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Con
apenas 80 cm de altura en esta obra atribuida a Alonso Cano, vemos una de las constantes
del arte barroco surgido tras la Contrarreforma y el Concilio de Trento que intenta
conmover la devoción del espectador mediante los sentimientos, en este caso mediante el
artificio dramático que fusiona la infancia y la pasión de Cristo. Desgracia- damente no
termina de ser clara su autoría, aunque su atribución a Cano se avala por la
extraordinaria calidad de la pieza, por su serena y contenida belleza, por el minucioso
tratamiento del ropaje, por su carga emocional
que evita la exageración de los gestos, etc.Parece que pudo ser realizada hacia 1657 cuando Cano se traslada por unos meses
desde Granada a Madrid. |