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Eduardo Chillida

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«Chillida nos ha descubierto la respiración del caserío vasco
(sus grandes pulmones) y su luz, su dimensión vital.
Ha encontrado en el interior del caserío la esencia
de su escultura en busca de una arquitectura heterodoxa.»

Inauguración del Chillida Leku. Eduardo Chillida, rodeado de Sus Majestades, los Reyes de España don Juan Carlos y doña Sofía, el presidente del Gobierno, don José María Aznar, el lehendakari del Gobierno vasco, don Juan José Ibarretxe, y otras personalidadesDesde septiembre de 2000 Chillida Leku exhibe 42 esculturas dispersas por la finca y 120 obras entre figuras menores, gravitaciones y dibujos dentro del caserón del siglo XVI.  Se trata de un proyecto que Eduardo Chillida vino madurando durante 18 años y que por fin materializó en Hernani.

«Ha sido como un bebé que hemos visto crecer a nuestro lado», explica Luis Chillida, director del centro y uno de los ocho hijos del artista.

Un año después de aquel estreno, el viejo caserón de Zabalaga del siglo XVI y la finca de 12 hectáreas que lo rodea han recibido 80000 visitas. «Hemos superado las previsiones, pero nuestra misión como museo no es buscar la cifra. Esto es muy frío», explica el director.

Primera visita al Chillida Leku, durante su inauguraciónLa mayoría de las personas que acudieron al recinto procedían del País Vasco, Navarra, La Rioja, Cantabria y Burgos. Otra buena parte llegaron de Madrid y Barcelona; paradójicamente, sólo un 15 % de los visitantes son guipuzcoanos. «Es normal, los de aquí lo tienen a mano y dejan la visita para más adelante», argumenta Chillida.

Actualmente, Chillida Leku acoge 42 esculturas grandes dispersas por el exterior y 120 obras entre figuras menores, gravitaciones y dibujos dentro del caserón. «Los visitantes sacan conclusiones muy válidas. Aparcan los prejuicios sobre el arte abstracto y entienden que detrás de las obras hay un pensamiento y una filosofía», explica.

En Zabalaga no hay dos días iguales. La naturaleza es uno de los aciertos de este museo, en el que las esculturas entran en permanente diálogo con el entorno. «Es una constante en la obra de mi padre, el enriquecimiento mutuo del arte y la naturaleza. Hay esculturas en Zabalaga que parecen que han brotado de forma espontánea».

Uno de los proyectos de Chillida Leku es albergar futuras actividades de diferentes artes. En agosto, las puertas de Zabalaga se abrieron para unos conciertos de la Quincena Musical de San Sebastián y la experiencia caló hondo. «Siempre nos ha ilusionado crear un espacio de interacción entre las artes y queremos dar continuidad a las actividades». Una de las opciones barajadas se centra en una exposición con obras de Eduardo Chillida y de artistas admirados por él como Alberto Giacometti, Antonio Miró o Wassily Kandinsky.

En cuanto a la futura gestión del museo de Hernani, Luis Chillida admite que «será muy difícil» mantener con exclusividad el actual carácter familiar del museo. «Tendremos que abrir la gestión a gente de fuera que pueda aportar ideas nuevas», dice el hijo del escultor. Pero esto será en el futuro. De momento, Zabalaga sigue siendo el centro de reunión de la familia Chillida Belzunce. Los 25 nietos del escultor son parte principal de este museo natural.

 
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