Con la instalación de una de
sus obras (Peine del viento XVII, de
1990), en la terraza con vistas a la muestra de las Torsiones elípticas de Richard
Serra, ¿pretende quizá demostrar que usted ya ha trabajado en formas parecidas
anteriormente?Quedan muy lejos ya,
aunque son formas que usé bastante. Así que para mí están muy pasadas, aunque esto no
quiere decir que no tengan sentido, como lo tuvieron cuando las hice. Pero yo no quiero
demostrar nada. Mi obra habla a todos los hombres a la vez. Nunca trabajo pensando en un
único receptor. En ese sentido, es muy amplia.
¿Cómo está su proyecto
de crear una fundación-museo en su finca de Zabalaga,
donde guarda mucha de su obra?
De momento, no es una fundación. Aquello
es una finca estupenda y ya veremos cuándo se hace lo de la fundación; vamos a verlo. Yo
sigo con la idea. Será una fundación, una colección... Lo que sea. Pero, vamos, se va a
emplear ese lugar, que es maravilloso, que tiene una extensión de 13,5 hectáreas, con un
caserío impresionante.
¿Habrá lugar en ella para
presentaciones temporales de la obra de otros artistas?
De momento, no. Aunque podría tomarse una
decisión en el sentido de abrir la fundación a otras cosas. Ahora, yo igual me tendría
que buscar otro sitio para mí.
¿Le gusta cómo queda el
palacio del Kursaal?
No me gusta demasiado, quizá porque los
«cubos» todavía no están acabados del todo, no sé. Paso todos los días por delante y
tampoco es que estén mal.
Moneo, cuando los proyectó explica
su esposa, Pilar ideó dos rocas contra el mar. Pero, desde entonces, al hacer el
espigón tan grande que se ha hecho, con ese medio kilómetro o más de arena, lo que ha
pasado es que las «rocas» se han quedado en la ciudad.
Sí sentencia el escultor, han
quedado disminuidas, aunque sé que Moneo sigue luchando para ver si se puede arreglar.
Dice que el arte nos
conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer. ¿Usted qué ha tratado de hacer y no
ha sabido?
Y creo en ello absolutamente. Casi todo lo
que he hecho, cuando lo hice, no sabía hacerlo. Esto es fundamental en toda mi vida. Si
ahora sé cómo puede salir una cosa, entonces no la hago, porque sé que no conduce a
ninguna parte. Alguna vez he caído en eso de hacer una cosa que ya sabía de otra manera.
La experiencia es un freno para muchas cosas: lo quiere asegurar todo. En cambio, todos
los interrogantes que te puede plantear una obra son algo positivo, porque te hacen mirar
de otra manera. Esto vale mucho más que todo lo demás. |