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El hijo mayor de Eduardo Chillida, Pedro, sigue sus
propios pasos de exposición en exposición, aun así su referencia artística la tiene en
su padre. Cambió el Chillida familiar por la grafía euskérika para distinguirse como
individuo en el mismo ámbito en el que tanto peso tiene la obra de su padre. Influido de
todas formas por él, la obra de Pedro Txillida (San Sebastián, 1952) parece fuera del
tiempo, pero en ella no hay una huida de los dramas de su tiempo o el inevitable desgaste
que produce vivir. El hijo mayor de Eduardo Chillida es también como artista un
contemporáneo total, pese a la apariencia pseudoclásica de las esculturas que presentó,
junto con una selección de sus cuadros, en una muestra que se pudo ver hasta el 7 de
marzo de 2002 en la galería Colón XVI de Bilbao. Una de ellas es un díptico
tridimensional, un altorrelieve hecho en terracota oxidada con lo más entero que pueda
quedar de un cuerpo humano después de un choque de trenes. Recuerda a dos restos
decorativos que hubieran sido rescatados de las ruinas de alguna de las antiguas
civilizaciones mediterráneas. Pero el canon de la figura representada, de naturaleza
femenina, no es clásico, sino de ahora mismo. «Es que yo quiero que las obras parezcan
viejas desde el día en que nacen explica. A mí me gustan mucho más las
cosas que han sufrido la acción del tiempo. No obstante, trato también de que sean
absolutamente actuales, aunque los temas sean los de siempre: la vida, la muerte, la
soledad, el amor, el sexo... Yo tengo una deuda con el arte del pasado y en mis obras
subyace una cierta rebelión ante actitudes excesivamente irrespetuosas con él. Si no
sabes de dónde vienes no tienes ni idea de adónde vas. Y saberlo sólo se consigue con
el tiempo. Luego, conseguir un trabajo de calidad, conseguir la magia olímpica de los
verdaderamente buenos los que hacen un gesto y aciertan, eso es muy lento y
complicado».
¿Envidia algo de su padre?
Su rectitud. Aunque, cómo te diría,
cuando ves a una persona bloqueada en muchas cosas, que no ha tenido la flexibilidad de
moverse con comodidad, que sólo ha mirado a un objetivo... siempre hay cosas que no te
parecen tan envidiables. Estoy seguro de que mi tío Gonzalo ha sido más feliz que mi
padre. Es peor artista, vale, pero ha sido más feliz.
¿En la relación con su
padre ha sido todo luz o también ha habido sombras?
Al final, todo el mundo tiene que destruir
algo para construir otra cosa. Así como yo siempre tengo un ojo puesto en el pasado, el
otro lo tengo en romperlo también. El pasado no se puede incorporar sin el tamiz del
presente. Es más, el pasado justo anterior es el que probablemente queda más invalidado,
por el afán de ir hacia delante. No es que vaya en contra de mi padre, que no es así,
hablo en general. Pero yo quizá sí sea un tanto reticente a sus recetas, porque creo que
es lo que se debe hacer. |

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¿Y qué me dice de su tío
Gonzalo Chillida y su hermano pequeño, Eduardo Chillida Belzunce?Al tío lo quiero muchísimo. Es un hombre
excelente, finísimo pintor y una persona cordial, lo cual también es importante en la
vida. Creo que tiene una obra personal francamente buena, pero, si le hubiera dado la
gana, habría podido hacer cosas extraordinarias. Mi hermano es un pintor fuera de lo
común, lo que se podría llamar un genio, y esto puede tener muchas veces un lado
también negativo que hay que saber llevar.
¿Y qué me dice de Jorge
Oteiza?
Que si hubiera hecho esculturas del mismo
nivel de lo que ha hablado, sería extraordinario. Que conste que creo que es un hombre
grande, aunque su escultura no me interesa. No me gusta que la piel de lo que hace no
tenga sentido ni importancia, de forma que te encuentras con obras francamente malas. Pero
es verdad que es un gran dinamizador, un fustigador... Su discurso eso de que lo que
importa es el discurso es algo que se ha venteado mucho. Yo tengo un hijo que hace
Bellas Artes y le dicen que haga lo que sea, pero que lo explique muy bien. O sea, se
trata de vestirlo de teoría y no de que, de verdad, sea algo.
¿En su obra también se
cuela la realidad que vivimos?
La realidad te entra por todas partes. Yo
veo en la «tele» las mismas cosas que tú y me condicionan lo mismo que a ti. Y actúan
sobre mí y sobre ti estéticas y arquitecturas que vemos por la calle. Hoy es imposible
que un artista afronte una superficie lisa sin tener en cuenta todo lo que ha sido el
informalismo o el «action painting», que ya es también un clásico.
¿Usted, que se dice un
pintor «lento», admira a los más «rápidos» de la historia?
A esos les tengo un respeto enorme. Si tú
consigues hacer lo mismo que yo pero con mucho menos esfuerzo, me vas a parecer mucho
mejor que yo.
Por lo menos, más
productivo.
Y mejor. Yo tengo el aprendizaje de mi
padre muy presente. Porque yo he sido realmente su discípulo: al que de verdad ha
enseñado. Cuando le veías hacer un dibujito, parecía que el Universo entero se paraba
para que él hiciera una línea. Y yo me puedo pasar un mes entero para vivir algo así. |