Hospital de San Antón |
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Antes de entrar en Castrojeriz, los peregrinos que seguían el camino francés se
encontraban con el Hospital general de San Antón, de la orden de los antonianos, cuya
misión era precisamente el auxilio de aquéllos. La disolución de la orden a fines del
siglo XVIII y los efectos de la Desamortización de Mendizábal en 1835, consagraron su
ruina definitiva. No obstante, aún asombran los restos de aquella impresionante
construcción del siglo XIV, los conservados son de esta fecha, a pesar de que la
fundación se remonta al año 1146, bajo el patrocinio del rey Alfonso VII.
La entrada a la iglesia, que era de tres naves,
se hacía a través de una portada con arquivoltas, totalmente decoradas con esculturas en
cada una de sus dovelas; esta entrada se protegió a principios del siglo XVI con un
pórtico elevado, cuyo fin era contrarrestar el desplome de la fachada. Desde entonces, el
camino pasa por debajo de los dos arcos de este pórtico, en el que se practicaron dos
alacenas para que los peregrinos que llegaban a horas intempestivas encontrasen alimento.
Aquí se realizaba la cura del llamado mal de fuego o fuego de San Antón, enfermedad muy extendida en la Edad Media, que devoraba las entrañas o producía gangrena en las extremidades; se originaba por comer cereales afectados por el cornezuelo, un hongo que se desarrollaba sobre todo en el centeno. Los frailes atendían a los afectados por este mal e imponían a los peregrinos la Tau (especie de escapulario con la forma de esta letra), como signo de protección contra los peligros del camino. |
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