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Alonso Cano

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Proyecto de retablo de San Andrés en Madrid, ca. 1652. Preparado a grafito. Pluma y aguada de tinta parda sobre papel verjurado. 286 x 124 mm. Museo Nacional del Prado, Madrid. D.3807.El dibujo era un capítulo fundamental en la vida artística de Alonso Cano. Todos los contemporáneos resaltan la habilidad de este artista para el dibujo, su extraordinaria inventiva y su refinada técnica. Los dibujos formaban parte del proceso creativo tanto del pintor como del arquitecto o del escultor. La factura de la mayor parte de los dibujos de Cano es sofisticada, lejos de la inmediatez de los esbozos o apuntes. Cano empleó varias técnicas, aunque prefería la expresividad de la pluma y la aguada a tinta. Con la pluma imprimía precisión a las líneas y con la aguada (tinta diluida en agua) conseguía dar al dibujo bellos efectos cromáticos y lumínicos. En muchos de los ejemplos conservados se trata de obras perfectamente acabadas. Éstas servían al artista no sólo de bocetos preparatorios o estudios para sus composiciones, sino que también le permitían avanzar al cliente el resultado final de su trabajo y someterlo a su juicio. Aunque escasos, también se conservan bosquejos de sus primeros pensamientos e ideas, trazados a lápiz o a pluma de manera mucho más espontánea.

En España, en el siglo XVI y XVII, no había grandes coleccionistas de dibujos, como en Italia o el resto de Europa. Los dibujos se veían más como útiles de trabajo que como obras con un valor específico. Quizá por ello, la mayor parte de los dibujos de artistas españoles no están firmados por su mano ejecutora. Sólo cuando éstos pasaban a una colección su propietario les añadía el nombre. Esta es la causa de que en la actualidad únicamente puedan hacerse «atribuciones» basándose en las características técnicas y estilísticas de los dibujos.

Comparativamente con otros artistas del Siglo de Oro español, Cano es uno de los que mayor número de dibujos nos ha legado. Según una anécdota que cuentan sus biógrafos, cuando Alonso Cano estaba en Granada tenía la costumbre de dar a los mendigos, en forma de limosna, un dibujo que trazaba rápidamente y en ese mismo instante sobre un papelillo. Después se lo entregaba al pobre y le decía a qué casa tenía que acudir para venderlo y cuántas monedas debía pedirles.

Como el resto de sus contemporáneos, Alonso Cano utilizaba las estampas y los grabados de otros artistas para hacer prácticas de taller, para copiarlas y transformarlas, en definitiva, para usarlas en sus propias composiciones. Entre los bienes recogidos en su testamento figuran una buena biblioteca y una gran colección de estampas y grabados «usados».

 
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