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En 2001, Eduardo Chillida y su hijo menor, el pintor
Eduardo Chillida Belzunce, expusieron juntos por primera vez en el mismo espacio. La
muestra se desarrolló en las salas que Caja Madrid posee en las Torres Kío de la capital
de España, y constó de catorce esculturas del maestro consagrado y siete obras (óleos,
en su mayoría) del emergente pintor. «He podido comprobar que sus trabajos
se compenetran con la misma armonía que ellos lo hacen en su convivencia diaria»,
expresó emocionada la esposa del veterano escultor, Pilar Belzunce. Eduardo Chillida no
pudo asistir a la inauguración de la muestra por motivos de salud. Sí lo hizo su hijo
menor, de 37 años, al que un accidente de motocicleta apartó de la escultura. Tuvo que
aprender a pintar con la mano izquierda y sus cuadros, actualmente, se llegan a cotizar en
millones de pesetas: cuadros de una extraña densidad donde el mar Cantábrico, las casas
de San Sebastián y las ventanas de su vivienda están siempre presentes. El joven
Chillida reconoció una poderosa influencia de su padre, influencia que «transpira por
todos mis poros, tanto desde el punto de vista artístico como humano».
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