|
Alberto Manuel Rodríguez Gallego González de Mendoza
nació en Buenos Aires el 21 de enero de 1923. Hijo de emigrantes españoles (su madre era
navarra y su padre andaluz), el pequeño fue enviado a Madrid, con el fin de que realizase
sus estudios en la capital, concretamente en el Colegio de los Escolapios. Una vez
cumplido el ciclo elemental de sus formación, regresó a Buenos Aires a la edad de quince
años. Sin perder la frescura adolescente, Mendoza concibió el teatro como su impulso
vital, y aprovechó esa energía espontánea para implicarse en compañías de teatro,
estudiar baile e interpretación. En esta sucesión de contingencias cabe resaltar un
gusto pictórico nada desdeñable, mejorado con clases de dibujo y pintura.
Así dotado de aptitud y gusto artístico, Mendoza no
tardó en abrirse camino en el mundo artístico. Naturalmente, sus condiciones físicas le
proporcionaron papeles de galán, aunque enriquecidos con un sesgo de ironía, agudeza o
cinismo. El filme Un nuevo amanecer (1942), de Carlos Borcosque, inauguró su
carrera cinematográfica, a la cual se añadirían, entre otros títulos, El viejo
Hucha (1943), de Lucas Demare, La dama duende (1945), de Luis Saslavsky, y Cuando
en el cielo pasen lista (1946), de Borcosque.
Al tiempo que encauzaba su carrera teatral,
identificándose con su público, Alberto de Mendoza rodó Adán y la serpiente (1947),
de Carlos Hugo Christensen; Filomena Maturano (1948), de Luis Motura; La novia
de la marina (1948), del español Benito Perojo; Don Juan Tenorio (1949), de
Luis César Amadori; y Marihuna (1950), de León
Klimovsk, con quien volvió a coincidir en Suburbio (1950) y La vida de
color de rosa (1951).
Esta nutrida sucesión cinematográfica lo llevó de
Argentina a México, pero sin desatender sus intereses teatrales. Formó parte de la
compañía de doña Lola Membrives, actriz nacida en Buenos Aires, hija de padres
gaditanos y considerada unánimemente embajadora del teatro español en América. Gracias
a esta mujer admirable, Mendoza y sus compañeros interpretaron un repertorio en el que se
alternaban piezas de Federico García Lorca, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Eduardo
Marquina, José María Pemán y los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero.
Por la misma época, Mario Soffici dirigió al actor en Pasó
en mi barrio (1951), Barrio gris (1952) y Ellos nos hicieron así (1953).
Sin duda, esta etapa de la carrera de Mendoza se muestra bajo un aspecto muy favorable, e
incluye películas como Siete gritos en el mar (1954), de Luis César Amadori; La
bestia humana (1954), de Daniel Tinayre; Que seas feliz (1956), de Julián
Soler; La mujer marcada (1957), de Miguel Morayta; y El jefe (1958), de
Fernando Ayala; por la cual el intérprete obtuvo el Premio de la Crítica Nacional
Argentina.
En 1961 Alberto de Mendoza viajó a Madrid para representar
Divinas palabras, de Valle Inclán, en el recién inaugurado Teatro Bellas Artes.
Ese mismo año rodó en España El secreto de Mónica (1961), de José María
Forqué, que abre un segundo tramo en su carrera fílmica, esta vez en suelo español.
Así, Mendoza pudo lucir su apostura en La reina del Chantecler (1962), de Rafael
Gil, coprotagonizada por la estrella Sara Montiel.
Excelente tirador de esgrima, el actor argentino era el
tipo cabal de aventuras de capa y espada como La máscara de Scaramouche (1963), de
Antonio Isasi-Isasmendi, y Los corsarios (1970), de Ferdinando Baldi. En este
contexto popular, su presencia fue asidua en todo tipo de géneros: el cine policiaco (Un
tiro por la espalda, 1964, de Antonio Román), la aventura internacional (Armas
para el Caribe, 1965, de Claude Sautet), las historias de camaradería
militar (Los guardiamarinas, 1966, de Pedro Lazaga) e incluso el cine
bélico, al estilo de Hora cero: Operación Rommel (1968), de León Klimovsky, un
filme protagonizado por Jack Palance en la etapa en que la industria española se lanzaba
con buen tino al mercado internacional.
A ese periodo corresponde el valioso largometraje de terror
Pánico en el Transiberiano (1972), de Eugenio Martín, cuyo reparto encabezaban
Christopher Lee, Silvia Tortosa, Alberto de Mendoza, Peter Cushing, Jorge Rigaud y Telly
Savallas.
De viaje por el cine europeo, Mendoza acreditó cualidades
interpretativas en varios idiomas, si bien mantuvo sus lazos con la cinematografía
española, colaborando en producciones como Avisa a Curro Jiménez (1978), de
Rafael Romero Marchent; y Manaos (1979), de
Alberto Vázquez Figueroa. Esta carrera del actor argentino se enriqueció luego en la
televisión, medio en el cual ha colaborado de forma constante. |
|