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Querido Eduardo:A tus 78 podemos afirmar que tu persona y tu obra superan
el tiempo y el espacio. Durante los días navideños, hemos visto aquí, en nuestros
medios de comunicación, la presencia y juventud de tu persona y tu obra en Chillida-Leku.
Hemos visto niños y niñas jugando, cantando y
admirando tus mármoles, tus hierros, tus terracotas, aprendiendo de ti a adivinar el alma
de las cosas. Disfrutando de tus dibujos sobre San Juan de la Cruz y sus poesías, que tan
atinadamente anotas en tu felicitación navideña, transcribiendo el resumen de la mejor
biografía del Santo de Segovia: «Es el 14-XII-1591 y el cuerpo, lleno de llagas,
comienza a despedir olor de rosas».
Desde Alemania, diversas publicaciones, en
diciembre, recuerdan, comentan y elogian tu monumental escultura en la entrada de la
Cancillería de Berlín. El abrazo que une las dos Alemanias, los dos mundos, Norte y Sur,
los dos cosmos, tierra y cielo.
Nos llegan también los libros que publica tu
amigo el jesuita F. Mennekes con el mensaje de tus cruces, de tus dos líneas, horizontal
y vertical, que crean un punto dinámico frontal, donde se integran el Alfa y la Omega, el
vivir y el morir, misterio y milagro de la Resurrección. Eduardo, gracias a ti por todo
lo que nos has enseñado, y no menos por la paz impar que ahora, sufriente de tu
enfermedad, que a todos nos entristece, nos transmite tu persona silente y elocuente.
Gracias por tu mensaje de fraternidad universal que sigue proclamando tu árbol de acero
en Grenoble, tan necesario después del 11 de septiembre. Somos muchas las personas que te
deseamos nuestra más sincera felicitación y gratitud. |