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Cinematografías de la semejanza

Testimonios



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Conocido entre nosotros como uno de los intérpretes de mayor fama, Antonio Banderas ha encauzado una carrera internacional, abriendo paso a la colaboración entre distintas cinematografías. El actor nació en Málaga el 10 de agosto de 1960, y muy pronto manifestó su gusto por el teatro. Para desarrollar profesionalmente esa vocación, viajó a Madrid, pero la suerte no le sonrió en la capital, y tuvo que sufrir no pocos sinsabores antes de pisar un escenario de importancia.

Sin lugar a dudas, el largometraje Laberinto de pasiones, de Pedro Almodóvar, fue la principal línea de su currículo durante esa etapa. Luego llegaron otros filmes en lo que pudo manifestar sus cualidades: entre ellos, Los zancos (1984), de Carlos Saura; Réquiem por un campesino español (1985), de Francesc Betriu; y La corte de faraón (1985), de José Luis García Sánchez. De nuevo a las órdenes de Almodóvar, participó en La ley del deseo (1986) y en Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Esta última producción le permitió viajar a Hollywood, donde dicho filme compitió por el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

De nuevo en España, Antonio Banderas colaboró en otras cintas de interés, caso de Bajarse al moro (1988), de Fernando Colomo; Si te dicen que caí (1989), de Vicente Aranda; ¡Átame! (1989), de Almodóvar; y Contra el viento (1990), de Francisco Periñán. Curiosamente, mientras todo este trabajo definía el interés del actor por los papeles complejos, una casualidad un tanto frívola vino a plantear una nueva perspectiva en su carrera. Un encuentro con la cantante Madonna, y los posteriores elogios de ésta, plasmados en el filme En la cama con Madonna (1990), convirtieron a Banderas en uno de los galanes jóvenes más conocidos del mundo hispanohablante.

En lo sucesivo, el actor tuvo que aprender inglés para incorporarse a la industria estadounidense, donde pasó a personificar todo tipo de personajes de origen hispano. Fue el cubano Néstor Castillo en Los reyes del mambo tocan canciones de amor (The Mambo Kings, 1991), película rodada en Los Ángeles por Arne Lincher, a partir de un guión basado en el libro de Óscar Hijuelos, premio Pulitzer en 1990. Poco después, dio vida al amante homosexual de Tom Hanks en Philadelphia (1992), de Jonathan Demme.

A continuación, Banderas participó en el rodaje de La casa de los espíritus (The House of Spirits, 1993), filme de Bille August que popularizó en todo el mundo la novela homónima de Isabel Allende en que se inspiraba. Otro tanto ocurrió con De amor y de sombras (Of Love and Shadows, 1994), de Betty Kaplan, basada en otra novela de la misma autora, y esta vez filmada en Argentina. Estas dos películas del actor español alentaron sus avances en el cine internacional.

Por otro lado, pese a rodar habitualmente en inglés, Antonio Banderas ya defendía por esas fechas la identidad iberoamericana de sus personajes, hecho que, a su modo de ver, favorecía el progreso de las culturas de España e Hispanoamérica en países como Estados Unidos.

Tras filmar Entrevista con el vampiro (Interview with the Vampire, 1994), de Neil Jordan, el joven actor dio vida a El Mariachi, personaje principal de la película de acción Desperado (1995), de Robert Rodríguez, coprotagonizada por la mexicana Salma Hayek. Asimismo, se trasladó a Miami para rodar Two Much (1995), del español Fernando Trueba, filme donde compartió cabecera de reparto con las actrices norteamericanas Melanie Griffith y Daryl Hannah. Esta producción humorística, basada en la novela de Donald Westlake Un gemelo singular, sirvió a Banderas para adentrarse definitivamente en la cinematografía de Estados Unidos, país donde fijó su residencia en 1995.

Su carrera posterior dibuja una idea un tanto estereotipada, pero eficaz sin duda, del galán latino (llamado por los anglosajones latin lover). Actor de múltiples y ajustados recursos, dio vida al Che, Guevara en el musical Evita (1996), de Alan Parker, y luego se embarcó en un proyecto de tema aventurero: La máscara del Zorro (The Mask of Zorro, 1998), de Martin Campbell. En este caso, Banderas se incorporaba a una larga tradición cinematográfica. De hecho, el personaje del Zorro, ideado por el folletinista Johnston McCulley en su novela The curse of Capistrano, (1919), ya había sido encarnado en la gran pantalla por actores como Douglas Fairbanks y Tyrone Power. Gracias al proyecto de Campbell, por primera vez un hispano interpretaba al héroe enmascarado de la California española. Ahondando en la raíces del asunto, la fantasía del Zorro se entremezclaba esta vez con historias de bandidaje reales, como la protagonizada por el legendario Joaquín Murrieta.

El mismo año en que estrenaba su nuevo filme, El guerrero n.º 13 (The 13th Warrior, 1999), de John McTiernan, Antonio Banderas presentó en el Festival de Venecia su primera cinta como director, Locos en Alabama (Crazy in Alabama), protagonizada por su esposa, Melanie Griffith.

A pesar de su interés por un cine comercial, apto para todos los públicos, Antonio Banderas ha sabido seleccionar productos de indudable dignidad profesional. Entre los últimos frutos de esta vocación cabría destacar Femme Fatale (2002), de Brian DePalma; y Spy Kids (2001), de Robert Rodríguez.

Los futuros proyectos, como bien puede comprenderse, presentan entre sí rasgos comunes: el estímulo espectacular que facilite su difusión y el apego a unas raíces hispanas, expuestas en temas y personajes.

De todo ese plan, aún por desarrollar, sobresalen dos películas acerca de figuras mexicanas, Frida Kahlo, de Julie Taymor; y Emiliano Zapata, de Gregory Nava.

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