Leyre |
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Monasterio deSan Salvador El Monasterio de San Salvador
de Leyre, cuya existencia se encuentra documentada desde mediados del siglo IX, se
encuentra situado en la fortaleza natural que suponen las laderas de la Sierra de Errando
y domina el valle que se abre al embalse de Yesa. Aunque se carece de las fuentes precisas
que puedan atestiguar su relación con el Camino de Santiago, su cercanía a la ruta
jacobea hace impensable que los peregrinos no tuviesen en él la buscada hospitalidad.
Destruido por Almanzor, se inicia su
reconstrucción el año 1022, y se tiene noticia de una primera consagración ya en 1057.
Durante el siglo XI su importancia irá en aumento coincidiendo con un periodo en el cual
sus abades ostentarán, a la par, el cargo de obispos de Pamplona. Elegido como panteón
real de los reyes navarros, es también el momento en el cual los antiguos usos
monásticos hispanos son sustituidos por la regla de San Benito, viviendo su máximo
esplendor con el gobierno del abad Raimundo (1083-1121). A lo largo del siglo XIII se
inicia una prolongada etapa de crisis centrada en los enfrentamientos entre los monjes
partidarios de asumir la reforma cisterciense y los que preferían continuar con la norma
benedictina, y que se saldó con la victoria de los primeros en el año 1307.
De todas las construcciones que conforman el conjunto monasterial, destaca la iglesia. Edificada durante el románico pleno, su parte más antigua se corresponde con la zona de la cabecera, dividida en dos pisos: uno inferior, la cripta, y el superior, destinado a los tres ábsides semicirculares precedidos de tres estrechas naves de dos tramos cada una, cubiertos por bóvedas de cañón que apean en pilares cruciformes. Durante la segunda mitad del siglo XI y los primeros años del siguiente, se continúan las obras con la construcción de los muros perimetrales y con la talla de la labor escultórica que decorará la portada occidental; pero quedarán inconclusas, y no se reanudarán hasta tiempo después como demuestran las bóvedas góticas que cubren la gran nave occidental del templo. En su interior, los peregrinos podían venerar las reliquias de las mártires cordobesas Nunilón y Alodia, copatronas del monasterio, custodiadas en una hermosa arqueta de marfil de filiación islámica, hoy en el Museo de Navarra.
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