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¿Cómo se forja y surge el genio?
Sin duda tienen que darse una serie de circunstancias. Analizarlas no permite establecer
conclusiones universales como si de leyes científicas se tratara. Pero pueden ayudar a
comprender. Haber nacido en Sevilla, haberse movido por la magia de sus jardines, de sus
patios y de sus calles estrechas, y haber recorrido sus alrededores, donde un día, de
repente, es atravesado por la flecha de su destino como poeta. Pertenecer a una familia
pequeñoburguesa donde se respira un ambiente de seriedad y rigidez afectiva, ser
retraído y tímido, tener pocos amigos en la infancia, descubrir la poesía leyendo a
Bécquer. Observar que, en el despertar sexual de la adolescencia, la atracción es hacia
el propio sexo, sentirse distinto, sentirse señalado por los compañeros del instituto
porque escribe versos. Cursar con desgana una carrera universitaria, empezar a conocer a
grandes figuras de la literatura del momento, querer ser como ellos, leer a clásicos y
modernos, publicar su primer libro de versos y encajar críticas negativas, huir de
Sevilla... Todo ello sin duda crea un carácter hipersensible, especialmente receptivo con
la belleza del mundo, sufriendo, pero también gozando con más intensidad que otros. Un
carácter que busca más un aislamiento que le permita concentrarse en las pequeñas y
grandes cosas que para otros pasan desapercibidas, pero no para los ojos del poeta,
verdadero intérprete de las esencias del mundo.En Cernuda hay dos exilios: el suyo propio con respecto a todo lo que lo rodea y
el provocado por la guerra civil, que se superpondrá al primero. Su existencia es la de
un conflicto permanente entre sus deseos y la realidad, entre el placer y el dolor, entre
el amor historias no duraderas, y que terminan mal y el deseo de amar. Entre
la amistad y el afecto y la decepción, el recelo y la susceptibilidad. Entre las ideas de
justicia social y el desencanto de la política. Entre su elitismo y un mundo de
vulgaridad que nace de la ignorancia, de la necesidad y de la miseria. Entre el recuerdo,
la nostalgia y el amor a España y el rencor hacia sus paisanos. Y, sobre todo, una gran
soledad. De todo ello fluye su creación, para suerte nuestra.
Su imagen, la que de él nos ha quedado en los
testimonios de sus contemporáneos y en las fotografías, acusa esa expresión de
seriedad, de ensimismamiento, a veces con una sonrisa melancólica, o con una sonrisa
forzada, como quien se resigna a asumir las mezquindades y ofensas de la vida. En su
rostro destacan unos rasgos andaluces inconfundibles, piel oscura, ojos oscuros, pómulos
un tanto salientes, bigote recortado, todo ello bajo el negro pelo atezado y ceñido. Su
atuendo habitual es el de un dandi, con el traje y la camisa bien planchados, buenas
corbatas, botines, sombrero y guantes. Incluso alguien dijo de él que lo vio usar
monóculo. Su atildamiento y elegancia se suelen interpretar como una forma de protegerse,
de distanciarse. Como un escudo. Nos lo imaginamos caminando por aquella España llena de
aristas, observando con estupor el desarrollo de los acontecimientos. |