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En su completa labor como
artista no faltó su preocupación por el diseño de mobiliario religioso. Conocemos tal
preocupación por sus dibujos y por su intervención desde fechas muy tempranas en
retablos y sagrarios, y sobre todo en su etapa final granadina cuando su intervención en
la Catedral fue tan importante. Para el principal templo de Granada entre 1652 y 1656
diseño el gran facistol del coro, realizado por los carpinteros Blas Rodríguez y Juan
Marín, en el que introdujo la curiosa combinación de caoba, jaspe y bronce. En las mismas fechas diseñó igualmente las lámparas de
plata para la capilla mayor, ejecutadas por el orfebre Diego Cervantes Pacheco.
Es una incógnita saber si intervino en su etapa
madrileña (1638-1652) en la realización de diseños para el mobiliario de los palacios
reales y muy especialmente para la gran empresa del palacio del Buen Retiro que por
aquellos años se estaba decorando.
Llegados
a este punto es necesario llamar la atención sobre la concepción que en la España del
siglo XVII había respecto a la figura del artista y su labor creadora. Hubo figuras muy
importantes entre las que se hallaban Diego Velázquez, Alonso Cano, o el maestro de ambos
Francisco Pacheco, que reivindicaron el papel del artista como creador del diseño, como
responsable de la dimensión intelectual existente detrás de toda obra de arte frente a
su realización manual y mecánica. Un buen reflejo de ello lo constituye la espléndida
colección de dibujos que hoy conservamos de Alonso Cano, en los que observamos su
preocupación por elementos arquitectónicos, o por composiciones pictóricas y
escultóricas, entre otros muchos detalles.
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