«Chillida nos ha descubierto la respiración del
caserío vasco
(sus grandes pulmones) y su luz, su dimensión vital.
Ha encontrado en el interior del caserío la esencia
de su escultura en busca de una arquitectura heterodoxa.»
Desde
septiembre de 2000 Chillida Leku exhibe 42 esculturas dispersas por la finca y 120 obras
entre figuras menores, gravitaciones y dibujos dentro del caserón del siglo XVI. Se
trata de un proyecto que Eduardo Chillida vino madurando durante 18 años y que por fin
materializó en Hernani.
«Ha sido como un bebé que hemos visto crecer a
nuestro lado», explica Luis Chillida, director del centro y uno de los ocho hijos del
artista.
Un año después de aquel estreno, el viejo
caserón de Zabalaga del siglo XVI y la finca de 12 hectáreas que lo rodea han recibido
80000 visitas. «Hemos superado las previsiones, pero nuestra misión como museo no es
buscar la cifra. Esto es muy frío», explica el director.
La mayoría de las personas que
acudieron al recinto procedían del País Vasco, Navarra, La Rioja, Cantabria y Burgos.
Otra buena parte llegaron de Madrid y Barcelona; paradójicamente, sólo un 15 % de los
visitantes son guipuzcoanos. «Es normal, los de aquí lo tienen a mano y dejan la visita
para más adelante», argumenta Chillida.
Actualmente, Chillida Leku acoge 42 esculturas
grandes dispersas por el exterior y 120 obras entre figuras menores, gravitaciones y
dibujos dentro del caserón. «Los visitantes sacan conclusiones muy válidas. Aparcan los
prejuicios sobre el arte abstracto y entienden que detrás de las obras hay un pensamiento
y una filosofía», explica.
En Zabalaga no hay dos días iguales. La
naturaleza es uno de los aciertos de este museo, en el que las esculturas entran en
permanente diálogo con el entorno. «Es una constante en la obra de mi padre, el
enriquecimiento mutuo del arte y la naturaleza. Hay esculturas en Zabalaga que parecen que
han brotado de forma espontánea».
Uno de los proyectos de Chillida Leku es albergar
futuras actividades de diferentes artes. En agosto, las puertas de Zabalaga se abrieron
para unos conciertos de la Quincena Musical de San Sebastián y la experiencia caló
hondo. «Siempre nos ha ilusionado crear un espacio de interacción entre las artes y
queremos dar continuidad a las actividades». Una de las opciones barajadas se centra en
una exposición con obras de Eduardo Chillida y de artistas admirados por él como Alberto
Giacometti, Antonio Miró o Wassily Kandinsky.
En cuanto a la futura gestión del museo de
Hernani, Luis Chillida admite que «será muy difícil» mantener con exclusividad el
actual carácter familiar del museo. «Tendremos que abrir la gestión a gente de fuera
que pueda aportar ideas nuevas», dice el hijo del escultor. Pero esto será en el futuro.
De momento, Zabalaga sigue siendo el centro de reunión de la familia Chillida Belzunce.
Los 25 nietos del escultor son parte principal de este museo natural. |