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Si alguien en este ámbito de intercambio merece un espacio
de privilegio, ese alguien es José López Rubio, escritor y cineasta español nacido en
Motril, Granada, el 13 de diciembre de 1903, y fallecido en Madrid en 1996. Sin duda, el
destino de este creador fue impulsar la cinematografía de habla española, y así lo
hizo, tanto en su país como en los Estados Unidos y en México.
Antes de ensayar el séptimo arte, López Rubio se dedicó
a la literatura, una pasión que movió sus primeros impulsos: por ejemplo, el de
abandonar la carrera de Derecho para colaborar en publicaciones como Buen Humor y
Gutiérrez. Obviamente, el mal humor no tuvo cabida en sus páginas: los Cuentos
inverosímiles (1928) y, sobre todo, la novela Roque Six exponen su
carácter sonriente, situado dentro de la órbita humorística de su tiempo. No en vano
cultivó la amistad de Ramón Gómez de la Serna y fue asimismo compañero de Edgar Neville y Jardiel Poncela, junto a quienes urdió sus
primeras comedias.
En ese afán de comediógrafo, escribió De la noche a
la mañana (1928) y La casa de naipes junto a su buen amigo Eduardo Ugarte,
quien estaba casado con una hija de Carlos Arniches y además era el fundador, con García
Lorca, del grupo teatral La Barraca. Ugarte y López Rubio fueron reclamados por
un agente de la compañía estadounidense Metro-Goldwyn-Mayer, que por esas fechas reunía
a los equipos encargados de rodar películas
en español en suelo californiano.
Sin duda podríamos decir que ese nuevo trabajo en
Hollywood tuvo algo de reunión amistosa, pues ambos jóvenes tuvieron la oportunidad de
reencontrarse con Edgar Neville, Jardiel Poncela y Antonio de Lara, Tono, ya
comprometidos en diversos rodajes. La misión de Ugarte y López Rubio fue la de adaptar
guiones al español, escribir diálogos adicionales y, en algún caso, completar libretos
originales.
Dejando a un lado anécdotas de carácter personal (López
Rubio fue gran amigo de Charles Chaplin), cabe resaltar que su compromiso con ese proyecto
cinematográfico fue sobresaliente. En su libro ¡Nos vamos a Hollywood! (Nickel
Odeón, 1993), Jesús García de Dueñas pone en orden la filmografía del granadino. En
una primera etapa, contratado por Metro-Goldwyn-Mayer, colaboró como adaptador en los
guiones de tres filmes hablados en español: La fruta amarga (1930), de Arthur
Gregor; La mujer X (1930), de Carlos F. Borcosque; y El proceso de Mary Dugan (1930),
de Marcel De Sano.
En 1931, el proyecto de rodar esas producciones para el
mercado hispanoparlante pareció detenerse, pero bien pronto se reanudó. Así lo explican
Juan B. Heinink y Robert G. Dickson en Cita en Hollywood (Mensajero, 1990):
«Seis meses después, Fox vuelve a llamar a José López Rubio, y durante tres temporadas
más prepara las versiones cinematográficas de obras teatrales de Gregorio Martínez
Sierra y de otros autores españoles o suramericanos; también adapta comedias musicales
para José Mojica, así como los diálogos de varias operetas, que destacan por su fino
sentido del humor y aguda ironía. Además, López Rubio pone remedio a la escasez de
medios con gran imaginación, ahorrando en decorados a base de aprovechar los que habían
sido diseñados para películas de alto presupuesto, y al final de aquella etapa logra
controlar casi por completo la producción de Rosa de Francia, repaso mordaz de
ciertos personajes intocables de la Historia de España».
Lo precedente se puede comprobar en la filmografía de
López Rubio para la Fox Film Corporation, en la que se incluyen Eran trece (1931),
de David Howard; Mamá (1931), de Benito Perojo; Mi último amor (1931), de
Lewis Seiler; Marido y mujer (1932), de Bert E. Sebell; El caballero de la noche
(1932), de James Tinling; El último varón sobre la tierra (1932), también de
Tinling; Primavera en otoño (1933), de Eugene Forde; El rey de los gitanos (1933),
de Frank Strayer; Una viuda romántica (1933), de Louis King; No dejes la puerta
abierta (1933), de Lewis Seiler; Yo, tú y ella (1933), de John Reinhardt; y La
ciudad de cartón (1933), de Louis King. Asimismo, escribió en español tres guiones
para John Reinhardt: Granaderos del amor (1934), Un capitán de cosacos (1934)
y Dos más uno, dos (1934).
Tras su intervención como guionista-adaptador en
Señora casada necesita marido (1934), de James Tinling, Julieta compra un hijo (1935),
de Louis King, Te quiero con locura (1935) y Piernas de seda (1935), ambas
de John J. Boland, José López Rubio puso en marcha una de las producciones más
singulares de esta etapa, la ya mencionada Rosa de Francia (1935), de Gordon Wiles,
cuyo guión, basado en la comedia original de Eduardo Marquina y Luis Fernández Ardavín,
se ambientaba en el siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V, reinventando con gracia
el compromiso entre la joven francesa Luisa Isabel de Orleans (Rosita Díaz Gimeno) y Luis
I, príncipe de Asturias (Julio Peña).
La última película estadounidense de la carrera de López
Rubio fue La vida bohemia (1937), de Josef Berne. Posteriormente, viajó a México,
donde escribió el libreto de María (1938), de Chano Urueta, versión
cinematográfica de novela homónima de Jorge Isaacs. Cuando el escritor volvió a
España, tuvo que despedirse de su amigo Eduardo Ugarte, quien permaneció en tierra
mexicana. Durante su exilio, Ugarte siguió trabajando para el cine: escribió para el
director Raphael J. Sevilla los guiones de El secreto de la monja (1939), El
insurgente (1940) y Amor chinaco (1941); y en colaboración con Max Aub,
preparó el libreto de La monja alférez (1944), de Emilio Gómez Muriel. A este
respecto, suele resaltarse que una de las creaciones más notables del español fue el
guión de Ensayo de un crimen (La vida criminal de Archibaldo de la Cruz) (1955),
ideado junto a Luis Buñuel.
A su regreso a España, López Rubio retomó la actividad
literaria, que lo movió a escribir para el teatro. Además de textos originales (Celos
del aire, Cena de Navidad, La venda en los ojos y La otra orilla, entre
otros), han de citarse en este resumen sus traducciones de Oscar Wilde, Molière y Arthur
Miller, llevadas a cabo con un claro propósito escénico. Miembro de la Real Academia
Española desde 1983, fue galardonado con la Medalla de Oro a las Bellas Artes en 1995.
De su carrera como director de cine, son dignos de mención
títulos como La malquerida (1940), según la obra de Jacinto Benavente; Pepe
Conde (1941), inspirado en el sainete de Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández; Sucedió
en Damasco (1942), donde se adaptaba la zarzuela El asombro de Damasco, de
Antonio Paso y Joaquín Abati; y Eugenia de Montijo (1944), filme en torno a la
esposa de Napoleón III, a quien dio vida la actriz Amparo
Rivelles. |
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