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Su verdadero nombre, Magdalena Nile del Río, delata una
estirpe artística de primer orden, pues Imperio es hija del matrimonio formado por el
guitarrista Antonio Nile y la actriz Rosario del Río. Actriz soberana y cantante y
bailarina de gran estilo, nació en Buenos Aires el 26 de diciembre de 1906, durante la
gira de sus padres por Argentina.
Modelando sus raíces, la infancia de la futura estrella
está constituida por dos etapas, una malagueña y la otra bonaerense, que constituyeron a
su formación musical.
Gracias al apoyo de la bailarina española Pastora Imperio,
salió a los escenarios con el nombre de Petite Imperio. Orgullo de su madrina, contaba
sólo siete años y ya era una artista de fama y con las más altas capacidades creativas.
Como otras estrellas de su generación, recorrió las dos orillas. En su caso, el retorno
a España se dio en 1926, coincidiendo con un nuevo bautizo artístico, oficiado esta vez
por Jacinto Benavente (y es que don Jacinto fue el responsable de que cambiase su nombre
por el de Imperio Argentina).
Actuando en Madrid, despertó la admiración de un
magnífico cineasta, Florián Rey. A su lado, Imperio intervino en extraordinarias
películas y también conoció el amor. Así, Rey fue su director en la versión muda de La
hermana San Sulpicio (1928). Luego, en los estudios de la compañía Paramount en
Joinville, no lejos de París, la joven intérprete participó en varias producciones
estadounidenses rodadas en español:
Su noche de bodas (1931), de Louis Mercanton; y por supuesto, Melodía de arrabal (1933),
de Louis Gasnier, donde su galán era Carlos Gardel, con quien volvió a coincidir en el
mediometraje La casa es seria (1933), de Jaquelux.
Ese intermedio tanguero pulió el estilo de Imperio, quien
parecía destinada a convertirse en una de las grandes damas del cine musical, tanto en el
cine de la República como en el filmado en estudios alemanes durante la guerra civil. De
hecho, así quedó confirmado en las cintas que rodó junto a Florián Rey: La hermana
San Sulpicio (1934), Romanza rusa (1934), Nobleza baturra (1935), Morena
Clara (1936), Carmen la de Triana (1938) y La canción de Aixa (1939).
En 1941, viajó a Italia para protagonizar Tosca,
dirigida por Carlo Koch con la ayuda de Luchino Visconti. En aquel momento trágico,
coincidente con la guerra europea, Imperio regresó a España. Por desgracia, su talento
no volvió a encontrar vehículos adecuados, pese al relativo interés de Goyescas (1942),
de Benito Perojo; y de Bambú (1945), de José Luis Sáenz de Heredia. La posguerra
hizo que se extinguiese su canción, y en esa circunstancia, alejada paulatinamente del
cinematógrafo, juzgó conveniente regresar a su tierra natal, Argentina, donde
permaneció largo tiempo.
Con afán nostálgico, las nuevas generaciones quisieron
restablecer esa fama que la rodeó en la década de los treinta, cuando era una actriz
bella y graciosa, tan inaudita y tan admirable. Protagonizó el folletín Ama Rosa (1960),
del argentino León Klimovsky, y años después,
convertida en una entrañable actriz de carácter, dio vida a los personajes principales
de Tata mía (1986), de José Luis Borau; y El polizón del Ulises (1987),
de Javier Aguirre.
Los aplausos que recibió durante su gala en la Exposición
Universal de Sevilla, en 1992, manifestaron el modo en que la admira su público, el mismo
al que se dirigen las memorias que recientemente publicó la actriz, y en las cuales se
revela el amplio y sugestivo sustrato vital de su carrera. |
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