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En el ámbito de la arquitectura, especialmente en la aplicada a la construcción de
retablos, Cano es considerado un revolucionario por su uso del ornamento y de los órdenes
clásicos (dórico, jónico, corintio y compuesto), así como por su aplicación de las
proporciones. Alonso Cano impresionó y asombró a sus contemporáneos gracias a su
extraordinaria capacidad creativa (se repetía escasamente) y la riqueza decorativa de su
obras. Algunos motivos ornamentales de sus retablos, como los rollizos querubines y unos
grandes cogollos de hojas carnosas, sacados probablemente del manierismo italiano y
enriquecidos por la inventiva de Cano, tuvieron un gran éxito entre los artistas
madrileños posteriores. Sin embargo, Cano era considerado más un «arquitecto-artista»
que un «arquitecto-constructor». Algunos arquitectos del momento, como Juan Gómez de
Mora, alababan sus trazas para retablos («obras de ensamblaje y adornos con gran
primor») pero dudaban de sus capacidades en el campo de la técnica (cantería,
albañilería, cálculo de estructuras).
En
todo caso, a su llegada a Madrid en 1638 Cano iba precedido de cierto renombre en la
construcción de retablos (no olvidemos que su padre fue un reconocido retablista en
Granada y Sevilla) y parece que sus innovaciones impactaron y tuvieron gran éxito en la
arquitectura madrileña de mediados del siglo XVII. Hemos conservado dos espléndidos retablos que Cano
trazó antes de salir de Sevilla: el de Nuestra Señora de la Oliva en Lebrija (entre 1629
y 1631) y el de San Juan Evangelista para la iglesia del convento de Santa Paula, en la
propia Sevilla (de 1635-1638).
En ellos Alonso Cano también intervino con
esculturas y cuadros respectivamente, obras citadas en otros capítulos.
De las obras realizadas en Madrid sólo conocemos
por ahora algunos dibujos preparatorios y estudios de detalles arquitectónicos. Entre los
primeros hallamos el del retablo de la iglesia de San Andrés de Madrid, realizado hacia
1643, y el de la iglesia de San Juan de Dios, de 1653-1657. Aunque también participó en
la decoración de los nichos de dos retablos para la iglesia de Santa María Magdalena de
Getafe (1644-1646), no fue Cano quien trazó su estructura sino Salvador Muñoz. Otros
dibujos muestran columnas, hornacinas, tabernáculos o remates de los mismos, donde Cano
siempre aporta nuevas y deslumbrantes soluciones decorativas.
Para comprender el alcance de las aportaciones
arquitectónicas de Alonso Cano hay, por tanto, que acudir a los retablos sevillanos. |