), de Bert E. Sebell.

Cuando se perfeccionaron los primeros sistemas de doblaje, José Nieto prolongó su relación con Paramount como actor de doblaje, actividad que desarrolló a lo largo de dos años en París. En 1933 contrajo matrimonio con la actriz y bailarina Lolita Benavente, a quien acompañó en gira hasta los Estados Unidos, reencontrándose de nuevo con el cine en español. Allá formó parte del reparto del musical Tango bar (1935), de John Reinhardt, cuya figura señalada era Carlos Gardel.

Tras la guerra civil, Nieto actuó en algunos filmes de tono propagandista, y luego llegó a ser una estrella con esa suerte que animó la primera etapa de su carrera. Bajo la influencia de Edgar Neville, pudo rodar Café de París (1943) y El traje de luces (1946), dos películas que ilustran su filmografía durante los años cuarenta. A propósito de este periodo del artista, Emilio C. García Fernández, en su Historia ilustrada del cine español (Planeta, 1985), señala lo siguiente: «Actor de mérito, con un especial carisma que lo sitúa entre el galán protagonista y el intérprete de carácter, su trayectoria a lo largo de esta década está cuajada de éxitos continuos, que hacen de él un hombre de envidiable popularidad. Sin alcanzar los niveles de atracción de (...) Alfredo Mayo, sí consigue José Nieto estar entre las primeras figuras masculinas del momento, como Raúl Cancio o Luis Peña. Ello, sin duda, lo demuestra su intervención en algunos de los grandes éxitos comerciales de la década; entre ellos Boda en el infierno (1942), de Antonio Román; El abanderado (1943), de Eusebio Fernández Ardavín; Los últimos de Filipinas (1945), de Antonio Román; Reina Santa (1946), de Rafael Gil; El tambor del Bruch (1947), de Ignacio F. Iquino; y La calle sin sol (1948), de Rafael Gil».

Por lo que concierne a los vínculos del actor con la materia de América, conviene resaltar el largometraje La nao Capitana (1947), de Florián Rey, donde se relata la accidentada travesía del navío que da título al filme, desde Sevilla hasta el Virreinato de Nueva España. Otra película de este periodo, Mare Nostrum (1948), producida por Cesáreo González y dirigida por Rafael Gil, permitió a Nieto compartir reparto con María Félix, gran dama del cine mexicano.

A lo largo de la década de los cincuenta, el actor acumuló nuevos éxitos: La Señora de Fátima (1951), de Rafael Gil; Carne de horca (1953), de Ladislao Vajda; Cañas y barro (1954), de Juan de Orduña; y en particular, Marcelino pan y vino (1954), una película de Vajda que logró una notable acogida internacional.

Por las mismas fechas, la industria del cine norteamericano eligió España como escenario de rodaje. Grandes producciones fueron realizadas en la geografía ibérica, y para su puesta en marcha resultó necesaria la colaboración de técnicos y actores españoles. José Nieto, cuyo buen nivel de inglés procedía de su etapa en Los Ángeles, participó en muchas de esas filmaciones. De ahí que en su trayectoria se incluyan títulos tan famosos como La princesa de Éboli (That Lady, 1955), de Terence Young; Alejandro Magno (Alexander the Great, 1956), de Robert Rossen; Orgullo y pasión (The Pride and the Passion, 1957), de Stanley Kramer; Adiós a las armas (A Farewell to Arms, 1957), de Charles Vidor; Salomón y la reina de Saba (Solomon and Sheba, 1959), de King Vidor; Rey de reyes (King of Kings, 1961) y 55 días en Pekín (55 Days at Peking, 1963), ambas de Nicholas Ray; Doctor Zhivago (1965), de David Lean; Campanadas a medianoche (1965), de Orson Welles; y Cervantes (1967), de Vincent Sherman.

En 1966, Nieto actuó en Pampa salvaje (1966), de Hugo Fregonese, una coproducción entre Argentina, España y Estados Unidos, cuyo reparto encabezaban Robert Taylor, Fela Roque, Ángel del Pozo, José María Caffarel y Laura Granados. En un ambiente pampeano, la acción se desarrollaba en 1870 y reflejaba un episodio aventurero propio de la Guerra del Desierto.

Al variar las inclinaciones del gusto del público, la década siguiente no resultó feliz para José Nieto, a pesar de su participación en filmes como El jardín de las delicias (1970), de Carlos Saura. Tras un periodo de paulatina decadencia, el excelente actor falleció en Matalascañas (Huelva) el 10 de agosto de 1982.

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