El diálogo sostenido entre las cinematografías de España e Iberoamérica nos permite
participar en el proceso de construcción y reforma de nuestras tipologías
características. De ese modo, al convertirse la gran pantalla en reflejo de identidades,
cada película es una nueva oportunidad para subsanar prejuicios o, por el contrario, para
fortalecer los estereotipos más contumaces.