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Cinematografías de la semejanza

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Nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 1 de marzo de 1969, el español Javier Bardem bien puede presumir de su estirpe teatral. No en vano sus abuelos fueron dos grandes actores, Rafael Bardem y Matilde Muñoz Sampedro. Además, Javier es hijo de una excelente actriz, Pilar Bardem, y sobrino de uno de los directores clásicos del cine español, Juan Antonio Bardem, a quien debemos películas como Esa pareja feliz (1951), Cómicos (1953), Muerte de un ciclista (1955) y Sonatas

Bardem compuso muy pronto un personaje. Contaba sólo cuatro años cuando fue reclamado por Fernando Fernán-Gómez para que interviniese en uno de los episodios de la serie televisiva El pícaro (1973). Pero aquella intervención tuvo más de casualidad que de verdadero comienzo profesional, y Javier prefirió matricularse en la madrileña Escuela de Artes y Oficios, expresando un breve pero acentuado interés pictórico.

A pesar de esa inclinación por la pintura, el joven no pudo soslayar un carácter heredado, y es que la familia Bardem posee, en grado nada común, el genio de los comediantes. Precisamente fue el productor Pedro Masó quien despejó sus dudas, ofreciéndole un papel en la teleserie Segunda enseñanza (1985), que tuvo gran resonancia entre el público español. También realizado por Masó, el teledrama policiaco Brigada Central (1988) dio un nuevo empuje a la carrera del joven, quien por esas fechas ya se había incorporado a una compañía independiente de teatro.

Al pulir su prometedor talento dramático, Javier Bardem pudo mostrar un estilo sobrio y natural, pero muy vigoroso, vario y dotado de una energía nada común, a la que no es ajena la robustez física del actor. Esos fueron, justamente, los ingredientes que el director Bigas Luna potenció en Las edades de Lulú (1990), Jamón, jamón (1992) y Huevos de oro (1993), tres películas excesivas y sensuales, que llegaron a encasillar al joven intérprete en papeles vinculados al estereotipo machista. No obstante, la intensidad de su interpretación fue reconocida por la crítica y la audiencia. Gracias a su labor en Jamón, jamón le fueron otorgados el premio al mejor actor revelación de la Unión de Actores y el Premio Sant Jordi al mejor actor. Asimismo, figuró entre los candidatos al Premio Goya al mejor actor protagonista por el citado filme y por Huevos de oro.

En lo sucesivo, sus interpretaciones fueron creciendo en densidad. Realizó un excelente trabajo en El detective y la muerte (1993), de Gonzalo Suárez, y luego dio vida a un escalofriante personaje en Días contados (1994), de Imanol Uribe. Una vez más los premios reconocieron su esfuerzo: fue galardonado como el mejor actor en el Festival de San Sebastián y asimismo recibió el Goya al mejor intérprete masculino de reparto. Un año después, lograba el Goya al mejor actor protagonista por la comedia Boca a boca (1995), de Manuel Gómez Pereira.

Dejando aparte sus brillantes interpretaciones en Carne trémula (1997), de Pedro Almodóvar, Entre las piernas (1998), de Manuel Gómez Pereira, y Segunda piel (1999), de Gerardo Vera, hay una faceta en la carrera de Javier Bardem que lo vincula a temas iberoamericanos. Por ejemplo, en Perdita Durango (1997), de Álex de la Iglesia, se recreaba (con buenas dosis de fantasía) un desgraciado suceso ocurrido en México a fines de la década de los ochenta, cuando en el Rancho Santa Elena, no lejos de Matamoros, se descubrieron los restos de un ritual macabro, en el cual se distinguía el sello de una pareja de criminales que practicaban la magia negra. Con su siniestra caracterización, Javier daba vida al protagonista, un tipo desalmado, violento y pendenciero.

En 1997, el actor protagonizó Éxtasis, de Mariano Barroso, junto al argentino Federico Luppi, y ese mismo año colaboró en la comedia Airbag, de Juanma Bajo Ulloa, encarnando al enloquecido galán de una telenovela venezolana. Al poco tiempo, el pintor y director Julian Schnabel le ofreció el papel principal de Antes que anochezca (2000), un filme sobre la patética vida del escritor cubano Reinaldo Arenas. Esta desgarradora y densa interpretación mereció numerosos premios internacionales y una candidatura al Oscar. De un modo muy oportuno, el siguiente proyecto del actor, The dancer upstairs (2001), de John Malkovich, volvía a ambientarse en tierras americanas para describir los últimos días del grupo terrorista peruano Sendero Luminoso.

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