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Alonso Cano es sin duda el
artista más completo del Siglo de Oro, no sólo es conocido por ser un magnífico pintor,
sino que su fama también es debida a sus excelentes dotes en la escultura y en la
arquitectura, asimismo fue diseñador de muebles litúrgicos y un gran maestro en el
dibujo. Posiblemente la gran cantidad de buenos artistas que se dieron cita en la España
del siglo XVII sea la causa de que la obra y la vida de Alonso Cano, no
hayan despertado el interés que sin duda merecen.
Alonso nació en Granada el 19 de marzo de 1601.
Su padre, de nombre Miguel, era constructor de retablos, daba trazas a otros artistas para
su ejecución, y también elaboraba muebles y objetos de culto. No cabe duda que la
actividad del padre marcó el devenir artístico de Alonso.
En 1614 se trasladó toda la familia al centro
económico más importante de Andalucía, es decir, Sevilla. Allí, Alonso completaría su
formación y sin duda pudo desarrollar con más facilidad sus dotes artísticas. En agosto
de 1616, entró como aprendiz en el importante taller de pintura de Francisco Pacheco,
donde coincide con el joven Diego Velázquez durante unos meses. Posteriormente pudo
completar su formación como escultor junto al gran maestro Juan Martínez Montañés, con
quien parece que estuvo trabajando durante varios años (1626-1629). |
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En su etapa sevillana lógicamente colabora en numerosos proyectos junto a su padre, y
durante todo este período su fama como artista fue creciendo. Especialmente importante
fue su intervención en el retablo mayor de la iglesia de Santa María de la Oliva en
Lebrija, empresa que le fue traspasada por su padre. Trazó el retablo y ejecutó sus
esculturas, sobresaliendo por su belleza y maestría la imagen de la Virgen de la Oliva.
Tras una azarosa vida que le llevó incluso a prisión por
deudas, en 1637 decide marcharse junto a su segunda mujer M.ª Magdalena de Uceda a
Madrid. Recibió el apoyo del valido de Felipe IV, el conde-duque de Olivares, lo que le
abrió la puertas de la Corte como ayudante y pintor de cámara. Pudo participar en las
grandes empresas artísticas de la monarquía y así culminar su formación. El incendio
del palacio del Buen Retiro en 1640, provocó que por una parte participase en la
restauración de obras de grandes maestros, y por otra fuese comisionado junto a Diego
Velázquez a viajar por las diferentes casas reales para seleccionar obras de arte que
decorarían el palacio del Buen Retiro. De nuevo en Madrid se vio envuelto en historias
turbulentas que le relacionan con un supuesto duelo con el pintor Sebastián de Llanos, e
incluso sufrió un proceso judicial en el que no faltó la tortura, al ser acusado
instigador del apuñalamiento de su mujer en junio de 1644.
Tras una breve estancia en Valencia (1644-1645)
vuelve a Madrid donde realizaría multitud de trabajos de pintura, escultura y
arquitectura efímera de gran calidad, entre los que destacaríamos sus pinturas de los
dos retablos, aún conservados in situ, que le son encargados para la iglesia
parroquial de la Magdalena de Getafe, u otras importantes obras como el cuadro de El
milagro en el pozo del Museo del Prado, o el Descenso al Limbo perteneciente a
Los Angeles County Museum of Art.
Posiblemente debido a problemas de salud,
decidió volver en 1652 a su ciudad natal de Granada, donde consiguió el cargo de
racionero de la catedral tras multitud de problemas con el cabildo, y gracias a la
intercesión del propio rey Felipe IV. Su labor en la catedral, que aún estaba sin
terminar, fue muy importante, y en ella hallamos algunas de sus obras emblemáticas, desde
el conjunto de cuadros de la serie de la vida de la Virgen que se disponen en el
presbiterio, a la celebérrima escultura de la Inmaculada, y sin olvidarnos de los objetos
litúrgicos diseñados por él, o de sus trazas para la fachada principal del edificio,
obra póstuma de Alonso Cano que supone su culminación como arquitecto.
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