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El taller es oscuro y prometéico.
No fuegos fatuos. Fuegos combativos.
Fuegos vascos. Fuegos y juegos
que levantan lo sano por lo alto.
Las herramientas fieras,
los hornos de Galtzagorri que se divierte en la llama, Basojaun, el ferrón, que
[levanta una oreja, se ríe un rato,
luego trabaja. Luego golpea.
Luego...
Hay que domar el caos.
Hay que colonizar el vacío y poblarlo
de figuras dominantes y sagradas.
Chillida lo hace a su modo como antes
hicieron otros, golpeando y sudando,
sudando y pensando,
hace...
Se nota en su taller de ferrón, y en un olor, y en un calor...Es el desorden cordial de la vida material, el amor de los
metales destellantes,
y el golpe que lleva a más,
o ¿por qué no decirlo? la casualidad.
Pues, ¿no hay siempre un secreto germinal, matnzoriginal, temblor y soledad
en este prometéico ¡zas, sí, yo, más!?
En este taller
fuego, escorias, suciedad,
materiales arrumbados, fuegos gastados, iras, cansancios,
[artefactos que quizás para algo sirven su presencia erigida y
[un poder dominante crean un orden secreto.
Y así surgen del caos los dioses prometéicos. Encima del taller está el estudio,
la mesa del dibujante y el ingeniero de sueños, los cálculos razonados, los
[proyectos,
pero... |