Hermosísima talla de la primera mitad del siglo XIV
procedente de talleres centroeuropeos. Se desconoce cómo pudo llegar a la iglesia: tal
vez fue una donación de algún peregrino. Destaca por su dolor (acentuado por la
exagerada disposición del Cristo, con los brazos colocados en una «V» muy pronunciada)
y por el fuerte y realista dinamismo de su torso y piernas.

La singularidad, patetismo y devoción que suscita la talla explican el nombre de la
cofradía del Crucifijo, y el de la propia iglesia donde se encuentra. Sin duda se trata
de una de las mejores obras de imaginería gótica que se conservan en España, ya que en
esta talla confluyen características de la zona renana y otras de carácter italiano,
como han señalado los especialistas que han estudiado la obra.
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