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1.300 metros de altura sobre el nivel del mar, con un terrible clima invernal,
se estableció en fechas aún dudosas un hospital-albergue de peregrinos.
Aunque se quiere remontar su origen a la tercera década del siglo IX, las
primeras noticias que certifican su existencia datan de 1072. Al menos,
se sabe que desde 1166 dependía de la abadía francesa de Saint-Gérauld dAurillac.
El
hospital recibió importantes donaciones de reyes y nobles: Alfonso VI, doña Urraca,
Fernando II, Alfonso VII, el conde de Trastámara... En 1487, los Reyes Católicos lo
entregaron a los religiosos de San Benito de Valladolid, de quienes dependió hasta 1854;
pero esta etapa de su historia es bastante pobre: en el siglo XVI estaba regido por tres o
cuatro monjes y dos siglos más tarde estaba al borde de la ruina y albergaba únicamente
a cuatro monjes.
Del conjunto monástico se conserva la iglesia
y, a su lado, el mesón-hospedería, obra ya del siglo XVIII. Destaca también
el conjunto de pallozas que forman el poblado, convertidas hoy en museo
etnológico.
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