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Alonso Cano

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Aunque Alonso Cano recibió la primera formación artística junto a su padre, un retablista de cierto prestigio en Granada y después en Sevilla, pronto inició sus pasos como pintor en esa última ciudad, el centro artístico más importante de la época.

San Benito en la visión del globo y los tres ángeles. Lienzo. 166 x 123 cm. Madrid, Museo del Prado (núm. de inventario: 625).En 1616, con 15 años, Alonso entró en el taller de Francisco Pacheco, donde hacía ya dos años que estudiaba Diego Velázquez, dos años mayor que él. Aunque Velázquez terminó su aprendizaje poco después (en 1617 pasó su examen como maestro pintor), durante unos meses ambos artistas coincidieron en el taller de Pacheco. Su aprendizaje con el maestro Pacheco dejó algunas huellas en el estilo de ambos pintores, por ejemplo algunos rasgos iconográficos como en la Inmaculada Concepción.

Algo más tarde, cuando se instala en Madrid, la pintura de Alonso Cano también se verá influenciada por Velázquez. En la década siguiente, Alonso también se formó como escultor, seguramente con Martínez Montañés, pero ya entonces empezaba a hacer sus pinitos como pintor y como retablista en el taller de su padre. En 1624 suele fecharse su primer cuadro, San Francisco de Borja (en el Museo de Bellas Artes de Sevilla). En 1626, a los 25 años, obtuvo la licencia de maestro pintor para ejercer la profesión de manera autónoma. Y lo hizo con gran éxito si nos atenemos a la cantidad de encargos que recibió hasta el momento de su traslado a Madrid.

Es probable que la opinión de Velázquez, primer pintor de cámara, contara en la decisión del conde-duque de Olivares de llamar a la corte a Alonso Cano en 1638. Éste trabajó a su servicio hasta la caída en desgracia del valido en 1643. Sin embargo, poco se sabe de esos primeros años de Alonso en la corte de
Felipe IV.

San Jerónimo penitente. Lienzo. 177 x 209 cm. Madrid, Museo del Prado (núm. de inventario: 626).En 1640 se produjo un devastador incendio en el palacio del Buen Retiro de Madrid que dañó severamente la colección de pinturas que lo adornaban. Alonso Cano se encargó de la restauración de muchos de ellos en los años siguientes e incluso acompañó a Velázquez en un viaje por Castilla para buscar, por encargo del rey, cuadros que sustituyesen a los perdidos.

Entre las escasas obras realizadas para su protector, el conde-duque, se conserva el Cristo crucificado, de 1643, que hoy pertenece a una colección privada de Madrid.

Su paso por la capital y el contacto directo con la pinacoteca real y con la obra de Velázquez, con quien mantuvo una estrecha amistad, fueron de vital importancia en la evolución de su pintura. La técnica de los venecianos, su color y su luz, influyeron mucho en su estilo aún algo severo y tenebrista propio de la escuela sevillana. Su paleta se vio enriquecida, alcanzó un gran dominio de las veladuras y de los efectos lumínicos, el dibujo y modelado de los volúmenes también avanzaron tras el conocimiento de los pintores renacentistas italianos.

Dos reyes de España. Lienzo. 165 x 227 cm. Madrid, Museo del Prado (núm. de inventario: 633).Tras un breve período en Valencia (1644-1645), y hasta su partida para Granada en 1652, Cano realiza una gran cantidad de obras en la capital del reino. Entre las de mayor fama en la época se contaba el Milagro del pozo, pintado para la iglesia de Santa María y hoy conservado en el Museo del Prado. En él manifiesta Cano la influencia de Velázquez, aunque hoy aparezca bastante deteriorado y retocado. En 1651, Cano ingresa en una orden religiosa y al año siguiente se marcha a trabajar a la Catedral de Granada, donde se le encarga una serie de cuadros sobre la vida de la Virgen para decorar la capilla mayor. El trabajo sufrió una breve interrupción entre 1657 y 1660 por disputas con los canónigos de la catedral, motivo por el que se trasladó de nuevo a Madrid con la intención de defender sus intereses.

Desde su regreso a Granada, hasta su muerte en 1667, Cano no redujo su actividad creadora, desde la pintura a la arquitectura, pasando por la escultura. Si bien es cierto que en algunas de sus obras pictóricas intervino en demasía su taller, también fueron los años de mayor brillantez de su técnica, de mayores recursos estilísticos y de mayor fama de algunas de sus obras, como las Inmaculadas, copiadas por otros muchos artistas. La temática, sin embargo, queda reducida prácticamente a lo religioso.

 
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